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“Algunas ideas sobre lo que ocurre en Israel y en los territorios ocupados” por Farid Kahhat

1.- Las investigaciones independientes sobre la invasión israelí de entre 2008 y 2009 (tanto la de Naciones Unidas, presidida por un juez sudafricano de religión judía apellidado Goldstone, como la de Amnistía Internacional), encontraron pruebas suficientes como para afirmar que ambos bandos (es decir, Israel y Hamas), cometieron crímenes de guerra. Creo que cualquier investigación independiente concluiría lo mismo hoy.

2.- Si bien ambos bandos cometieron crímenes de guerra durante la invasión de 2008-2009, las responsabilidades no son simétricas: murieron más de 1,300 palestinos (la mayoría civiles, más de 400 de ellos menores de edad), y 13 israelíes (tres de los cuales eran civiles). Las víctimas civiles del conflicto siempre han sido en una abrumadora proporción palestinas.

3.- Israel alega hoy, como entonces, que Hamas emplea a civiles palestinos como escudos humanos: el informe de Amnistía Internacional sobre la invasión de 2008-2009 acusa a Hamas de realizar acciones armadas desde las inmediaciones de zonas pobladas, pero no de emplear a civiles como escudos humanos. Sí acusa en cambio a Israel, y de manera explícita, de emplear a civiles palestinos como escudos humanos. Esa acusación es corroborada por un fallo de la Corte Suprema de Israel de 2005 que anula una directiva militar que permitía el empleo de civiles palestinos como escudos humanos (ver la cobertura del diario español El País en el siguiente link:

http://elpais.com/diario/2005/10/07/internacional/1128636009_850215.html.

4.- Israel alega que, mientras Hamas busca deliberadamente causar daño a los civiles israelíes, sus fuerzas armadas hacen esfuerzos para evitar causar daños entre los civiles palestinos. Esta segunda parte del alegato es falsa: tanto el Reporte Goldstone como el de Amnistía Internacional encuentran evidencia del empleo por parte de Israel de fósforo blanco (un arma indiscriminada por naturaleza), contra zonas urbanas en Gaza. Israel no sólo provoca la muerte de un número mucho mayor de civiles que Hamas: los menores de edad son una proporción mayor del total de víctimas civiles causadas por Israel, en comparación con la proporción de menores de edad entre las víctimas civiles causadas por Hamas. Por último, hasta donde sé, ningún soldado israelí ha sido condenado a penas de prisión por la muerte de civiles palestinos en los últimos años.

5.- La franja de Gaza está sometida a un bloqueo ilegal por parte de Israel. Si bien Israel alega que su propósito es impedir el ingreso de armas en la zona, restringe también el ingreso de bienes para uso civil, como materiales de construcción (razón por la cual miles de familias palestinas no han podido reconstruir sus viviendas desde el 2009), e incluso alimentos: un documento oficial del gobierno israelí (que fue hecho público por orden judicial), revela que especialistas de ese país calcularon el número de calorías que debía consumir la población de Gaza para evitar una desnutrición generalizada. Ese reporte tenía como objeto dosificar el ingreso de alimentos a la franja (pueden ver el reporte de la BBC al respecto en el siguiente link:  http://www.bbc.co.uk/news/world-middle-east-19975211).

6.- La fuente fundamental del conflicto es que Israel ocupa militarmente territorio palestino, lo coloniza, y construye en él un muro que daña gravemente las condiciones de vida de la población palestina. Que esas prácticas violan el derecho internacional no es, como pretende Israel, un tema en controversia. Por sólo citar dos ejemplos, la Resolución 446 del Consejo de Seguridad de la ONU (del que forma parte como miembro permanente con derecho a veto Estados Unidos, principal aliado de Israel, que sin embargo no vetó el proyecto):

“Determines that the policy and practice of Israel in establishing settlements in the Palestinian and other arab territories occupied since 1967 have no legal validity and constitute a serious obstruction to achieving a comprehensive just and lasting peace in the Middle East”.

Sobre el muro, la Opinión Consultiva de la Corte Internacional de Justicia con sede en La Haya (la misma que verá el diferendo marítimo entre Perú y Chile), dice a la letra lo siguiente:

“The construction of the wall being built by Israel, the occupying Power, in the Occupied Palestinian Territory, including in and around East Jerusalem, and its associated regime, are contrary to international law”.

