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Sobre un comentario de León Trahtemberg y la falacia de bifurcación

El maestro León Trahtemberg, que sin duda alguna es quien más y mejor piensa la realidad educativa actual, ha comentado en las redes lo siguiente:

LAS ESCUELAS SE ESPECIALIZAN EN CREAR ALUMNOS QUE SE SIENTEN INCOMPETENTES Y FRUSTRADOS

El común de los colegios ¿qué hace sentir a los alumnos: competentes o incompetentes? Si tienen dificultades en matemáticas les exigen que estudien más matemáticas, en vez de animarlos a sobresalir en arte o historia, áreas en la que muestran gran talento. Y de modo análogo en otras áreas: dedícate a lo que no te va bien, a tus debilidades, en vez de dedicarte a aquello en lo que te va bien, a tus fortalezas.

Y aquellos alumnos que se sienten incompetentes ¿por qué habrían de disfrutar de la escuela que los atosiga con más exigencias que afianzan su sentimiento de incompetencia? No se trata de alentar una educación del tipo “haz lo que quieras, siéntete feliz”. Se trata de producir una educación que coloque retos al alcance de los alumnos que los haga sentir competentes, porque hacen cosas relevantes para sus vidas; les enseña a pensar como piensan los historiadores o los científicos (en vez de pensar memorísticamente como los monos o repetir clisés como los papagayos). (20/10/2012)

Se trata de un breve comentario de esos que uno hace casi al desgaire, es cierto, pero aun así me parece que vale la pena observar su error argumentativo, sobre todo porque mucha gente asiente con él.

El argumento es sencillo: La escuela peruana fomenta el sentimiento de incompetencia porque está diseñada de modo tal que exige que los alumnos se enfoquen en sus debilidades, en lugar de enfocarse en sus fortalezas.

Que nuestras escuelas no atiendan la diversidad de potencialidades que tiene cada alumno, eso es plenamente cierto. Se parte de una idea preconcebida de lo que debe saber todo alumno por igual. Con ello, se elude tener que recurrir a la historia de cada alumno en particular, a menos, claro, que se trate de un caso “problemático”. Dos cosas alimentan esto: el facilismo y el objetivismo a los que nos hemos acostumbrado. Es mucho más fácil y da una mayor sensación de seguridad (aparente, desde luego), tanto para director como para docentes, e incluso para padres de familia, que la directiva sea: “toma una evaluación objetiva cada semana para ver con claridad si están aprendiendo”, en lugar de: “infórmame cada mes sobre las potencialidades y las debilidades de cada uno de tus alumnos y adecua tu enseñanza a sus ritmos y necesidades”. Lo último, es decir, una educación personalizada, requiere desde luego otras reformas importantes que, al no brindar resultados tangibles en el corto plazo, no se implementan nunca. Por ejemplo, que cada salón no tengan 50 o 60 alumnos, sino, a lo más, veinte. Por supuesto que ello va de la mano con más profesores, mejor capacitados y, sobre todo, mejor pagados. El sueldo de un maestro de escuela pública en el Perú es una vergüenza incluso en comparación con nuestros vecinos latinoamericanos. ¿Cómo podemos exigir que los que nos ayudan a formar a nuestros hijos en saberes especializados lo hagan bien si les pagamos menos que al que nos arregla el sanitario? Entretanto, los defensores de la injusticia social quieren convencernos de la santidad del oficio del maestro para que se justifique el abuso en su contra como un santo martirio. En fin…

Volviendo sobre el punto. La necesidad de personalizar (des-objetivar) el sistema educativo y así ayudar a cada alumno en la medida de sus posibilidades reales, es urgente; de eso, como he dicho, no cabe duda. No obstante, hay un error implícito en lo que sostiene Trahtemberg y ese error lógico consiste en una bifurcación: o se potencian las debilidades o se potencian las fortalezas. O lo uno o lo otro. En realidad, como casi siempre, existe una tercera opción: hacer ambas cosas. No por hacer que un alumno hábil en historia desarrolle más esa fortaleza, sin obligarlo a quedarse en una media que él ya ha superado, hay que dejar de exigirle mejorar su capacidad de análisis matemático en el que puede tener dificultades. Lo uno puede y debe ir junto a lo otro. El asunto es no utilizar un criterio objetivista y para ello el sistema educativo no puede fomentar que el profesor vaya dejando de lado a los “lentos” o “incapaces”.

