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Algunas razones “filosóficas” para no votar por Keiko Fujimori

(Medio en broma y medio en serio, para calmar un poco las angustias existenciales.)

PRONUNCIAMIENTO

Los abajo firmantes, representantes de la comunidad filosófica, desean dejar constancia ante la opinión pública de su preocupación y rechazo ante un eventual retorno del fujimorismo al gobierno del Perú. Como no nos ponemos de acuerdo nunca, hemos decidido permitir que cada uno de nosotros exprese junto a su firma la razón por la cual lo hace. Asimismo porque la mayoría de nosotros no tiene (antes de Fichte al menos) número de documento de identidad que consignar. A propósito de Fichte, a quien se le ocurrió esto del documento nacional de identidad, manifestamos nuestra preocupación porque sus vecinos fujimoristas presuntamente se lo han robado para que no pueda hacer uso de su libre derecho al sufragio. Por último, dejamos constancia de que el Sr. Schmitt nos ha escrito pidiendo aclarar que él no está incluido en esta comunidad y que, es más, considerará como enemigo a todo el que firme. A los filósofos que no hemos podido ubicar (porque el secretario Hegel no tiene los correos de todos) les pedimos ponerse en contacto con nosotros dándonos su razón para suscribir este pronunciamiento.

Firman:

Sócrates

«Porque los fujimoristas creen que saben y no saben ni siquiera que nada saben.»

Platón

«Porque no tienen ni idea del Bien (y no hay que dar el gobierno a quien más necesidad tiene de él).»

Aristóteles

«Porque ya sabemos cuál es su causa primera.»

Sexto Empírico

«Porque quieren suspender los juicios.»

San Agustín

«Porque más que una ciudad de Dios, tendríamos un país endemoniado.»

San Anselmo

«Porque tenemos pruebas.»

Ockham

«Porque “fujimorismo” no se puede decir de dos maneras distintas.»

Maquiavelo

«Porque el fin justifica los medios pero no los miedos.»

Descartes

«Porque no piensan pero desgraciadamente sí existen.»

Leibniz

«Porque no sería ni de lejos el mejor de los mundos posibles.»

Wolff

«Porque Leibniz lo dice.»

Smith

«Por la mano invisible de la Base Naval.»

Rousseau

«Por la educación de Emilio.»

Kant

«Porque usan siempre a los demás como medios y nunca como fines en sí mismos.»

Hegel

«Porque en lugar de luchar por el reconocimiento, luchan por el desconocimiento.»

Marx

«Porque el fujimorismo es el opio del pueblo.»

Kierkegaard

«Por concepto de angustia y ejercitación del cristianismo (en contra de Cipriani).»

Schopenhauer

«Porque Kenyi no respeta a su perro.»

Nietzsche

«Porque Dios ha muerto, pero no Alberto ni Vladimiro.»

Wittgenstein

«Porque en lugar de jugar con el lenguaje, juegan con las personas.»

Heidegger (sorpresivamente)

«Para no olvidar al ser-que-está-ahí (arrojado en la Diroes).»

Arendt

«Porque son radicalmente malos.»

Levinas

«Por el rostro de Keiko: “Para mí tiene cara de diablo” (fuente: su mamá).»

Adorno

«Por negatividad de la negatividad.»

Sartre

«Por la náusea. Y porque al otro lo mandan al infierno.»

(En verdad, para impresionar a Simone.)

Camus

«Porque sería absurdo y hasta Calígula fue más coherente.»

Popper

«Porque son enemigos de la sociedad abierta.»

Foucault

«Porque nos vigilarían y castigarían.»

Descartes (otra vez)

«Porque son genios malignos.»

NUEVAS ADHESIONES:

Tomás de Aquino

«Porque el fujimorismo sólo tiene agentes, pero no intelecto.»

De Beauvoir

«Porque rechazamos (Sartre y yo) la esterilización forzada del segundo sexo.»

Kierkegaard (la repetición)

«Porque ¿desde cuándo es pecado saltar al abismo?»

Diógenes

«Porque todo buen fujimorista, en lugar de ser cínico, es montecínico.»

Peirce & James, S.A.

«Porque nunca entendieron lo que es ser verdaderamente “pragmáticos” (y ahora ya no sabemos qué razón social usar).»

Rawls

«Porque su racionalidad ha desplazado a su razonabilidad.»

McLuhan

«Porque los medios sólo transmitirían sus mensajes (y por fax).»

Pascal:

«Porque no hay razones del corazón —y menos de la razón— que puedan justificarlos.»

Husserl (sic)

«Porque su intencionalidad es hacer epojé de lo trascendental para ocultar la crisis y “amalarle el noema” al pueblo.»