7.- Los palestinos bajo ocupación israelí no sólo son víctimas de la confiscación de sus tierras (contraviniendo las Convenciones de Ginebra), sino además de la destrucción sistemática de sus viviendas y cultivos. Según el proyecto “Demolition Watch” del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), “La práctica israelí de demoler casas, infraestructura básica y fuentes de subsistencia sigue devastando a las familias y comunidades palestinas de Jerusalén Este y del 60% de Cisjordania controlado por Israel”. El informe añade que, según la política de zonificación israelí, los palestinos solo pueden construir en el 13% de Jerusalén Oeste y el 1% de la parte de Cisjordania bajo su control, y que “Más del 94 por ciento del total de solicitudes palestinas para obtener permisos (de construcción) han sido rechazadas en años recientes”. Por ello “Naciones Unidas estima que entre el 28 y el 46 por ciento de las viviendas palestinas podrían estar bajo riesgo de demolición”.

8.- Pese a todo ello, según un informe de 2011 del Banco Mundial (V., “Coping with conflict? Poverty and inclusión in the West Bank and Gaza”), “Pese a las severas restricciones israelíes, Cisjordania y Gaza tienen un desempeño superior al de países con un ingreso per cápita similar (…), y de hecho está a la par con el de países mucho más ricos como Turquía y Jordania”.

9.- La Autoridad Nacional Palestina (que merece en mi opinión severas críticas en otros temas), condena sin cortapisas las acciones de Hamas contra civiles israelíes. Lo que pretende defender son los derechos de la población civil palestina, históricamente la principal víctima de todo lo dicho.

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Eric Hobsbawm sobre el movimiento campesino peruano y Sendero Luminoso

La prensa peruana, haciendo gala de su mejor capacidad de investigación, se ha limitado a reproducir cables internacionales por la muerte del mayor historiador del siglo XX, el marxista Eric Hobsbawm. Sabemos desde luego que, en tiempos de la Internet, la información está más disponible, pero sólo para quien la quiere buscar y sabe además qué y dónde buscar. Con un mínimo esfuerzo podían haber recordado que Hobsbawm estuvo vinculado a destacados intelectuales peruanos y que no dejó de interesarse por la historia peruana reciente.

Fue en 1962 cuando Hobsbawm visitó por primera vez el Perú. Unos años antes los trabajadores campesinos habían empezado a reaccionar frente al abuso y el aprovechamiento de las tierras por unos pocos terratenientes para los que tenían que trabajar sin paga, sólo a cambio de una parcela de aprovechamiento propio, y que se imponían, además, sometiendo a las autoridades políticas, judiciales, policiales y religiosas. El Perú llevaba casi 140 años como república, pero conservaba un vetusto sistema feudal en el manejo de las tierras. En ese contexto, los campesinos de La Convención (Cusco), que habían empezado por pedir condiciones laborales justas, pasaron luego a cuestionar la propiedad de las tierras y, consecuentemente, iniciaron la reforma agraria ocupando las tierras que trabajaban. El mítico Hugo Blanco (que a sus casi 80 años sigue defendiendo el campo frente a las fuentes de contaminación minera) fue elegido líder del movimiento cuando llegó la represión del gobierno de la Junta Militar. Ante la violenta reacción de los militares, la base de Chaupimayo, que era la de Blanco, organizó para defenderse la columna guerrillera Brigada Remigio Huamán, nombrada así por un campesino asesinado por la policía. Sin embargo, unos meses después, Blanco sería capturado y disuelta su Brigada. El juicio contra Blanco apuntaba a la pena de muerte, por lo que hubo una intensa campaña nacional e internacional a la que se sumaron Amnistía Internacional y personajes famosos como los filósofos Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir. En 1966, Blanco sería condenado a veinticinco años de prisión en la isla de El Frontón. No obstante, a pesar de que los líderes campesinos estaban presos, el movimiento por la reforma agraria y su reconocimiento gubernamental eran ya imparables. El mismo Blanco sería luego liberado.

Desde 1962, cuando estuvo por el Perú y se entrevistó con conocedores de la realidad andina como José María Arguedas, Hobsbawm siguió con interés el curso de los acontecimientos de nuestro país. En 1967 publicó su ponencia “Problémes agraires á La Convención” (Les problémes agraires des Amériques Latines, París: CNRS, 1967, pp. 385-393, donde Arguedas publicó también: “La posesión de la tierra. Los mitos posthispánicos y la visión del universo en la población monolingüe quechua”, pp. 309-315). Y dos años después publicó: “A Case of Neo-Feudalism: La Convención, Perú” (Journal of Latin American Studies, Vol. I, 1969, pp. 31-50), en cuya sumilla dice lo siguiente:

Un caso de neo-feudalismo: La Convención, Perú

E. J. E. Hobsbawm

La provincia de La Convención, departmento del Cusco, en Perú, se hizo conocida a los ciudadanos del mundo exterior a comienzos de la década de 1960, cuando fue el escenario del más importante movimiento campesino de esa época en el Perú, y probablemente en toda Sudamérica. Esto podría legítimamente atraer la atención del historiador social. Al mismo tiempo, La Convención es una versión especial de un fenómeno más general, el cual debería interesar también al historiador económico. Es un “territorio de frontera” en el sentido americano del término; es decir, pertenece a la larga zona de tierra subdesarrollada en el extremo oriental de los Andes (el borde occidental de la cuenca del Amazonas), que ha sido objeto de asentamiento y cultivo en las últimas décadas, principalmente para la producción de cultivos comerciales para el mercado mundial, pero también para otros fines económicos. A lo largo de las laderas de los Andes hay una serie de regiones en las que, de diversas maneras, los terratenientes y empresarios penetran con propiedades y comercio, campesinos en busca de tierra y libertad. La mayoría de ellos son campesinos indígenas de las tierras altas, y el contexto socio-económico de la sierra y el altiplano determina en cierta medida las formas de la nueva economía que toman forma en las laderas orientales semi-tropicales y tropicales. Estas varían considerablemente, como podemos ver por las variadas monografías disponibles.

(El artículo completo puede ser leído aquí.)

Por último, en 1974 Hobsbawm publicó: “Peasant Land Occupations” (Past and Present, Nº 62, 1974, pp. 120-152; el texto puede ser leído aquí). A diferencia de los dos artículos precedentes, en éste no aparece el caso peruano en el título; ello se debe a que es un artículo con pretensiones generalizadoras, y, sin embargo, analiza “la forma de la militancia colectiva campesina, principalmente a la luz de la evidencia del Perú”. Hobsbawm había vuelto al Perú durante el régimen de Velasco, que había legalizado las tomas de tierras, y pudo recoger la información que necesitaba en el Centro de Documentación Agraria y con las propias autoridades de la reforma agraria. Arguedas lo había llevado en 1962 a conocer la situación cultural de los campesinos que habían migrado a Lima y que tenían una presencia importante dentro de ciertos círculos y medios de comunicación, como las radios que transmitían música y programas en quechua (Hobsbawm recuerda ese encuentro en sus memorias: Interesting Times: A Twentieth-Century Life, New York: The New Press, 2005, p. 370); no obstante, mientras que Arguedas estaba interesado en las dinámicas culturales y las cosmovisiones que ellas implicaban, Hobsbawm se interesaba por las dinámicas políticas y sus pretensiones explicativas eran sin duda mucho más científicas.

En 1992, Hobsbawm dictó un seminario sobre “El corto siglo XX” en la New School for Social Research de Nueva York. En sus clases hacía continuas referencias sobre la política peruana, de lo cual se percató el sociólogo Aldo Panfichi, que asistía al seminario y lo abordó para hacerle una entrevista. Luego de preguntarle por los cambios y continuidades en la política internacional de esos años que, como se decía, marcaban un adelantado final de siglo, Panfichi le preguntó por el Perú. A propósito de sus reflexiones sobre el fundamentalismo político y religioso, Panfichi le dice: “Escuchándolo me viene a la mente Sendero Luminoso…”; a lo cual Hobsbawm responde:

Qué curioso, estaba pensando lo mismo. Creo que esto es también una reacción similar al fundamentalismo religioso. Tengo la impresión de que los militantes senderistas deben ser gente desorientada por los dramáticos cambios sociales. Pienso que provienen de familias campesinas que repentinamente van a la universidad y se convierten en intelectuales. Cambian completamente sus expectativas de vida pero no pueden llevarlas a cabo. Sin embargo debo decir que Sendero es un fenómeno que me parece excepcional en el mundo actual. Hay pocos casos de fundamentalismo político en estos días.

Tras lo cual añade una observación que no difiere de aquellas expresadas por la CVR:

Para alguien que observa el Perú desde afuera, no es una sorpresa que, dadas las condiciones económicas y sociales de su país, exista gente que piense que cualquier solución es mejor que ninguna solución.

Y sobre la reforma agraria afirma lo siguiente:

(…) siento sobre todo un profundo disgusto por las oportunidades perdidas durante los años de Velasco. Quizá no fue un movimiento revolucionario, pero sí tenía genuinos deseos de justicia. Recuerdo esos años, cuando discutía con gente de la izquierda peruana que se oponía a Velasco diciendo que no era más que un reformismo burgués. Yo les decía: “si ustedes pueden hacerlo mejor, excelente”. Lamentablemente no fue así.

Observando hacia atrás, creo que esta experiencia fue lo más positivo de la historia peruana contemporánea, y lamento que haya fracasado. El porqué de este fracaso es algo que los peruanos deben discutir, especialmente porque no se ha encontrado otras soluciones adecuadas a la devastadora pobreza de las mayorías del país.

No he estado en contacto con Perú en los últimos años, aunque siempre leo con avidez todo lo que pasa por mis manos. Sin embargo, como un viejo izquierdista me veo obligado a decir algo más. Si en Perú yo tuviera que escoger entre los revolucionarios y los no revolucionarios, yo tomaría el lado de los no revolucionarios. Es terrible descubrir que hay movimientos revolucionarios que uno preferiría que nunca tengan éxito.