Por otro lado, enfocarse sólo en las fortalezas y habilidades desarrolladas hasta ese momento por el alumno, desatendiendo sus debilidades, no es sólo un error lógico, sino que implica olvidar también que esas habilidades las ha desarrollado precisamente con un esfuerzo sostenido en el tiempo. El aprendizaje es siempre un proceso y no un estado final. Eso significa que no podemos saber si en el futuro el alumno que es ahora poco hábil en matemáticas, llegue quizá a ser un matemático brillante luego de la escuela. Las exigencias deben mantenerse, pues, en ambos casos, pero de un modo personalizado.

Otro problema que el comentario de Trahtemberg deja abierto es en función de qué se determinan las “cosas relevantes para sus vidas”. Eso no puede quedar a juicios de los alumnos (o de los padres), que por su misma edad probablemente estén muy determinados por lo práctico y lo inmediato, que es además a lo que nos acostumbra nuestro entorno social. Si de pragmatismo se trata, debo señalar que en mi vida las matemáticas no tienen ninguna importancia más allá de algunas operaciones básicas que uno siempre hace. Sin embargo, con ello no estaría reparando en el aspecto pre-consciente en el que aquello que he aprendido, que puede ser poco práctico y que puedo incluso haber olvidado, sigue sin embargo influyendo de manera indirecta en quien soy actualmente. Yo aprendí eso de mi abuelo paterno, cuando me hizo notar que quizá no volvería a ver en toda mi vida un logaritmo, pero que, a pesar de ello, ya habría ganado mi mente una capacidad de abstracción que antes no tenía y que sí me serviría para resolver casos como abogado. Los “educadores” de las universidades que critican la formación de estudios generales de otras universidades y se jactan de “no perder el tiempo”, no han comprendido tampoco nada de esto; dicen ser innovadores, pero su idea de educación se ha quedado en el positivismo del siglo XIX.

Además Trahtemberg se refiere a las matemáticas por un lado y a las artes e historia por el otro como ejemplos de disciplinas enteramente opuestas. Su comentario dice al final que hay que renunciar a los clisés, pero ellos no están tan sólo en el memorismo predominante en nuestras escuelas, sino también en algunos presupuestos que, en este comentario al menos, él avala. Ese presupuesto es el de la división de las disciplinas según el modelo de la educación clásica, que es meramente multidisciplinaria: enseñar varias disciplinas a la vez, dejando que el modo como ellas se vinculen quede en el misterioso desarrollo de cada uno. En ese sentido, desde luego que es comprensible oponer una con otra. Pero si hay algo que la teoría del conocimiento actual remarca decididamente, eso es la necesidad de relacionar las distintas áreas y formas del conocimiento. Esto por la sencilla razón de que nuestra conciencia, por más modular que sea el cerebro, opera siempre sobre un trasfondo unitario, incluso en las personas con problemas neurológicos. Nosotros abstraemos y separamos campos sólo para identificar y conocer mejor sus elementos y funcionamiento, pero olvidamos eso y llegamos a creer que están así, efectivamente separados en la realidad, siendo la realidad más bien el entretejimiento de la conciencia toda. Es necesario, pues, que la educación pase de un modelo multidisciplinario a uno más interdisciplinario. Y en ese sentido, lo que las matemáticas tienen para aportar al arte (y viceversa), más allá de diferencias temáticas o metodológicas, no es poca cosa. Un alumno que aprende a integrar toda su educación en quien es y quien quiere ser, está en clara ventaja frente a aquél que sólo refuerza un área determinada o varias áreas aisladas.

