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No mentirás, arzobispo

La Iglesia católica ha adoptado como propio el mandamiento del Éxodo: “No darás falso testimonio contra tu prójimo” (Ex 20, 16). La fórmula catequética, tanto más general, exhorta: “No dirás falso testimonio ni mentirás” (Catecismo de la Iglesia católica, 2051). Sobre esta base, el mismo Catecismo precisa la gravedad de la mentira para un miembro de la Iglesia: “Las ofensas a la verdad (…) son infidelidades básicas frente a Dios y, en este sentido, socavan las bases de la Alianza” (2464). En consecuencia, un discípulo de Cristo debe “rechazar toda malicia y todo engaño, hipocresías, envidias y toda clase de maledicencias” (1 Pe 2, 1). E incluso puede inferirse que es un falso discípulo el que miente contra su prójimo, pues “El discípulo de Cristo acepta ‘vivir en la verdad'” (2470).

La verdad cristiana está vinculada a la justicia y la caridad hacia el prójimo. Partiendo de Aristóteles, Tomás de Aquino señalaba que la virtud de la veracidad implica observar un justo medio según el cual se da al prójimo lo que le corresponde; es un acto de justicia (cf. Summa theologiae, 2-2, q. 109, a. 3). Por su parte, Ignacio de Loyola enfatizaba a la caridad como principio de la verdad: “Todo buen cristiano ha de ser más pronto a salvar la proposición del prójimo, que a condenarla” (Exercitia spiritualia, 22). Esto significa que la manifestación y el testimonio de la verdad —que es Jesús mismo— está íntimamente relacionada con la distribución justa y con la apertura hacia el otro. Por ello mismo, como dice Juan, si se afirma estar en comunión con Cristo pero las acciones van en línea contraria, también se miente (cf. 1 Jn 1, 6). Es decir que la práctica en contra de la justicia y la caridad por parte de alguien que se dice cristiano es un testimonio en contra de la verdad, una mentira. Filosóficamente, se diría que se trata de una contradicción performativa.

Ahora bien, ¿qué sucede si el que miente contra su prójimo no sólo es discípulo de Cristo, sino, además, pastor de su Iglesia? Evidentemente el carácter de su mentira se agrava, al menos en términos morales, pues políticamente es más probable que por manejos de poder no reciba corrección o reprimenda alguna y, en consecuencia, la institución eclesiástica misma se vaya desprestigiando. Esto es lo que viene ocurriendo desde hace años con el actual arzobispo de Lima, Juan Luis cardenal Cipriani. Y en particular es el caso de su enfrentamiento contra la Pontificia Universidad Católica del Perú, que lo lleva a mentir reiteradamente. Por ejemplo, en un boletín oficial del Arzobispado se afirma lo siguiente:

1960
08/04/1960: Ley Universitaria reconoce pertenencia de la PUCP a la Iglesia Católica
La Ley Universitaria Nº 13417 reconoce la pertenencia de la PUCP a la Iglesia Católica. (Cfr. Ley Nº 13417. Art. 80º)

Curiosamente, para consumar el engaño, se ofrece la fuente de confrontación, como para que no se dude de su “veracidad”. Dentro de toda la información ofrecida por el Arzobispado en ese boletín, plagado de falsedades, esa es la más importante, toda vez que la única ley que manda para todas las universidades peruanas es la ley nacional universitaria. Sin embargo, si vamos al texto de la citada Ley Nº 13417, leemos lo siguiente sobre la PUCP:

Artículo 80º.- La Pontificia Universidad Católica del Perú quedará sujeta a las disposiciones del presente ordenamiento con las excepciones siguientes:

1.- Se gobernará por las autoridades que fije su Reglamento.

2.- Su personal directivo, docente y administrativo será designado en la forma que determina su régimen normativo interno, debiendo las personas designadas llenar los mismos requisitos que los fijados para las Universidades creadas por el Estado; y

3.- Los miembros de su personal no tienen carácter de empleados públicos.

La entidad a que se refiere el presente artículo, fijará las condiciones del ingreso de los estudiantes y del régimen de estudios y de exámenes, que no podrán ser menos exigentes que el de las Universidades del Estado.

Si bien había un régimen especial para la PUCP, este artículo no dice nada ni da a entender siquiera una supuesta “pertenencia a la Iglesia”. Al contrario, ese artículo se dirige a aclarar el carácter privado de la PUCP, por lo que en la Ley Nº 23733, que derogó a ésta, se suprime ese artículo y se incorpora (en el art. 6), como diferencia general para todas las universidades, la única diferencia entre régimen público, por un lado, y régimen privado por el otro. Y es tanto así, que el Arzobispado, que deliberadamente deja de lado la Ley vigente, no sólo miente respecto al contenido del artículo 80 de la antigua Ley, sino que, además, oculta el artículo 79 de la misma, en el que se afirmaba:

Artículo 79º.- La Pontificia Universidad Católica del Perú tiene carácter nacional.