Merleau-Ponty (traduciendo a Husserl)

«Porque, como señala Husserl en las Meditaciones, quieren meternos su yuca a nuestra corporalidad.»

 

Adenda 1:

Ante la sorpresiva adhesión de Martin Heidegger, nuestros lectores nos han estado preguntando qué es lo que le llevó a firmar. Le retransmitimos la pregunta, pero él nos ha dicho que esa no sólo no es una pregunta esencial, sino que ni siquiera es una pregunta circundante a lo esencial; de modo que, como antes, no ofrecerá justificación alguna. Nosotros sospechamos que “lo esencial” fue el pedido de Hannah Arendt.

Adenda 2:

Friedrich Nietzsche quiso retirar, no su firma, pero sí la razón que dio. No se lo permitimos: pudo más nuestra voluntad de poder que la suya. Aducía que, en tanto Zarathustra, “él no es alguien a quien se le pidan sus porqués”.

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“La ética y el fujimorismo”. Análisis filosófico de Pablo Quintanilla

En su programa En Voz Alta (lamula.pe), Claudia Cisneros ha entrevistado al filósofo analítico Pablo Quintanilla, quien hace un balance del actual proceso electoral y, en particular, del fujimorismo y las valoraciones éticas. El vídeo de la entrevista es el que sigue:

Considero especialmente relevante la observación de que el fujimorismo nos ha dejado, con su conocida mentalidad “pragmática”, la percepción masiva de que la moral es un lujo prescindible (lo mismo que el derecho constitucional). Si uno escucha declaraciones, lamentablemente habituales en estos días, como las de Rospigliosi afirmando que en estas elecciones no es posible votar pensando en la ética (en Radio Capital, 30-05-2011), se da cuenta de ello. La moral tiene que ver con todo acto humano, se le quiera o no ver, sea desde determinados valores o desde otros opuestos. Ahora, ¿por qué tiene éxito la difusión de esa ceguera? Porque astutamente se apela a emociones y necesidades básicas tales como el miedo o el sentimiento de inseguridad y el dinero, que permiten no sentirse mal o creerse justificados para postergar y encubrir juicios éticos de los que no salen bien librados.

Lo segundo que señala Quintanilla es también importante: “los países sólo se desarrollan cuando hay condiciones internas que permiten identificarse en el otro, que permiten reconocer al otro”. Esto no es un argumento “caviar”, como dirían sus detractores, sino científico; biológico, para ser más precisos. Toda persona, en tanto homo sapiens, necesariamente percibe y razona triangulando entre sí mismo, los otros y la realidad externa. Lo propio de nuestra especie es en ese sentido la capacidad de metarrepresentación que desarrollamos desde los 3 años de edad aproximadamente. Esto consiste, en líneas generales, en poder pensar lo que el otro puede estar pensando. Esa apertura está en íntima relación con las valoraciones morales y con la inteligencia entendida como capacidad predictiva. Quizá por eso también, al renunciar a esa apertura desde juicios morales que ven con malicia al otro, que parten de una identidad que sólo puede afirmarse en oposición a ese otro, los fujimoristas tienen normalmente lecturas literales y grotescas sobreinterpretaciones de posiciones distintas a las suyas. Al no creer seriamente que el otro pudiese estar en lo cierto, se cierran ellos mismos y a sus inteligencias dentro de duros caparazones, desconociendo que la verdadera solidez está en la fragilidad máxima.

Y ese mismo simplismo es el que tiene gran parte del sector empresarial, como señala Quintanilla, al tener en cuenta únicamente un desarrollo económico, cuando, en realidad, por la misma condición humana, el desarrollo tiene que ser, desde un principio, un desarrollo multifacético. Así como sería ilógico educar a un niño de tal manera que hasta los 10 años sólo se desarrollara físicamente, y que recién desde esa edad se desarrolle intelectualmente, así también es absurdo y malintencionado suponer que un país debe primero desarrollarse económicamente y luego recién hacerle caso a las “exquisiteces” esas de la moral y la inteligencia.

Lo de la existencia de un módulo moral en nuestro cerebro es algo que aún viene siendo objeto de estudio y discusión, de modo que sobre ello no me pronuncio. Pero sí sobre el hecho, acertadamente resaltado por Quintanilla, de que eso no le quitaría peso a las circunstancias ambientales de la persona, y especialmente aquellas en las que ésta forma su carácter. En ese sentido no es tan fácil decir, sin problematizarlo aunque sea un poco, que Keiko Fujimori y su padre no son lo mismo habiendo vivido exclusivamente con él durante su corrupto gobierno y habiendo cerrado filas con él ante las críticas y denuncias que se le hacían y que se le hacen incluso ahora. El caparazón impide la autocrítica. Ahora, lo que haría a la teoría del módulo más importante en este punto es el hecho de que si no fuese activado por su entorno temprano no podría ser activado nunca más, como con el lenguaje.