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¿Cómo debería ser el futuro de la PUCP? por Marcial Blondet

El profesor Mario Castillo Freire, en un artículo publicado en El Comercio el 3 de octubre, sugiere que para que la PUCP siga siendo católica, ella debe adecuar su estatuto a la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae (ECE). Me sorprende que el doctor Castillo, siendo abogado y profesor principal de la Facultad de Derecho, no se haya tomado la molestia de leer cuidadosamente ambos documentos para comprobar si el estatuto concuerda (o no) con ECE. El estatuto de la PUCP es, en su esencia, acorde con ECE. Solo faltaría realizar algunos ajustes mínimos al texto sobre asuntos cotidianos de la vida universitaria para que la concordancia sea perfecta. Sin embargo, esto no es suficiente para el Arzobispo, quien exige además que la PUCP esté sometida a su autoridad en temas que no están en ECE, como la elección del equipo rectoral, la aprobación del estatuto, y el control académico, administrativo y económico de la universidad.

El colega afirma también que la PUCP tiene naturaleza dual, pues está sometida simultáneamente a los mandatos de la Santa Sede y a las leyes peruanas. Eso es falso. La PUCP tiene naturaleza jurídica única como institución sin fines de lucro que se rige por las leyes peruanas y por su propio estatuto. Lo que sugiere el artículo al que nos referimos (y también el Arzobispo), que la Santa Sede escoja a los rectores y vicerrectores de entre una terna propuesta por la Asamblea Universitaria, es ilegal pues viola la Ley Universitaria del país, que claramente indica que los rectores y vicerrectores son elegidos por la Asamblea Universitaria.

Le preocupa también al profesor que algún enemigo de la Iglesia Católica pueda ser elegido rector o vicerrector. Sus temores son infundados, pues todos los profesores hemos jurado respetar la identidad católica de la universidad. Si hubiere algún docente enemigo de la Iglesia Católica, él o ella deberían renunciar a la universidad. Este compromiso garantiza plenamente que cualquier docente que cumpla con los requisitos estatutarios pueda ser miembro legítimo del equipo rectoral, tal como ha sucedido durante las últimas décadas. No hay necesidad alguna de que los candidatos rectorales demuestren públicamente su devoción católica y que expongan que llevan una vida acorde con el magisterio de la Iglesia.

La libertad de cátedra en la universidad es absoluta. Dentro del aula se puede discutir sobre cualquier tema, inclusive aquellos desagradables a la Iglesia Católica. En la universidad no atacamos principios, lo que hacemos es discutir, polemizar y enriquecer el debate. Eso es parte esencial de una universidad.

Estoy totalmente de acuerdo con el profesor Castillo en que en la PUCP se respete completamente la libertad de credo y de pensamiento de todos los profesores, alumnos y trabajadores, y que la vida privada de ellos no sea razón para separarlos de la universidad, salvo, claro está, que hayan sido condenados por actos ilícitos.

La PUCP debe participar en los temas de la agenda política. Fue nuestra universidad, precisamente, una de las pocas instituciones que alzó su voz frente a la dictadura del fujimorismo y la que lideró la CVR, cuyo informe es un referente crucial para lograr la paz entre los peruanos, sin la cual el progreso del país es imposible. Castillo Freire dice que la PUCP se vio muy cuestionada por esa participación, pero muchos peruanos pensamos, por el contrario, que el hecho de haber participado activamente en esa comisión enalteció a nuestra universidad.

Nunca hubiera imaginado una PUCP desvinculada de la Iglesia Católica. Sin embargo, en este momento la jerarquía de la Iglesia no acepta a la PUCP tal como es y nos exige que obedezcamos sin cuestionar a sus demandas de cambio institucional. Pienso que ahora la universidad necesita reflexionar sobre su situación con la jerarquía de la Iglesia y tratar de llegar a una relación más amable, de respeto y tolerancia mutuos, que nos permita mantener el diálogo alturado y conservar el modelo de universidad que hemos desarrollado durante casi un siglo: el de una universidad autónoma, plural y democrática, inspirada en los valores católicos, reconocida internacionalmente por su alta calidad académica y su investigación de punta, comprometida con la formación integral de sus alumnos y con la construcción de un país más próspero, justo y solidario.