La Ley es bastante clara. La interpretación del Arzobispado no se sigue del citado artículo y se contrapone más bien al artículo precedente, que es en realidad en el que se determina la “pertenencia” de la PUCP a la legislación nacional. Un buen hermeneuta del derecho no puede interpretar tan libremente el artículo de una ley, de modo tal que su interpretación contradiga explícitamente a otro artículo que arbitrariamente deja de lado. Y un buen hermeneuta del derecho sabe que resulta jurídicamente irrelevante lo que haya dicho una ley derogada, puesto que sólo mandan las leyes vigentes. Por si fuera poco, el Arzobispado, buscando un efecto meramente sofístico y con un cinismo desvergonzado, titula a su boletín: “En defensa de la verdad”. ¿Puede quejarse la Iglesia católica de las relativizaciones de la verdad cuando uno de sus pastores, al mentir reiteradamente, provoca ese efecto en su propia feligresía? No sorprende en esa línea tampoco que los conservadores, amparados bajo la sombra de la autoridad, cuando son arrinconados por los argumentos, terminen relativizando todo con la excusa de “cada quién tiene su opinión”. Lo cual, para ser honestos, debiera traducirse por: “ahora que no tengo a la Inquisición, cada quién tiene su opinión, así que no cambio la mía”. La metánoia que anunciaba Juan Bautista y que está a la base de la vida cristiana, que se vaya al diablo.

El propio Catecismo especifica el tipo de mentira del arzobispo Cipriani: la calumnia, que “mediante palabras contrarias a la verdad, daña la reputación de otros y da ocasión a juicios falsos respecto a ellos” (2477), como es evidente que hace el arzobispo para dañar la reputación de las autoridades de la PUCP, elegidas por Asamblea como manda la ley nacional. Y siendo que la calumnia lesiona “las virtudes de la justicia y de la caridad” (2479), se trata de una mentira grave, pues “llega a ser [pecado] mortal cuando lesiona gravemente las virtudes de la justicia y la caridad” (2484). Por su parte, no le vendría mal a Rafael Rey, escudero y adulón del arzobispo con la excusa de que la Iglesia manda ser “dócil” con la autoridad, recordar que el Catecismo exige proscribir “toda palabra o actitud que, por halago, adulación o complacencia, alienta y confirma a otro en la malicia de sus actos y en la perversidad de su conducta. La adulación es una falta grave si se hace cómplice de vicios o pecados graves [como es el caso]” (2480).

Jesús observaba que sus discípulos debían ser reconocidos por sus actos, no por la autoridad que alguien le hubiese conferido. Tanto es así, que aplicaba esto para sí mismo. Es por lo tanto legítimo cuestionar que alguien nombrado como pastor de la Iglesia lo sea realmente si vive en la mentira y la vanagloria. En ese caso, se le aplican las propias palabras de Jesús: “Vuestro padre es el diablo […] porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira” (Jn 8, 44).

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¿Cómo debería ser el futuro de la PUCP? por Marcial Blondet

El profesor Mario Castillo Freire, en un artículo publicado en El Comercio el 3 de octubre, sugiere que para que la PUCP siga siendo católica, ella debe adecuar su estatuto a la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae (ECE). Me sorprende que el doctor Castillo, siendo abogado y profesor principal de la Facultad de Derecho, no se haya tomado la molestia de leer cuidadosamente ambos documentos para comprobar si el estatuto concuerda (o no) con ECE. El estatuto de la PUCP es, en su esencia, acorde con ECE. Solo faltaría realizar algunos ajustes mínimos al texto sobre asuntos cotidianos de la vida universitaria para que la concordancia sea perfecta. Sin embargo, esto no es suficiente para el Arzobispo, quien exige además que la PUCP esté sometida a su autoridad en temas que no están en ECE, como la elección del equipo rectoral, la aprobación del estatuto, y el control académico, administrativo y económico de la universidad.

El colega afirma también que la PUCP tiene naturaleza dual, pues está sometida simultáneamente a los mandatos de la Santa Sede y a las leyes peruanas. Eso es falso. La PUCP tiene naturaleza jurídica única como institución sin fines de lucro que se rige por las leyes peruanas y por su propio estatuto. Lo que sugiere el artículo al que nos referimos (y también el Arzobispo), que la Santa Sede escoja a los rectores y vicerrectores de entre una terna propuesta por la Asamblea Universitaria, es ilegal pues viola la Ley Universitaria del país, que claramente indica que los rectores y vicerrectores son elegidos por la Asamblea Universitaria.

Le preocupa también al profesor que algún enemigo de la Iglesia Católica pueda ser elegido rector o vicerrector. Sus temores son infundados, pues todos los profesores hemos jurado respetar la identidad católica de la universidad. Si hubiere algún docente enemigo de la Iglesia Católica, él o ella deberían renunciar a la universidad. Este compromiso garantiza plenamente que cualquier docente que cumpla con los requisitos estatutarios pueda ser miembro legítimo del equipo rectoral, tal como ha sucedido durante las últimas décadas. No hay necesidad alguna de que los candidatos rectorales demuestren públicamente su devoción católica y que expongan que llevan una vida acorde con el magisterio de la Iglesia.

La libertad de cátedra en la universidad es absoluta. Dentro del aula se puede discutir sobre cualquier tema, inclusive aquellos desagradables a la Iglesia Católica. En la universidad no atacamos principios, lo que hacemos es discutir, polemizar y enriquecer el debate. Eso es parte esencial de una universidad.

Estoy totalmente de acuerdo con el profesor Castillo en que en la PUCP se respete completamente la libertad de credo y de pensamiento de todos los profesores, alumnos y trabajadores, y que la vida privada de ellos no sea razón para separarlos de la universidad, salvo, claro está, que hayan sido condenados por actos ilícitos.