En lo que sí no estoy de acuerdo es en la imposibilidad de educar a los hijos moralmente frente a un eventual gobierno de Keiko Fujimori (claro, siempre y cuando no se haya votado por ella). Sería una situación problemática, pero el aprendizaje moral también se da a través de contraejemplos. En ese caso, estando también de acuerdo, por lo antes dicho, en que es muy poco probable que un gobierno del fujimorismo sea moralmente bueno, la tarea de los padres tendría que ser precisamente la que corrija las distorciones y ceguera de los gobernantes y de la sociedad manipulada por estos. La empatía moral que no encuentre en una sociedad corrupta, el hijo la tendría que obtener de casa. Aunque estas serían, evidentemente, condiciones indeseables, sobre todo por la agresividad inmoral de la prensa. El tema de la ética, por tanto, está relacionado con las elecciones y es necesario tenerlo en cuenta.

Caricatura de Heduardo publicada en El Otorongo.

El doble discurso del fujimorismo sobre las comunidades nativas

Hablando de contradicciones e historias propias y no del padre, la candidata Fujimori no ha explicado cómo así le surgió en la campaña presidencial el interés y preocupación por las comunidades campesinas y nativas del país, cuando en el 2010 su bancada no apoyó en absoluto la ley que exigía que el Gobierno central les consulte siempre sobre los proyectos, fundamentalmente extractivos, que se quiera realizar en sus territorios.

En el Diario de Debates del 19 de mayo de 2010 se señala que se aprobó la ley con 62 votos a favor, 7 en contra y 6 abstenciones. ¿Cómo votó el fujimorismo? En la primera votación, así:

En contra: Alejandro Aguinaga (actual vocero), Cecilia Chacón y Oswaldo de la Cruz.

Abstenciones: Santiago Fujimori, Ricardo Pando y Rolando Souza (actual vocero).

Licencia por enfermedad: Martha Hildebrandt.

Ausentes: Keiko Fujimori (para variar), Luisa María Cuculiza, Martha Moyano y Carlos Raffo.

A favor: Rolando Reátegui.

Tras lo cual, en la segunda votación, solo se abstuvo Souza y los demás votaron en contra, incluyendo a Reátegui.

La experiencia traumática de Bagua había generado una movilización ciudadana que demandaba la aprobación de esa ley; sin embargo, la bancada fujimorista votó en contra del derecho de los pueblos indígenas a ser consultados previamente sobre las medidas legislativas o administrativas que pudiesen afectarlos, yendo contra el sentido común y además contra el derecho internacional (Convenio 169 de la OIT, ratificado por el Perú) y contra las exhortaciones de la Defensoría del Pueblo.

No se trata de un comportamiento aislado, sino de una práctica recurrente. En la Comisión de Energía y Minas, presidida por el fujimorismo durante todo el gobierno aprista, bloquearon las iniciativas legislativas para suspender los procesos de otorgamiento de concesiones mineras en los casos donde éstas estuviesen generando conflictos socioambientales.

Reclamos como los de Tía María (Arequipa) y más recientemente los de Puno, han sido también menospreciados por el fujimorismo. A pesar de que, a raíz de lo de Puno, la Defensoría del Pueblo ha insistido en la necesidad de la aún no promulgada Ley de Consulta, la candidata Fujimori prefirió especular sobre una supuesta infiltración de los partidarios del candidato Humala con el ánimo de atizar los ánimos, queriendo así ella aprovechar electoralmente la coyuntura, incluso cuando esa especulación iba contra toda lógica puesto que el mantenimiento de las protestas habría ocasionado la cancelación de las elecciones en ese departamento que es ampliamente favorable a Humala.

La única explicación lógica de las recientes declaraciones de Fujimori, salvo mejor parecer, es su deshonestidad estratégicamente maquillada, la misma que le ha hecho presentarse en su cierre de campaña sin ninguno, ni uno solo (salvo sus dos vicepresidentes) de los antiguos colaboradores de su padre, ni siquiera su hermano Kenyi, que son ahora sus voceros, congresistas y líderes.

Una cuestión de inconciencia: “Marxismo nunca más”

El señor Luis Alberto Chávez H., secretario de un movimiento (ignoro de cuánta gente) denominado “Tradición y Acción por un Perú Mayor” (sic), me envía por correo una penosa cadena que remite a su página web: “Marxismo nunca más”. Como he perdido mi tiempo leyendo algunas de las sandeces allí publicadas, me tomo la molestia de escribir aquí algo sobre ello.