Eric Hobsbawm sobre el movimiento campesino peruano y Sendero Luminoso

La prensa peruana, haciendo gala de su mejor capacidad de investigación, se ha limitado a reproducir cables internacionales por la muerte del mayor historiador del siglo XX, el marxista Eric Hobsbawm. Sabemos desde luego que, en tiempos de la Internet, la información está más disponible, pero sólo para quien la quiere buscar y sabe además qué y dónde buscar. Con un mínimo esfuerzo podían haber recordado que Hobsbawm estuvo vinculado a destacados intelectuales peruanos y que no dejó de interesarse por la historia peruana reciente.

Fue en 1962 cuando Hobsbawm visitó por primera vez el Perú. Unos años antes los trabajadores campesinos habían empezado a reaccionar frente al abuso y el aprovechamiento de las tierras por unos pocos terratenientes para los que tenían que trabajar sin paga, sólo a cambio de una parcela de aprovechamiento propio, y que se imponían, además, sometiendo a las autoridades políticas, judiciales, policiales y religiosas. El Perú llevaba casi 140 años como república, pero conservaba un vetusto sistema feudal en el manejo de las tierras. En ese contexto, los campesinos de La Convención (Cusco), que habían empezado por pedir condiciones laborales justas, pasaron luego a cuestionar la propiedad de las tierras y, consecuentemente, iniciaron la reforma agraria ocupando las tierras que trabajaban. El mítico Hugo Blanco (que a sus casi 80 años sigue defendiendo el campo frente a las fuentes de contaminación minera) fue elegido líder del movimiento cuando llegó la represión del gobierno de la Junta Militar. Ante la violenta reacción de los militares, la base de Chaupimayo, que era la de Blanco, organizó para defenderse la columna guerrillera Brigada Remigio Huamán, nombrada así por un campesino asesinado por la policía. Sin embargo, unos meses después, Blanco sería capturado y disuelta su Brigada. El juicio contra Blanco apuntaba a la pena de muerte, por lo que hubo una intensa campaña nacional e internacional a la que se sumaron Amnistía Internacional y personajes famosos como los filósofos Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir. En 1966, Blanco sería condenado a veinticinco años de prisión en la isla de El Frontón. No obstante, a pesar de que los líderes campesinos estaban presos, el movimiento por la reforma agraria y su reconocimiento gubernamental eran ya imparables. El mismo Blanco sería luego liberado.

Desde 1962, cuando estuvo por el Perú y se entrevistó con conocedores de la realidad andina como José María Arguedas, Hobsbawm siguió con interés el curso de los acontecimientos de nuestro país. En 1967 publicó su ponencia “Problémes agraires á La Convención” (Les problémes agraires des Amériques Latines, París: CNRS, 1967, pp. 385-393, donde Arguedas publicó también: “La posesión de la tierra. Los mitos posthispánicos y la visión del universo en la población monolingüe quechua”, pp. 309-315). Y dos años después publicó: “A Case of Neo-Feudalism: La Convención, Perú” (Journal of Latin American Studies, Vol. I, 1969, pp. 31-50), en cuya sumilla dice lo siguiente:

Un caso de neo-feudalismo: La Convención, Perú

E. J. E. Hobsbawm

La provincia de La Convención, departmento del Cusco, en Perú, se hizo conocida a los ciudadanos del mundo exterior a comienzos de la década de 1960, cuando fue el escenario del más importante movimiento campesino de esa época en el Perú, y probablemente en toda Sudamérica. Esto podría legítimamente atraer la atención del historiador social. Al mismo tiempo, La Convención es una versión especial de un fenómeno más general, el cual debería interesar también al historiador económico. Es un “territorio de frontera” en el sentido americano del término; es decir, pertenece a la larga zona de tierra subdesarrollada en el extremo oriental de los Andes (el borde occidental de la cuenca del Amazonas), que ha sido objeto de asentamiento y cultivo en las últimas décadas, principalmente para la producción de cultivos comerciales para el mercado mundial, pero también para otros fines económicos. A lo largo de las laderas de los Andes hay una serie de regiones en las que, de diversas maneras, los terratenientes y empresarios penetran con propiedades y comercio, campesinos en busca de tierra y libertad. La mayoría de ellos son campesinos indígenas de las tierras altas, y el contexto socio-económico de la sierra y el altiplano determina en cierta medida las formas de la nueva economía que toman forma en las laderas orientales semi-tropicales y tropicales. Estas varían considerablemente, como podemos ver por las variadas monografías disponibles.