La PUCP debe participar en los temas de la agenda política. Fue nuestra universidad, precisamente, una de las pocas instituciones que alzó su voz frente a la dictadura del fujimorismo y la que lideró la CVR, cuyo informe es un referente crucial para lograr la paz entre los peruanos, sin la cual el progreso del país es imposible. Castillo Freire dice que la PUCP se vio muy cuestionada por esa participación, pero muchos peruanos pensamos, por el contrario, que el hecho de haber participado activamente en esa comisión enalteció a nuestra universidad.

Nunca hubiera imaginado una PUCP desvinculada de la Iglesia Católica. Sin embargo, en este momento la jerarquía de la Iglesia no acepta a la PUCP tal como es y nos exige que obedezcamos sin cuestionar a sus demandas de cambio institucional. Pienso que ahora la universidad necesita reflexionar sobre su situación con la jerarquía de la Iglesia y tratar de llegar a una relación más amable, de respeto y tolerancia mutuos, que nos permita mantener el diálogo alturado y conservar el modelo de universidad que hemos desarrollado durante casi un siglo: el de una universidad autónoma, plural y democrática, inspirada en los valores católicos, reconocida internacionalmente por su alta calidad académica y su investigación de punta, comprometida con la formación integral de sus alumnos y con la construcción de un país más próspero, justo y solidario.

Universidad Católica de Lovaina respalda a la PUCP

El pasado 17 de septiembre, luego de una celebración eucarística en la iglesia de Saint-Remy d’Ottignies, Bruno Delvaux, rector de la Universidad Católica de Lovaina, dio en el Aula Magna de la universidad belga su discurso de apertura del año académico 2012-2013, tras el cual mencionó la preocupación de la UCL por la crisis que enfrenta a la Pontificia Universidad Católica del Perú y las autoridades católicas locales, ofreció el respaldo de su universidad a la PUCP y, asimismo, su disposición a ayudar en el diálogo con la jerarquía católica.

La Universidad Católica de Lovaina fue fundada en 1425. Es una de las más antiguas universidades europeas y la primera universidad católica moderna. En ella enseñó Georges Lemaître (mencionado en el discurso de Delvaux), el sacerdote y astrofísico que corrigió y convenció a Einstein sobre la imposibilidad de un universo estable y que sostuvo que el universo se originó en una explosión (el llamado “Big Bang”). El respaldo a la PUCP es el segundo respaldo dentro de la comunidad católica internacional, luego de que el General de la Compañía de Jesús autorizara a su Provincial en el Perú para hacer público el comunicado recientemente divulgado en los medios. En la UCL han estudiado numerosos filósofos de la PUCP, entre ellos su rector emérito, Salomón Lerner Febres, ex-presidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú. El rector Delvaux dijo lo siguiente:

El rector Delvaux en la inauguración del año académico 2012-2013. (Foto: Serge Haulotte)

Apertura del año académico

Louvain-la-Neuve, 17 de septiembre de 2012

Estando abierto el año académico, quiero iluminar su inicio a la luz del legado de Georges Lemaître haciendo una invocación. Georges Lemaître fue un profesor universitario eminente. Era también sacerdote. Su libertad de pensamiento y su audacia fueron correlativas a su confianza en las capacidades de la inteligencia humana. Matemático y físico, andaba a la búsqueda del sentido del universo. El encuadre de cómo se representaba las relaciones entre su disciplina y la teología se basa en la independencia de las disciplinas, una condición esencial para su diálogo.

En este sentido, yo quisiera expresar la preocupación de la UCL frente al conflicto que enfrenta, en América Latina, una universidad amiga, la Pontificia Universidad Católica del Perú, a ciertas autoridades religiosas de ese país. La Pontificia Universidad Católica del Perú cuenta con muchos maestros formados en la UCL, entre los que saludo a Salomón Lerner, filósofo de Lovaina, ex-rector y figura destacada de la democracia peruana. Esta institución conduce desde hace años una labor ejemplar de investigación y enseñanza al servicio del Perú, realizando una síntesis fecunda entre la libertad que rige toda empresa universitaria y el diálogo con la tradición cristiana. Cumple con su misión académica. ¡Realiza el trabajo que le toca como universidad! A través de mi voz, la Universidad Católica de Lovaina expresa su profunda solidaridad con su hermana peruana y espera sinceramente que se construya el necesario diálogo destinado a producir una nueva relación entre la universidad y las autoridades religiosas del Perú. Nuestra universidad está dispuesta a ayudar del modo que sea necesario a la búsqueda de una solución justa a esta crisis dolorosa.

El texto original, que puede ser leído en la página Web de la UCL, es el que sigue:

(Foto: Serge Haulotte)

Ouverture de la rentrée académique

Louvain-la-Neuve, le 17 septembre 2012

L’année académique étant ouverte, je veux éclairer son début à la lumière de l’héritage de Georges Lemaître en lançant un appel.

Georges Lemaître était un éminent Professeur d’université. Il était aussi prêtre. Sa pensée libre et son audace étaient corrélatives de la confiance dans les capacités de l’intelligence humaine. Mathématicien et physicien, il était à la recherche du sens de l’Univers. Les contours de sa représentation des rapports entre sa discipline et la théologie étant fondés sur l’étanchéité des champs disciplinaires, prérequis essentiel de leur dialogue.