En su banner hablan de frenar “el socialo-comunismo” (sic). Además de requerir unas lecciones de gramática urgente, meten al socialismo y al comunismo en un mismo saco. Por qué no “matar” a los dos pájaros de un solo tiro, ¿verdad? Bueno, pues, el problema es que ese ahorro (no hacer distinciones que incluso críticamente deben ser hechas) es un ahorro de pensamiento; es decir, abrir las puertas de par en par para que entre la estupidez y gobierne. Eso es práctica habitual en esta página: le abren todas las puertas y ventanas que encuentran.

Son tan nimios que colocan a la propiedad como un bien consagrado por la “tradición cristiana”. Si tuviesen un poquito más de conocimiento de su propia tradición, se enterarían que fue largamente discutido en ella si el que sigue a Cristo debía tener propiedades y que la prioridad del derecho a la propiedad fue establecida en sociedades protestantes frente a las pretensiones tanto del Estado como de las iglesias. Rezagos de esas discusiones son también el voto de pobreza de las órdenes y congregaciones católicas, la existencia misma de las órdenes mendicantes, así como las críticas actuales a la riqueza y ostentación del romano pontífice.

Y hablan del Perú como “nación cristiana”. Lamento informarle al señor Chávez que eso no está ajustado a la realidad. No sólo porque el Estado peruano, a pesar del ominoso e inconstitucional concordato con el Estado del Vaticano, es un Estado laico, sino porque la pluralidad confesional cada vez aumenta más, incluyendo a un buen número de agnósticos, mientras que a los jóvenes cristianos —sanamente, por cierto— no les interesa ya preservar una “identidad cristiana” meramente ritualista, vaciada de significación y ajena precisamente a sus conciencias.

En el saco de lo malo-en-sí-mismo meten también al marxismo. No se toman la molestia de explicar en qué consiste y por qué razones es negativo; sólo apelan a cucos ya bastante maltrechos y a un emotivismo moral bastante ramplón: ¿quién se preocupa de la “indigencia moral y espiritual”? El “marxismo” desde luego que no. ¡Quieren que el Estado regule sobre cuestiones de moralidad y de espiritualidad! ¿Qué especie de teocracia antiliberal se les ha ocurrido a estos tipos que debe ser el reino de su dios? ¿No se parecen en ello todas las tiranías, independientemente de su sesgo ideológico? ¿No fue la tradición cristiana acaso la que generó un proceso secularizador que distinguía entre morales particulares y ética universal, lo cual dio pie al ecumenismo? Pero seguro que para esta gente el ecumenismo es otro truco del maléfico marxismo que quiere debilitar su concepción de iglesia.

Y resulta ahora que el candidato Humala defiende en su programa el “hedonismo sin restricciones”. ¡Caramba! Recién me entero… ¡otro motivo para votar por él! Las graves acusaciones contra Humala siguen: Quiere “demoler el orden social”. ¡Qué atrevido! ¡Seguro quiere que las “natachas” tengan sueldos más altos o, como en Europa o Estados Unidos, que no usen uniformes cuando paseen a los niños! ¡Auxilio, los inmorales nos igualan! ¡Están queriendo tomar el poder para implantar su “estatismo socialista” y su “revolución anarcosexual”! Seguro qur todos sus ministros serían homosexuales y travestis o ¡peor aún: divorciados! ¿Y ahora, quién podrá defendernos? La banda de los Fujimori, ¡por supuesto! De otro modo avanzaríamos “hacia la anarquía, meta final del comunismo”… … …

¿Qué? ¡Ya pues…! ¿Estatismo y anarquismo son lo mismo? Creo que eso ni merece comentario alguno. Tampoco hay que gastar pólvora en gallinazo y por eso aquí lo dejo. Sólo un par de apuntes más: citan al antipapa Ratzinger cuando presuntamente dijo que el marxismo es la “vergüenza de nuestro tiempo”. Me parece que la verdadera vergüenza de nuestro tiempo es la Iglesia católica, que, además de su pesada obsolescencia, ha callado y encubierto sistemáticamente crímenes atroces. Denunciaron al “comunismo” de Stalin pero frente al fascismo y al nazismo no dijeron ni Pío. Y lo mismo Wojtyla y Ratzinger frente a la pederastia de sus propios curas. Al mismo Ratzinger se le aplican sus palabras: “pretendiendo aportar la libertad, se mantiene a naciones enteras en condiciones de esclavitud indignas del hombre”. Y eso ha hecho la cristiandad desde Constantino. Por eso decía Nietzsche que el único cristiano fue el que murió en la cruz.