(El artículo completo puede ser leído aquí.)

Por último, en 1974 Hobsbawm publicó: “Peasant Land Occupations” (Past and Present, Nº 62, 1974, pp. 120-152; el texto puede ser leído aquí). A diferencia de los dos artículos precedentes, en éste no aparece el caso peruano en el título; ello se debe a que es un artículo con pretensiones generalizadoras, y, sin embargo, analiza “la forma de la militancia colectiva campesina, principalmente a la luz de la evidencia del Perú”. Hobsbawm había vuelto al Perú durante el régimen de Velasco, que había legalizado las tomas de tierras, y pudo recoger la información que necesitaba en el Centro de Documentación Agraria y con las propias autoridades de la reforma agraria. Arguedas lo había llevado en 1962 a conocer la situación cultural de los campesinos que habían migrado a Lima y que tenían una presencia importante dentro de ciertos círculos y medios de comunicación, como las radios que transmitían música y programas en quechua (Hobsbawm recuerda ese encuentro en sus memorias: Interesting Times: A Twentieth-Century Life, New York: The New Press, 2005, p. 370); no obstante, mientras que Arguedas estaba interesado en las dinámicas culturales y las cosmovisiones que ellas implicaban, Hobsbawm se interesaba por las dinámicas políticas y sus pretensiones explicativas eran sin duda mucho más científicas.

En 1992, Hobsbawm dictó un seminario sobre “El corto siglo XX” en la New School for Social Research de Nueva York. En sus clases hacía continuas referencias sobre la política peruana, de lo cual se percató el sociólogo Aldo Panfichi, que asistía al seminario y lo abordó para hacerle una entrevista. Luego de preguntarle por los cambios y continuidades en la política internacional de esos años que, como se decía, marcaban un adelantado final de siglo, Panfichi le preguntó por el Perú. A propósito de sus reflexiones sobre el fundamentalismo político y religioso, Panfichi le dice: “Escuchándolo me viene a la mente Sendero Luminoso…”; a lo cual Hobsbawm responde:

Qué curioso, estaba pensando lo mismo. Creo que esto es también una reacción similar al fundamentalismo religioso. Tengo la impresión de que los militantes senderistas deben ser gente desorientada por los dramáticos cambios sociales. Pienso que provienen de familias campesinas que repentinamente van a la universidad y se convierten en intelectuales. Cambian completamente sus expectativas de vida pero no pueden llevarlas a cabo. Sin embargo debo decir que Sendero es un fenómeno que me parece excepcional en el mundo actual. Hay pocos casos de fundamentalismo político en estos días.

Tras lo cual añade una observación que no difiere de aquellas expresadas por la CVR:

Para alguien que observa el Perú desde afuera, no es una sorpresa que, dadas las condiciones económicas y sociales de su país, exista gente que piense que cualquier solución es mejor que ninguna solución.

Y sobre la reforma agraria afirma lo siguiente:

(…) siento sobre todo un profundo disgusto por las oportunidades perdidas durante los años de Velasco. Quizá no fue un movimiento revolucionario, pero sí tenía genuinos deseos de justicia. Recuerdo esos años, cuando discutía con gente de la izquierda peruana que se oponía a Velasco diciendo que no era más que un reformismo burgués. Yo les decía: “si ustedes pueden hacerlo mejor, excelente”. Lamentablemente no fue así.

Observando hacia atrás, creo que esta experiencia fue lo más positivo de la historia peruana contemporánea, y lamento que haya fracasado. El porqué de este fracaso es algo que los peruanos deben discutir, especialmente porque no se ha encontrado otras soluciones adecuadas a la devastadora pobreza de las mayorías del país.