A ce sujet, je voudrais dire la préoccupation de l’UCL devant le conflit qui oppose, en Amérique latine, une université amie, la Pontificia Universidad Catolica del Peru, à certaines autorités religieuses de ce pays. La Pontificia Universidad Catolica del Peru compte de nombreux enseignants formés à l’UCL, parmi lesquels je salue Salomon Lerner, philosophe de Louvain, ancien recteur et figure marquante de la démocratie péruvienne. Cette institution mène depuis des années un travail exemplaire de recherche et d’enseignement au service du Pérou, réalisant une synthèse féconde entre la liberté qui préside à toute démarche universitaire et le dialogue avec la tradition chrétienne. Elle remplit ses missions académiques. Elle fait son travail d’université ! Par ma voix, l’Université catholique de Louvain exprime sa profonde solidarité avec sa consœur péruvienne et souhaite vivement que se construise le dialogue nécessaire destiné à faire aboutir une relation renouvelée entre l’université et les autorités religieuses du Pérou. Notre université est prête à faciliter de quelque manière que ce soit la recherche d’une solution équitable à cette crise douloureuse.

“La frase de Hegel «Dios ha muerto»” (sumilla) y sobre el VIII SEF

Después de muchos años, y luego de haber participado en otros simposios y congresos, vuelvo a participar este año en el Simposio de Estudiantes de Filosofía de la PUCP. He decidido hacerlo con un tema que llevo trabajando un par de años: la significación de la muerte de Dios, que es un proyecto con el que pretendo, fundamentalmente a partir de la historia de la filosofía medieval y moderna, medir el alcance filosófico de tal “noticia”, analizar las posibilidades de validación de la religiosidad contemporánea más allá de los límites ilustrados, cuestionar las bases epistemológicas del agnosticismo y, sobre todo, abrirle paso a un ateísmo no positivista (en contra de la mayoría de ateos de la actualidad). Mi ponencia, programada para este viernes 21, abordará específicamente el modo como Hegel se apropia de la intuición artística (romántica) de la muerte de Dios y la desarrolla conceptualmente. Para quien pudiera estar interesado, copio a continuación la sumilla:

La primera mención filosófica de la muerte de Dios no corresponde a Nietzsche, que la hace suya en la línea de su ateísmo, sino a Hegel, para quien se trata de la comprensión filosófica de un momento histórico en el que se toma conciencia del acabamiento de la divinidad como ente supremo, como realidad suprasensible, para descubrir luego su transformación, su resurrección como una divinidad que permanece entre los hombres, realizándose en el dominio de la libertad humana; esto es, se trata de la muerte de Dios en el horizonte del saber absoluto y de la eticidad.

Para discernir el significado y alcance de esta concepción de la muerte de Dios, es preciso pues, en primer término, distinguir lo que este fenómeno epocal trae de suyo y el modo como Hegel lo incorpora en su sistema filosófico, elevando su forma representativa propia del arte al concepto. Concluiremos luego con una somera observación del alcance de esta concepción en la tradición posterior a Hegel.

Quisiera aprovechar para decir unas palabras sobre el VIII SEF. En primer lugar, que estoy gratamente sorprendido por la variedad de temas y autores que están siendo trabajados: desde la metafísica platónica hasta los debates filosóficos contemporáneos, pasando por la filosofía trascendental, la ética, la filosofía del arte, la fenomenología, la filosofía política, la filosofía de la historia y la filosofía latinoamericana. A mi juicio, especial mención merecen la ponencia de Juan Pablo Cotrina (UNMSM) sobre la fenomenología de Sartre, que en nuestro ámbito ha sido poco trabajada; la de Erich Luna (PUCP) sobre Quentin Meillassoux, uno de los más sugerentes filósofos franceses de la actualidad pero un gran desconocido en la academia peruana; la de Ethel Barja (PUCP) sobre Georges Didi-Huberman, importante esteta de nuestros días; y la ponencia de Míjail Mitrovic (PUCP) sobre el humanismo y el antihumanismo (contra lecturas excesivamente humanistas de Marx). Lamentablemente no contamos con las sumillas enviadas por los ponentes, que sería bueno que en estos eventos estuviesen colgadas en la Web.

En esta edición del SEF participan también como invitados especiales dos exégetas hegelianos: José María Ripalda y Volker Rühle. El primero disertará sobre la justicia, mientras que el segundo hará lo propio con la historicidad en Nietzsche. Ambas conferencias son el miércoles 19. Al respecto hay que señalar que se trata de dos buenos invitados, sin duda, pero es de lamentar que lo sean no por invitación exclusiva de los propios estudiantes, sino porque ya se encuentran en Lima para participar del Coloquio sobre Hegel que se celebra los días anteriores. Sería bueno que el SEF pudiese traer a sus propios invitados y que los estudiantes, que son finalmente los beneficiados, participen más activamente en este tema.

Por otro lado, se deja extrañar la interdisciplinariedad —que los filósofos tanto suelen elogiar en sus escritos, como la misma presentación del simposio— en las mesas magistrales. Mientras que en la Universidad se siga pensando que el estudiante de filosofía sólo puede dialogar y aprender de otros filósofos, que son además los mismos que escucha en clases, no se motivará a una interdisciplinariedad real. No hay siquiera presencia de filósofos de otras universidades, como para que se trate de un otro más tangible que aquél que teóricamente —dicen— debe interpelarnos. Felizmente ese no es el caso de las mesas de estudiantes.