Por último, ni siquiera tienen sutileza retórica. Si sonasen mínimamente serios, bueno… pero sus discursos hacen demasiado evidente el poco seso del o de los autores; caen continuamente en el absurdo y en una rimbombancia que clama a gritos por tratamiento psiquiátrico, y apelan a un moralismo de viejo cuño en contra de la libertad personal, especialmente en lo sexual, que le quita el poco poder de convencimiento que podía quedarles.

En cierto modo, me ha sorprendido encontrar en el Perú, que supuestamente avanza, tales niveles de estupidez (no encuentro descripción más generosa). No me sorprendo tanto cuando descubro que están “avalados” por el diario Correo, donde cunde la inmundicia. Como demuestra esa página, la estupidez que le es posible al hombre no tiene condicionamientos sociales ni económicos que la limiten.

Leer contra el texto: Saravá y el seppuku intelectual del fujimorismo

Sólo les ha faltado a los fujimoristas Luis Delgado Aparicio y Rafael Rey decir que, de ganar las próximas elecciones, el candidato Ollanta Humala liberaría al líder terrorista Abimael Guzmán, para caer en el non plus ultra del ridículo. Yo no sé quién gane las elecciones este domingo, pero es evidente que ayer por la noche, en el programa Prensa Libre, perdió Delgado Aparicio todo resquicio de credibilidad que le pudiese haber sido aún atribuida. No sólo llevó su teoría de una conspiración bolivariana, sin prueba alguna, al límite entre lo racional y lo absurdo, sino que quedó desenmascarado en su torpe intento de enlodar al mencionado candidato con burdas sobreinterpretaciones sacadas de contexto de lo que éste declaró sobre el terrorismo en una extensa entrevista publicada luego como libro. Atendamos dichas sobreinterpretaciones para comprender el daño que la malicia (fujimorista, en este caso) puede hacerle a la inteligencia, y cómo ésta felizmente se resiste con un periodismo honesto:

1) De la página 7 del libro toma la declaración que da Ollanta Humala acerca de que estuvo en la Escuela de las Américas un mes. Para Delgado Aparicio esto es falso porque los programas que allí se enseñan duran un mínimo de 3 meses. En primer lugar, esa deducción es muy débil, podría haber incluso estado mes y medio en un curso especial… pero Delgado Aparicio recubre a su lógica de todo un carácter de necesidad y objetividad que no tiene. En segundo lugar, ¿qué prueba esto? ¿Que es un mentiroso? El tema de la duración de la estadía en algún lugar es tan irrelevante y depende tanto de la memoria, que no, no prueba nada al respecto. Esto sólo prueba la mala fe de la gente del fujimorismo. Y en tercer lugar, lo que quiere resaltar Delgado Aparicio es un supuesto currículo de técnicas de tortura que se enseñaban allí (de lo cual no ofrece sin embargo prueba alguna, a pesar del pedido de la periodista). Esa es una conclusión inatinente, que es una falacia. En su libro, al contrario, Humala dice que fue con toda su promoción por un mes y medio para aprender estrategias de combate en la selva y rechaza esta vieja mentira, que data del 2006, según la cual allí lo adoctrinaron para ser un eventual violador de derechos humanos y militar golpista. Delgado Aparicio no lee siquiera ante cámaras el texto, sino que da una reseña antojadiza aprovechando que casi nadie tiene acceso al libro que se editó y vendió en el extranjero. Así puede interpretar cualquier cosa y, obviamente, se incomoda cuando la periodista lee fragmentos completos del texto que lo contradicen. Y por otro lado, si hay un lugar donde no se atiende el respeto de derechos humanos es en el mismo Ejército peruano. Hace unos años, durante el gobierno de Toledo, la PUCP empezó a desarrollar un programa sobre esta materia en el Ejército, pero (¡oh, sorpresa!) éste fue desactivado en el gobierno aprista por el ministro Rafael Rey, ahora candidato a la vicepresidencia por el fujimorismo.