No he estado en contacto con Perú en los últimos años, aunque siempre leo con avidez todo lo que pasa por mis manos. Sin embargo, como un viejo izquierdista me veo obligado a decir algo más. Si en Perú yo tuviera que escoger entre los revolucionarios y los no revolucionarios, yo tomaría el lado de los no revolucionarios. Es terrible descubrir que hay movimientos revolucionarios que uno preferiría que nunca tengan éxito.

(La entrevista completa puede leerse aquí.)

Una de las causas de ese fracaso fue precisamente Sendero Luminoso. Como lo observa Blanco en una entrevista reciente:

Sendero también mató a muchos, ha matado a dirigentes obreros, ha matado a dirigentes de tomas de tierra… También sirvió como excusa al Gobierno para asesinar a líderes campesinos, para meterlos presos, para torturarlos… Todo eso llevó a un retraso tremendo. Antes de Sendero, la Confederación Campesina del Perú tenía bases en casi todo el país. Después de la guerra interna, en tres o cuatro departamentos, nada más. Ésa es una de las razones de ese retraso frente a Bolivia y Ecuador, donde el movimiento indígena ha impulsado todo tipo de transformaciones.

También estudiaron con Hobsbawm las historiadoras Margarita Giesecke (1948-2004), que redactó con su asesoría la tesis La insurrección de Trujillo. Jueves 7 de julio de 1932 (Lima: Fondo Editorial del Congreso de la República, 2010), y Scarlett O’Phelan, con la tesis Un siglo de rebeliones anticoloniales: Perú y Bolivia, 1700-1783 (Cusco: Centro Bartolomé de las Casas, 1988).

La prensa peruana parece ignorar todos estos datos de nuestra historia académica reciente. Su ignorancia no es inocente.

Universidad Católica de Lovaina respalda a la PUCP

El pasado 17 de septiembre, luego de una celebración eucarística en la iglesia de Saint-Remy d’Ottignies, Bruno Delvaux, rector de la Universidad Católica de Lovaina, dio en el Aula Magna de la universidad belga su discurso de apertura del año académico 2012-2013, tras el cual mencionó la preocupación de la UCL por la crisis que enfrenta a la Pontificia Universidad Católica del Perú y las autoridades católicas locales, ofreció el respaldo de su universidad a la PUCP y, asimismo, su disposición a ayudar en el diálogo con la jerarquía católica.

La Universidad Católica de Lovaina fue fundada en 1425. Es una de las más antiguas universidades europeas y la primera universidad católica moderna. En ella enseñó Georges Lemaître (mencionado en el discurso de Delvaux), el sacerdote y astrofísico que corrigió y convenció a Einstein sobre la imposibilidad de un universo estable y que sostuvo que el universo se originó en una explosión (el llamado “Big Bang”). El respaldo a la PUCP es el segundo respaldo dentro de la comunidad católica internacional, luego de que el General de la Compañía de Jesús autorizara a su Provincial en el Perú para hacer público el comunicado recientemente divulgado en los medios. En la UCL han estudiado numerosos filósofos de la PUCP, entre ellos su rector emérito, Salomón Lerner Febres, ex-presidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú. El rector Delvaux dijo lo siguiente:

El rector Delvaux en la inauguración del año académico 2012-2013. (Foto: Serge Haulotte)

Apertura del año académico

Louvain-la-Neuve, 17 de septiembre de 2012

Estando abierto el año académico, quiero iluminar su inicio a la luz del legado de Georges Lemaître haciendo una invocación. Georges Lemaître fue un profesor universitario eminente. Era también sacerdote. Su libertad de pensamiento y su audacia fueron correlativas a su confianza en las capacidades de la inteligencia humana. Matemático y físico, andaba a la búsqueda del sentido del universo. El encuadre de cómo se representaba las relaciones entre su disciplina y la teología se basa en la independencia de las disciplinas, una condición esencial para su diálogo.