Otro asunto relativo a una deficiencia generalizada de la profesión es la ausencia, tanto entre alumnos como entre profesores, de ponencias que reflejen trabajos de campo; es decir, filosofía lejos del sillón al lado de la chimenea, más vinculada con el mundo de la vida (el real, no el concepto) y no únicamente productora de exégesis que son necesarias pero insuficientes. El filósofo debiera estar obligado a realizar prácticas pre-profesionales y los simposios bien podrían reflejar los trabajos que realicen. Lamentablemente, el sillón y la chimenea son bastante cómodas y autocomplacientes, y es poco probable que esto cambie. A mi me hubiese gustado presentar el trabajo que estoy haciendo actualmente en la pinacoteca y el taller de arte del Hospital psiquiátrico Víctor Larco Herrera, pero, desafortunadamente, el compromiso de investigación me impide hacerlo antes de su publicación. Desde aquí, sin embargo, hago un llamado a los jóvenes filósofos para que vuelquen su formación al mundo. Véanlo si quieren como un retorno a la caverna. Véanlo como quieran, pero háganlo. Las razones del mundo y no las de la academia son las que demandan un auténtico reto para la filosofía (y no me refiero únicamente a la filosofía política o la ética).

La imagen elegida para el simposio de este año está muy bien (de hecho, mucho mejor que la incomprensible grafía del año pasado). Uno puede o no estar de acuerdo con el trasfondo ilustrado del dibujo de Goya, pero es un hecho que la filosofía debe defender siempre su prerrogativa racional o reflexiva, incluso con aquello que es prerreflexivo. Y, más allá de eso, es un buen síntoma que el mismo afiche (una imagen) dé que pensar.

El VIII Simposio de Estudiantes de Filosofía se realizará los días 19, 20 y 21 de septiembre en el Auditorio de Humanidades de la PUCP. El programa completo puede ser encontrado en la página Web del Centro de Estudios Filosóficos, la misma página en la que deben inscribirse quienes deseen asistir y no sean miembros de la comunidad PUCP.

Carta de monseñor Bambarén al presidente de la Conferencia Episcopal sobre la PUCP

Lima, 15 de agosto de 2012

Excelentísimo Monseñor

SALVADOR PIÑEIRO GARCIA-CALDERON
Presidente de la Conferencia Episcopal
Presente.-

Muy apreciado Hermano y Amigo:

Estando en Pariacoto del 7 al 10 de agosto para la celebración del Vigésimo Primer Aniversario del Martirio de nuestros Misioneros Franciscanos Conventuales Miguel y Zbigniew, tuvimos una profunda pena al conocer el lamentable comunicado del Consejo Permanente.

No solo es lamentable y penoso en su contenido, sino que nos duele por el daño que se hace a miles y miles de jóvenes y fieles que se sienten decepcionados de sus Obispos y afectados en su pertenencia a la Iglesia. Ustedes no solo han hecho causa común con el Arzobispo de Lima, sino que han asumido su problema y sus intereses como propios de la CEP.

No han valorado el daño que ya está hecho a una numerosa porción de la grey del Señor, que se sienten hoy como “ovejas sin pastor”.

Obediencia y fidelidad plena al Vicario de Cristo y a nuestra Iglesia, SI. ¡Yo por esto daría la vida! Pero fidelidad al Gran Canciller y sometimiento de toda nuestra Conferencia a su conducción en el caso de la PUCP, NO.

Repito: lo que era un problema local entre Arzobispo y PUCP, ha pasado a ser de la Iglesia, que antes fue marginada y ahora es instrumentalizada en daño del pueblo de Dios. Estamos perdiendo la mejor Universidad del Perú.

El caso lo reducen ustedes al ámbito canónico y legal, pero se olvidan de su repercusión pastoral. NO SOMOS LEGISLADORES, SINO PASTORES. ¡Gran responsabilidad!

Muchos nos preguntamos ¿era necesario el “comunicado”, no hubiera sido mejor y suficiente una reunión de la Presidencia de la CEP con el Rectorado de la PUCP?

Nuestras comunidades y parroquias se están desangrando no sólo por esto, sino porque muchos sacerdotes han perdido el celo apostólico, se instalan en sus despachos con horarios de atención, pero están lejos del pueblo de Dios. En cambio, las sectas están activas, van casa por casa robando las ovejas de Jesús. Crece la indiferencia religiosa. Los jóvenes se alejan. Cada día son menos los que frecuentan en sus parroquias la Misa dominical, etc, etc. Conozco parroquias en que el 50% ha dejado la Iglesia. Una profesora me contaba que a comienzo de año pidió a sus alumnos que levantaran el brazo los que eran católicos. ¡De 28 solo 2! En muchos colegios casi la mitad de los niños y adolescentes ya no son católicos.

Esto es lo prioritario y debe dolernos y preocuparnos a los Obispos.

Parece que nada de esto se ha tenido presente para sopesar las repercusiones pastorales del comunicado. Más que la Universidad, pierde nuestra Iglesia.

¡Que pena! ¡Me siento decepcionado!