2) De la página 55, Delgado Aparicio saca de contexto A) lo de Sendero Luminoso y B) lo de Madre Mía. Lee, ahora sí, una frase: “en nuestro caso, el Estado peruano, por medio de su gobierno de turno, jamás le dio a Sendero Luminoso la categoría de fuerza regular o fuerza beligerante”. ¿Por qué Delgado Aparicio lee sólo esto? Porque de ahí, como si esa frase existiese por sí sóla y estuviese apta por tanto para cualquier (sobre)interpretación que tiene que ser además sólo la suya, deduce que el ahora candidato Humala hizo prácticamente apología del terrorismo, como si de ahí se desprendiera que el Estado debió darle al movimiento terrorista esa categoría. Esa deducción es puesta en ridículo cuando la periodista le señala el contexto de la pregunta; a saber, si en el Perú se violaban los derechos humanos o no. La respuesta de Humala es que la guerra misma es una condición de violación de derechos humanos que lleva el accionar político a medios violentos. Y agrega que como no se puede impedir eso en una guerra, al menos se estipula internacionalmente reglas de trato humanitario, según el derecho internacional, entre las fuerzas beligerantes reconocidas como tales. Y ahí es donde explica que en el caso peruano los gobiernos no le dieron ese status a Sendero Luminoso, lo cual es una constatación de facto plenamente cierta, y agrega que incluso se les dio el ya conocido manual contrasubversivo MI-41-7 que los autorizaba a matar a los terroristas aunque estos no estuviesen armados ni en combate, por el solo hecho de pertenecer a esa agrupación. Humala en ese libro manifiesta que todos tenían conocimiento de ese manual pero que él no lo aplicó mientras que otros sí y se pregunta por qué en lugar de procesar a sus compañeros de armas no procesan a los que elaboraron y dispusieron la implementación de ese manual. La explicación que da entonces la periodista acerca del fragmento descontextualizado es:

La explicación del Derecho Penal y Humanitario en este contexto es ¿por qué no los tratamos con esas normas? Porque el Estado no las aprobó. Les dio la categoría de delincuentes terroristas por su alta peligrosidad y lo avezado de su comportamiento. Entonces al no tener estas normas de Derecho Internacional Humanitario (…) no pudimos aplicar esas normas, que es una cosa completamente cierta, no está mintiendo; si les hubieran dado esas normas nosotros no habríamos tenido el problema de Derechos Humanos que tenemos hoy.

Delgado Aparicio no tiene respuesta alguna pues se evidencia la abierta mala fe de su interpretación. Es tan claro el sentido de lo que afirma Humala, que ni siquiera podría decirse que es un texto ambiguo y que la interpretación de los fujimoristas es una posibilidad. Ciertamente no lo es y revela tanto una actitud deshonesta como un coeficiente intelectual bastante bajo.

Se comprenderá además que ese manual, al legitimar el asesinato del terrorista por su condición como tal e independientemente del contexto, avalaba el abuso contra todo aquel poblador que los militares consideraran un terrorista, sin dar orientaciones que hubiesen seguramente evitado muchas matanzas perpetradas por agentes del Estado. Es cierto que los políticos responsables deben responder por eso, pero también es cierto que esto no exculpa a quien, siguiendo el manual, cometió algún asesinato. Hay una gradación perfectamente establecida en el Derecho Penal (en judicatura ordinaria, no militar) que debe ser aplicada a los casos específicos. Y en lo que respecta al Derecho Internacional Humanitario, hay que precisar que éste no puede ser aplicable en “conflictos armados no internacionales”, en cuyos casos se aplica el derecho estatal vigente, salvo por el artículo común 3 de las Convenciones de Ginebra y por las normas de derechos humanos aplicables.

3) Luego Delgado Aparicio cita una frase de Humala sobre Colombia: “no se aplica el Derecho Internacional Humanitario porque de hecho son reconocidos por el Estado colombiano como fuerzas beligerantes aunque el actual gobierno no lo acepte”. La frase es un poco ligera, pero no más que eso. No necesitaba Delgado Aparicio acudir ante ningún militar (o Rafael Rey) para informarse, pues lo que está haciendo Humala, en conexión con lo anterior, es diferenciar entre lo que sucede de hecho (es decir, de facto) y lo que está legalmente establecido (de iure). Que el Estado colombiano le haya reconocido en la práctica cierto status de beligerancia a las FARC es parcialmente cierto en cuanto hubo un período de negociaciones para deponer las armas con una serie de condiciones y beneficios, lo que se dio fundamentalmente por tener ellos gente secuestrada y prisionera por años, pero de iure no se les reconocía esa condición. La ligereza de Humala consiste en suponer que la única posibilidad de reclamar respeto a los derechos humanos viene del derecho internacional humanitario, lo que no es cierto, y de su ignorancia de lo que señalan las mismas Convenciones de Ginebra sobre los conflictos armados no internacionales. Más allá de esas precisiones técnicas, no puede serle atribuida en lo más mínimo ninguna intención apologética respecto al terrorismo.