(La entrevista completa puede leerse aquí.)

Una de las causas de ese fracaso fue precisamente Sendero Luminoso. Como lo observa Blanco en una entrevista reciente:

Sendero también mató a muchos, ha matado a dirigentes obreros, ha matado a dirigentes de tomas de tierra… También sirvió como excusa al Gobierno para asesinar a líderes campesinos, para meterlos presos, para torturarlos… Todo eso llevó a un retraso tremendo. Antes de Sendero, la Confederación Campesina del Perú tenía bases en casi todo el país. Después de la guerra interna, en tres o cuatro departamentos, nada más. Ésa es una de las razones de ese retraso frente a Bolivia y Ecuador, donde el movimiento indígena ha impulsado todo tipo de transformaciones.

También estudiaron con Hobsbawm las historiadoras Margarita Giesecke (1948-2004), que redactó con su asesoría la tesis La insurrección de Trujillo. Jueves 7 de julio de 1932 (Lima: Fondo Editorial del Congreso de la República, 2010), y Scarlett O’Phelan, con la tesis Un siglo de rebeliones anticoloniales: Perú y Bolivia, 1700-1783 (Cusco: Centro Bartolomé de las Casas, 1988).

La prensa peruana parece ignorar todos estos datos de nuestra historia académica reciente. Su ignorancia no es inocente.

Yo soy… Sobre el perjuicio que algunos no tienen de la historia para su vida

Yo soy…

¿Quién es? La prueba patente de que los militares en el Perú no tienen la más mínima voluntad para enmendar errores y separar a sus malos elementos; con lo cual, por más que lo nieguen airada y marcialmente, en la práctica terminan sistematizando la negligencia, la corrupción y el delito.

¡Y no sólo eso! También es la prueba de la ineptitud de la justicia militar peruana. Si Marx (Groucho Marx) decía que “la justicia militar es para la justicia lo que la música militar es para la música”, esto adquiere niveles de paroxismo poco o nada cómico cuando las milicias tienen una larga tradición de derrotas sólo compensadas por su prepotencia y sus corruptelas, como en el caso peruano.

Sólo así se explica que, habiendo firmado la vergonzosa acta de sujeción ante Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori el 13 de marzo de 1999, una de las fechas más infames para el uniforme militar, este señor sea ahora, en el 2012 y desde el 2002, el presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar. ¿Así premian nuestras Fuerzas Armadas la corrupción y la cobardía? Pues sí, así las premian, asegurando de paso la objetividad y buena reputación del fuero militar que defienden, porque, en dicha acta, el entonces fiscal general del fuero castrense se comprometía a apoyar sin reservas a todo militar acusado por el golpe del 5 de abril de 1992 o por cometer delitos contra los derechos humanos.

Yo soy… (redoble militar)… Carlos Enrique Mesa Angosto, miembro del Consejo jurídico de la Marina y contralmirante, como Grau.

En efecto, él es, como nos lo cuenta el “vladivídeo” número 1372. El “Acta de sujeción” que aparece allí firmando estipulaba que asumía “el compromiso de honor de respaldar y dar su apoyo al personal de las fuerzas del orden y de la comunidad de inteligencia, sobre los que se pretendiese ejercer represalias o venganza, tomando como pretexto la supuesta violación de los derechos humanos”. Pues bien, el 23 de agosto de ese año, suscribió la sentencia que absolvía a Montesinos y a los generales Nicolás Hermoza Ríos y Luis Pérez Documet como implicados en la matanza de La Cantuta, algo que felizmente ya corrigió la justicia civil, sin afectarlo a él en lo más mínimo.

Y, para variar, el Presidente de la República y Comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Ollanta Humala, que a sus “guardianes socráticos” (sic) les dice: “no más actas de sujeción”, mantiene a militares que firmaron dicha acta en sus altos cargos.

La noción de obediencia que se consentía con esa firma era ciega y absoluta: “constituye un compromiso de honor y como tal una obligación con carácter imperativo de cuyo cumplimiento ningún mando podrá sustraerse”. Pero esa afirmación reflejaba una obediencia que, de ser un sujeto moral y justo, Mesa debió rechazar. Más aún cuando se afirmaba que ese compromiso no tenía “límite de tiempo” y que debía respetarse “cualesquiera que sean los gobiernos” que viniesen, eximiendo en abstracto y de manera universal a todos los militares que lucharon contra el terrorismo de “responsabilidad alguna”. Eso va contra todo principio de justicia, incluso de la propia justicia militar que, lo sabemos en el Perú, es peor para la justicia y para las Fuerzas Armadas de lo que es la música militar para la música.