Te ruego comunicar esta carta a los miembros del Consejo Permanente y a los demás Obispos. Esta carta no es RESERVADA como sí fue la que envié a Su Eminencia el Sr. Cardenal Tarcisio Bertone.

Solo me queda orar, orar, orar.

Que Dios les perdone, les ilumine y les acompañe.

Hermano en Cristo Jesús,

Firmado el original

✠ Luis A. Bambarén Gastelumendi S.J.

Obispo emérito de Chimbote

Periodismo a la peruana (4)

Diario 16 ha publicado el pasado 28 de mayo una noticia falsa titulada: “Joven italiana fue una esclava sexual en el Vaticano“. Este hecho merece atención porque muestra con claridad una serie de deficiencias sistemáticas en nuestro periodismo, incluso en aquél que se pretende serio en contraste con la “prensa amarilla”.

En primer lugar, conviene reproducir la breve nota publicada en Diario 16:

Grave acusación. El padre Gabriele Amorth, principal exorcista del Vaticano, afirmó que Emanuela Orlandi, quinceañera que desapareció misteriosamente en esa ciudad en 1983, permaneció en realidad todo este tiempo en las instalaciones de la Santa Sede porque, según denunció, la joven era una esclava sexual.

Según Amorth, de 85 años, “el crimen tuvo un objeto sexual”, ya que los clérigos del Vaticano convirtieron a Orlandi en su esclava y la usaron en varias orgías. Además, reveló que ellos mismos la asesinaron porque se cansaron de ella.

“Se organizaba fiestas y uno de los gendarmes del Vaticano se encargaba de reclutar a las chicas. La red implicaba al personal diplomático de una embajada de la Santa Sede en el extranjero y estoy convencido de que Emanuela fue víctima de este círculo”, expresó a un diario italiano.

Aunque el título es ambiguo, la nota es clara: una fuente interna y de la alta jerarquía de la Iglesia católica (lo que le daría autoridad a la nota) reveló que al interior de la misma hubo orgías con una adolescente que fue secuestrada por un gendarme del Vaticano en 1983 y que luego fue asesinada por los mismos clérigos que la tuvieron como su esclava sexual. Ya empieza a ser raro en la redacción que se indique que “permaneció en realidad todo este tiempo” y luego se diga que la asesinaron, pero dada la deficiente redacción periodística uno podría pasar eso por alto. Está claro, además, según la nota, que era una red que se extendía a diplomáticos del Vaticano en una embajada del extranjero, lo que es extraño dado que, si era una residente del Vaticano y había desaparecido allí, cómo entraría a tallar una embajada en otro país. Por eso no se dice en qué país, así como tampoco se dice, y esto ya empieza a ser más grave, a qué “diario italiano” ofreció Amorth sus declaraciones. Esto es grave porque hay allí un deliberado encubrimiento de la fuente.

Antes de anotar los errores, hay que hacer lo que los periodistas de Diario 16 no hicieron; a saber, buscar la fuente original. En realidad no se trata de ninguna declaración de Amorth a diario alguno, sino de su testimonio sobre el famoso caso en su reciente autobiografía: L’ultimo esorcista. El diario La Stampa lo toma de allí y, como hace el periodismo serio, consigna la fuente. La nota de La Stampa es larga, lo que hace ya suponer que los redactores de Diario 16 no tomaron la información de allí. De lo que sale en La Stampa, se dice que la investigación fiscal continúa y que no ha dejado de considerar que el entonces párroco de la iglesia de Sant’Apollinare, Pedro Vergari, podría haber estado involucrado porque la niña desapareció en las inmediaciones de la iglesia y porque en ella está sepultado un jefe de la mafia que también podría haber estado involucrado, pero lo que se recoge del testimonio de Amorth es lo siguiente:

Como también ha indicado monseñor Simeone Duca, archivista del Vaticano, fiestas fueron organizadas con un gendarme de la Santa Sede involucrado como “reclutador de las niñas”. Creo que Emanuela fue victima de aquel círculo. Nunca creí en la pista [de una red] internacional; tengo motivos para creer que era un caso de explotación sexual que terminó en asesinato poco después de la desaparición y en el ocultamiento de su cadáver. (…) También estuvo involucrado personal diplomático de una embajada extranjera en la Santa Sede.

El artículo no señala en ningún lugar que esa red de explotación sexual haya estado dentro de la Iglesia, sino en la Ciudad del Vaticano, y que, por parte de la Iglesia, sólo Vergari está siendo investigado.

La nota fue traducida al inglés por el diario The Telegraph, que la redujo a lo escrito por Amorth. Esa nota informa que la niña “fue secuestrada para fiestas sexuales por una banda, involucrando a la policía del Vaticano y a diplomáticos extranjeros, ha sostenido el principal exorcista de la Iglesia católica”, lo cual es cierto a la luz del original italiano. De allí, el autor de esa nota observa otras declaraciones de Amorth, como aquellas en las que decía que el yoga y Harry Potter son obras satánicas porque llevan a los cristianos a adorar deidades indias y a los niños al interés por la brujería, respectivamente. En efecto, Amorth es conocido por hacer declaraciones exageradas y fuera de lugar, pero distinto es poner en sus labios afirmaciones totalmente inventadas, como han hecho nuestros periodistas de Diario 16, que tampoco parecen haber recurrido a esta fuente inglesa.