4) El penúltimo punto señalado por Delgado Aparicio en relación con el libro de Humala apunta a que éste se expresa negativamente de las organizaciones no gubernamentales que defienden derechos humanos y él mismo, en medio de eso, afirma que APRODEH defiende a terroristas… Lo que lee de Humala, sin embargo, no es precisamente agraviante. Decir que los miembros de las ONGs reciben buenos sueldos y que “pertenecen a una elite de peruanos” (p. 53) no es llamarlos, como él y Rey lo hacen, defensores de terroristas. Rosa María Palacios vuelve a dar el contexto de esas líneas: las ONGs, según Humala, se han centrado en la responsabilidad penal de los militares pero no en la de los gobiernos que alentaron violaciones de derechos humanos. Esto permite entender mejor sus palabras, aunque sean erróneas en tanto que sí plantearon denuncias que incluían a los ex-presidentes García y Fujimori.

5) Y el último punto importante es el del “Andahuaylazo” que lideró su hermano Antauro Humala levantándose contra el gobierno constitucional de Alejandro Toledo (p. 123). Esta es la parte más “graciosa” porque Delgado Aparicio se escandaliza, hasta horroriza, de que Humala se llame a sí mismo “radical”. Con ello pretende equipararlo con su hermano, pero resulta que en el texto se dice ¡exacta y expresamente lo contrario! Como le señala la periodista, en el texto dice que, a diferencia de su hermano que es un extremista, él es un radical. Con esa distinción está claramente diciendo que él propone un “cambio profundo, ir a la raíz de las cosas” (los problemas), y que eso se puede y se debe hacer sin recurrir al extremismo violento al que recurrió su hermano; que él no quiere tener gente extremista con él porque “el extremismo muchas veces no reconoce la raíz de los problemas nacionales y por eso se equivoca en sus propuestas de solución. El radical siempre es coherente; el extremista, no”. El extremista se deja “arrastrar por una prédica distorsionada y alejada de la realidad”.

Lo mismo con el periódico “Ollanta” que editaba su hermano, al que él califica en su libro como antisistema y un poco malcriado (p. 135). Gracias a la periodista sabemos que allí señalaba que no tenía ninguna participación en ese periódico y que consta ese deslinde en los varios informes que le envió a sus superiores, en los que explicaba que su hermano había tomado su nombre sin su permiso, y que eso incluso le había acarreado problemas con su hermano y padres. Eso, dicho sea de paso, refutaría también a Jaime Bayly, porque allí dice que como militar en actividad no podía responder a la opinión pública, sino que debía responder únicamente a su Comandante General, que es lo que habría hecho. Y sobre lo de Andahuaylas afirma que su pronunciamiento en el que señalaba las fallas de la clase política y el derecho constitucional a la insurgencia tenía como fin evitar un derramamiento de sangre. Como señala la periodista, eso puede ser cierto o no, pero es lo que él señala en su libro y lo que los fujimoristas no quieren leer.

Todos estos ejemplos muestran perfectamente, como lo he dicho antes, que el fujimorismo no sólo supone un rechazo voluntario de la moralidad, sino además una grotesca negación de la inteligencia en tanto capacidad crítica. Luego de la entrevista, por el Twitter algunas personas comentaron con fina ironía que, de ganar las elecciones la candidata Fujimori, Delgado Aparicio sería el encargado del Plan Lector. Dada su mala hermenéutica, esperemos que no.

A continuación, dejo el vídeo de la entrevista al popular Saravá:

Su primera chamba: cambiar su Plan de Gobierno y sus propuestas hechas “a la champa”

Una de las críticas recurrentes al candidato Humala en esta campaña electoral por parte del fujimorismo ha sido el haber cambiado su Plan de Gobierno en algunos puntos sensibles por su “Hoja de ruta”. En el debate de equipos técnicos se mencionó de forma permanente y extenuante. Y en el debate presidencial la candidata Fujimori lo mencionó poniendo énfasis en que ella tiene un único Plan de Gobierno. Y luego promocionó su programa “Mi primera chamba”. Lo que no dijo y no saben quienes no han revisado su famélico Plan (que Rosa María Palacios ha calificado de ridículo), es que en ninguna parte del mismo aparece esbozado siquiera ese programa social que han anunciado, curiosamente, recién a partir de su paso a segunda vuelta, con un claro intento por apropiarse del entusiasmo del electorado de los dos candidatos con mayor voto juvenil (Humala y Toledo), e incluso del tercero (Kuczynski). Tanto así, que mientras que en el Plan hablaban de entregar becas universitarias (sin primera chamba y, dicho sea de paso, otra propuesta no programática y meramente asistencialista), en la segunda vuelta han dejado eso de lado porque no les dio el resultado que esperaban en votos de los jóvenes.