Volviendo pues a la versión de Diario 16, no es cierto que Amorth haya afirmado que la niña permaneció “en las instalaciones de la Santa Sede”. Ello puede ser una equivocación respecto a la ciudad, pero lo que sí es un claro invento es que haya dicho que “los clérigos del Vaticano convirtieron a Orlandi en su esclava y la usaron en varias orgías” y que “ellos mismos la asesinaron porque se cansaron de ella”. Y también lo es que haya dicho que la “red implicaba al personal diplomático de una embajada de la Santa Sede en el extranjero”, cuando dijo más bien que “estuvo involucrado personal diplomático de una embajada extranjera en la Santa Sede”. Uno puede criticar la poca seguridad del Estado del Vaticano y su incapacidad para eliminar a las mafias y aclarar crímenes, pero eso es distinto.

Es inútil querer explicar una motivación personal de los redactores de Diario 16 o de su director. Eso sólo puede hacerlo algún moralista como Cipriani, que es precisamente el mayor causante de la animadversión contra la Iglesia católica en el Perú. Lo cierto es que, por el contenido de la nota, ésta parece haber sido tomada de alguno de los blogs que han estado difundiendo esa información falsa basados en una mala traducción de la nota de The Telegraph. Y eso es lo preocupante, que la fuente de un periódico sea cualquier página de la Internet sin un mínimo de fiabilidad. Y, además, que no recurran a las fuentes originales siendo tan fácil, precisamente por la Internet. A lo que quiero ir es a que hay en nuestra prensa una clara irresponsabilidad que va más allá de este caso particular y que consiste en publicar como verificada información que no lo está, ya sea porque no se ha hecho el trabajo debido, como en esta ocasión, o porque se trata sólo de rumores, como en muchos otros casos. Eso también se debe, sin duda, a la necesidad que tienen periodistas y redactores por cumplir con determinadas cuotas de producción, lo que reduce la calidad de lo que producen y le quita peso a la responsabilidad que deben tener para no publicar algo que no hayan verificado. Y un último factor que incide también en esa mediocridad es el afán de conseguir más consumidores a cualquier costo. La prensa envuelta en la lógica del consumo pierde de vista fácilmente la consideración ética.

Carranza sobre aumentar sueldos y la acusación del Congreso en su contra

El ex-ministro de Economía del gobierno aprista, Luis Carranza, se ha expresado en contra del aumento de la remuneración mínima vital que ha oficializado el gobierno de Humala:

Nuestra historia y la historia reciente nos muestra cómo aumentos salariales que no están sustentados en la productividad llevan inexorablemente al fracaso.

Sobre esta declaración hay unas cuantas consideraciones que cabe hacer. En primer lugar, que no es ajeno este asunto a la acusación constitucional que el Congreso de la República ha planteado contra el ex-ministro. En dicha acusación se estima que Carranza no ofreció una justificación aceptable para no cumplir con la Ley 19264 que disponía reestructurar la deuda agraria a favor de los agricultores. En efecto, el ex-ministro no acató un mandato del Poder Legislativo y debía ser acusado, pero se equivoca el presidente del Congreso al afirmar que Carranza no aplicó la Ley por capricho. Se equivoca porque apela al subjetivismo, que es una explicación causal muy fácil, habiendo en realidad una razón ideológica que es perfectamente posible describir. Cuando Carranza se justificó diciendo que no había presupuesto, daba una razón económica para un asunto que no podía reducirse a la esfera económica. En todo caso, le correspondía al Ejecutivo observar la Ley, pero no el incumplimiento sin más por parte de un funcionario que cree que las razones políticas están sometidas a las económicas. Ese, sin embargo, es el núcleo ideológico de Carranza. Por lo demás, como ha señalado el presidente del Congreso, la Ley preveía la situación considerando que era posible utilizar bonos del Estado, de modo que incluso en el terreno económico incurría el ex-ministro en un reduccionismo simplista.

Lo mismo sucede con las declaraciones de Carranza sobre el anuncio presidencial de aumentar el salario básico. Afirma que dicho aumento no es responsable porque no se basa en un aumento de la productividad. Eso, tomado como idea abstracta, es algo incuestionable (a eso se aferran los defensores de Carranza), pero la realidad es más compleja y finalmente distinta. Para empezar, porque desatiende que el crecimiento de la productividad, si no se condice con un mejor salario, también lleva al fracaso. No presta atención a esto último porque, aun habiendo sido ministro de Estado, reduce lo político a lo económico y todo lo económico a lo macroeconómico. No es que ello esté mal por sí mismo; al contrario, es incluso necesario que así sea, pues se trata de un técnico formado para cumplir sus funciones desde una perspectiva reducida, pero sus declaraciones deben ser tomadas así, no como un discurso mesiánico sino como declaraciones limitadas y ciertamente no desinteresadas o neutras. Por lo mismo sus acciones en el Estado debían ser controladas desde una perspectiva más amplia, que es la del político (sobre todo en una democracia) y no la del mismo técnico. Lo que sucede es que el economista está habituado a la abstracción matemática, elabora sus leyes con igual procedimiento y, cuando vuelve a la realidad para aplicarlas, es la misma abstracción la que manda y restringe su mirada, incluso como si se tratase de una aplicación mecánica. En el caso de Carranza eso es tan evidente que ni siquiera tiene en cuenta otros aspectos también económicos, como que el monto del salario aumentado difícilmente alcanza para cubrir el consumo básico familiar, con lo cual la productividad se vuelve una mala excusa, y, sobre todo, que los aumentos salariales han estado estancados a pesar del crecimiento en la productividad nacional de los últimos diez a quince años. Véanse los siguientes gráficos:

Salario mínimo real. Fuente: CEPAL – Comisión Económica para América Latina y el Caribe, 2011.

Tras lo dicho, ¿cómo evitar entonces que las cuestiones políticas se restrinjan a lo económico? Michael Walzer sostiene que el liberalismo debe corregirse desde su propia tradición, en la que se demandó la distinción de esferas con el objetivo de que una no invada los fueros de la otra; por ejemplo, la religión en la política, así como ahora lo hace la economía. Por ello se refiere al liberalismo como un “arte de la separación” que vale la pena rescatar. Creo, sin embargo, que Walzer comete dos grandes errores: (1) Su diagnóstico de la situación actual parte de un enfoque parcialmente incorrecto. (2) La solución que propone basándose en la tradición liberal omite un componente que es, a mi juicio, el indispensable. Me explico brevemente, con cargo a desarrollarlo con detenimiento en otra ocasión.

(1) Walzer cree que lo que se necesita es, por decirlo así, una radicalización del “arte de la separación” del liberalismo porque considera que las transgresiones actuales entre unas y otras esferas son un rezago de los viejos autoritarismos y sus pretensiones totalitarias. Razón no le falta respecto a algunas instituciones y actitudes de cuño premoderno que subsisten en nuestros días; sin embargo, eso no explica suficientemente la actual confusión de esferas ni garantiza una solución que no sea igualmente unilateral. Frente a ello, es posible otra mirada: las confusiones actuales son en gran medida, incluso en casos de instituciones pre-liberales subsistentes, no la falta de liberalismo, sino un efecto coherente del mismo. Era razonable que, en aras del libre intercambio, los límites en todos los ámbitos se fueran haciendo cada vez menos sólidos, como viene pasando. Es un error, por lo tanto, considerar la influencia de una esfera en otra (de las creencias religiosas en la política, por ejemplo) como una persistencia del Ancien Régime. De hecho, así como Tocqueville vio que el componente religioso era nuclear en la democracia norteamericana, hoy en día Habermas cree que las opiniones religiosas pueden tener un lugar legítimo en las deliberaciones públicas. Por eso no debe tampoco sorprendernos que la misma tradición liberal encuentre que algunas de sus sólidas distinciones no están ya justificadas, como el laicismo en entidades públicas, que colisiona con la libertad religiosa que está constitucionalmente protegida. El constitucionalismo contemporáneo, en efecto, supone un cruce a través de todas las esferas de la vida jurídica, incluso de aquellas que se comprendían dentro de la intocable esfera privada. Por otro lado, desde la epistemología actual, cada vez tenemos más razones para relativizar las divisiones que fueron un recurso necesario de la modernidad para evitar excesos, pero que hoy es necesario evaluar a la luz de las continuidades de la conciencia. Habría que reconocer, pues, que es el propio proceso liberal el que nos ha conducido más cerca de las burbujas y la espuma de las que habla Sloterdijk que de las sólidas esferas en las que Walzer aún deposita su confianza. Walzer se encierra en un único aspecto de la historia del liberalismo y juzga que el proyecto liberal está en ese sentido inacabado, cuando en realidad ha tenido un curso entero que está él mismo poniendo de lado.

(2) Lo anterior no quiere decir que no hay que mantener ciertas distinciones fuertes, empezando por aquellas referidas a principios constitucionales; por ejemplo, que no se juzgue a alguien desde una moral religiosa. Pero si hay que volver a la tradición liberal, no es tanto para buscar las distinciones sólidas que fueron necesarias en un tiempo determinado, sino para saber distinguir en cada nueva circunstancia y sin necesidad de límites fuertes, relativizando toda pretensión desmesurada (aquella que olvide su falibilismo y que presente como necesario lo contingente o como fundamental lo accesorio) y haciendo que cada proposición esté enmarcada en su respectivo contexto o perspectiva. El liberalismo incluía este componente escéptico que me parece más oportuno actualmente porque significa poner el énfasis más en la formación de la conciencia, lo que es crucial para cuando las esferas se disuelven o sus límites se hacen poco claros. No hay que olvidar tampoco que las autonomías que tienen ciertas esferas son siempre sentidos constituidos. Esto no significa, como quieren los reaccionarios, que podemos suprimirlas sin más, sino que no debe tomárselas como principios absolutos. En ese sentido, la solución no pasa por colocar murallas chinas entre la economía y la política (o entre otras esferas), porque no puede evitarse que la primera influya fuertemente en la segunda, como lo advierten los estudiosos de la biopolítica, sino que hay que saber colocar esas influencias siempre en perspectiva y sólo desde sus propios sentidos hacer las críticas que corresponda.

Volviendo a Carranza, lo que hay que aclarar a quienes lo han defendido de la acusación constitucional por la razón de que “fue un buen ministro y debemos estar agradecidos con él”, es que no pueden confundir así la generalidad de una consideración política propia de encuestas (esto es, de popularidad), con la particularidad de las normas y mandatos que deben ser necesariamente cumplidos en la gestión pública. Como bien dice la sabiduría popular, no hay que confundir papas con camotes.