Por si fuese poco, la propuesta misma es un dechado de defectos. Además de limitarse a 200 mil empleos (por ser una propuesta inmediata y no un programa sostenible), se trataría de empleos precarios dada la estipulación del Plan de Gobierno según la cual sus políticas laborales deben darse en condiciones más flexibles para el empleador; es decir, reduciendo las protecciones que le pueden garantizar a los empleados la obtención o el reclamo por sus derechos, y no se basa en ningún estudio sobre las necesidades laborales, además de lo ya señalado sobre el cambio estratégico de las becas universitarias por becas técnicas. Algo que refuerza esta inmediatez de la propuesta es que se ha dicho que se destinaría un presupuesto de 100 millones de dólares por los cinco años de gobierno; una cifra a todas luces insuficiente porque eso significaría que cada joven por todo su tiempo de estudios gastaría un máximo de 1350 nuevos soles. La misma Keiko Fujimori ha desmentido (sin querer) la seriedad de esas cifras al decir que la instrucción sería en SENATI y otros institutos de prestigio (TECSUP, me imagino). Bueno pues, en SENATI la pensión más baja y sólo para algunos programas es de 180 nuevos soles, con lo que se tiene que al año el costo sería de al menos 1800 nuevos soles. Ahí tan sólo ya se superó la cifra y no se podría cubrir, como sostiene el vocero Chlimper, que el Estado entregue al centro de capacitación el costo íntegro de la misma. Y esto sin contar los programas que son más costosos (S/. 550 de pensión) y sin contar con la promesa de cubrir también los gastos de transporte y manutención. Sebo de culebra (de un pésimo matemático para ser ingeniero y empresario).

Por otro lado, en ningún momento hablan del mercado laboral. ¿Por qué? Porque no tienen la más mínima idea de cómo insertarán a esos jóvenes en el mismo. Las declaraciones de la candidata Fujimori parecen suponer que eso se produce por absorción natural y espontánea, y no por oferta y demanda. Y para empeorar más las cosas, no garantizan ninguna estabilidad, sino que promueven la informalidad al decir que esa “primera chamba” sería sólo de medio año. ¿Y después de eso qué?

Por último, ¿no existe ya un programa en funcionamiento que cumpla con las mismas funciones de lo que sin ofrecer detalles técnicos la candidata Fujimori ha presentado como “Mi primera chamba”? La respuesta es , ya existe desde el 2010 y es el programa PROJOVEN, que está definido como un programa “cuyo objetivo es brindar capacitación gratuita a jóvenes de 16 a 24 años,  de escasos recursos económicos, facilitándoles el acceso al mercado laboral a través de capacitación técnica orientada a la demanda laboral”. Lo que Keiko Fujimori y su equipo quieren vender como sebo de culebra no es pues sino algo ya existente y con los criterios que se requieren para ello.

En suma, pareciera que para el fujimorismo es condenable el cambio que resulta de una concertación pero no el que procede bajo el más estricto cálculo de marketing político. Qué cosas, ¿no? Y, de paso, echan al suelo esa capacidad lógica que nos hace demandarles un poco siquiera de inteligencia y honestidad intelectual. Ojalá la candidata Fujimori hubiese cambiado su Plan de Gobierno para mejorarlo y precisarlo en todos sus ejes, que falta le hace, en lugar de no deslindar con propuestas cuestionables del mismo (como la flexibilización laboral o la rehabilitación de COFOPRI, que fue utilizado por su padre para su re-reelección) y no hacer el populismo asistencialista y sin un mínimo sustento ni adecuación con los programas actuales, tal como lo viene haciendo.

La hija de su padre (el poder)

En una entrevista de hace años, Susana Higuchi, madre de la candidata Keiko Fujimori, declaró que lo que le robó Alberto Fujimori fue “en primer lugar, el cariño de mis hijos, por muchos años” (min. 1:20). No se trataba, sin embargo, del robo de una cosa inanimada, sino del cariño de una persona con voluntad y carácter propios, no a los 15 sino a los 25 años de su edad, cuando se supone que uno es perfectamente independiente. La siguiente fotografía habla casi por sí sola. Corresponde al sepelio del abuelo materno de Keiko Fujimori, el padre de Susana Higuchi. Tanto Keiko como su padre asistieron juntos y, como informó la prensa, en ningún momento la hija habló ni se acercó a su madre; con lo que ponía en claro que, más importante que su vínculo filial —que incluso la hubiese excusado completamente ante el padre—, era su cargo de Primera Dama y su vínculo con el poder. Esto ocurrió en el año 2000, a sólo 52 días de las elecciones por la inconstitucional re-reelección de papá Alberto. Por cosas como esta decía Platón que debe elegirse a quienes no desean el poder; lo que, en nuestro caso, sería a quien menos angurria y necesidad tiene de él.