En este sentido, yo quisiera expresar la preocupación de la UCL frente al conflicto que enfrenta, en América Latina, una universidad amiga, la Pontificia Universidad Católica del Perú, a ciertas autoridades religiosas de ese país. La Pontificia Universidad Católica del Perú cuenta con muchos maestros formados en la UCL, entre los que saludo a Salomón Lerner, filósofo de Lovaina, ex-rector y figura destacada de la democracia peruana. Esta institución conduce desde hace años una labor ejemplar de investigación y enseñanza al servicio del Perú, realizando una síntesis fecunda entre la libertad que rige toda empresa universitaria y el diálogo con la tradición cristiana. Cumple con su misión académica. ¡Realiza el trabajo que le toca como universidad! A través de mi voz, la Universidad Católica de Lovaina expresa su profunda solidaridad con su hermana peruana y espera sinceramente que se construya el necesario diálogo destinado a producir una nueva relación entre la universidad y las autoridades religiosas del Perú. Nuestra universidad está dispuesta a ayudar del modo que sea necesario a la búsqueda de una solución justa a esta crisis dolorosa.

El texto original, que puede ser leído en la página Web de la UCL, es el que sigue:

(Foto: Serge Haulotte)

Ouverture de la rentrée académique

Louvain-la-Neuve, le 17 septembre 2012

L’année académique étant ouverte, je veux éclairer son début à la lumière de l’héritage de Georges Lemaître en lançant un appel.

Georges Lemaître était un éminent Professeur d’université. Il était aussi prêtre. Sa pensée libre et son audace étaient corrélatives de la confiance dans les capacités de l’intelligence humaine. Mathématicien et physicien, il était à la recherche du sens de l’Univers. Les contours de sa représentation des rapports entre sa discipline et la théologie étant fondés sur l’étanchéité des champs disciplinaires, prérequis essentiel de leur dialogue.

A ce sujet, je voudrais dire la préoccupation de l’UCL devant le conflit qui oppose, en Amérique latine, une université amie, la Pontificia Universidad Catolica del Peru, à certaines autorités religieuses de ce pays. La Pontificia Universidad Catolica del Peru compte de nombreux enseignants formés à l’UCL, parmi lesquels je salue Salomon Lerner, philosophe de Louvain, ancien recteur et figure marquante de la démocratie péruvienne. Cette institution mène depuis des années un travail exemplaire de recherche et d’enseignement au service du Pérou, réalisant une synthèse féconde entre la liberté qui préside à toute démarche universitaire et le dialogue avec la tradition chrétienne. Elle remplit ses missions académiques. Elle fait son travail d’université ! Par ma voix, l’Université catholique de Louvain exprime sa profonde solidarité avec sa consœur péruvienne et souhaite vivement que se construise le dialogue nécessaire destiné à faire aboutir une relation renouvelée entre l’université et les autorités religieuses du Pérou. Notre université est prête à faciliter de quelque manière que ce soit la recherche d’une solution équitable à cette crise douloureuse.

“La frase de Hegel «Dios ha muerto»” (sumilla) y sobre el VIII SEF

Después de muchos años, y luego de haber participado en otros simposios y congresos, vuelvo a participar este año en el Simposio de Estudiantes de Filosofía de la PUCP. He decidido hacerlo con un tema que llevo trabajando un par de años: la significación de la muerte de Dios, que es un proyecto con el que pretendo, fundamentalmente a partir de la historia de la filosofía medieval y moderna, medir el alcance filosófico de tal “noticia”, analizar las posibilidades de validación de la religiosidad contemporánea más allá de los límites ilustrados, cuestionar las bases epistemológicas del agnosticismo y, sobre todo, abrirle paso a un ateísmo no positivista (en contra de la mayoría de ateos de la actualidad). Mi ponencia, programada para este viernes 21, abordará específicamente el modo como Hegel se apropia de la intuición artística (romántica) de la muerte de Dios y la desarrolla conceptualmente. Para quien pudiera estar interesado, copio a continuación la sumilla:

La primera mención filosófica de la muerte de Dios no corresponde a Nietzsche, que la hace suya en la línea de su ateísmo, sino a Hegel, para quien se trata de la comprensión filosófica de un momento histórico en el que se toma conciencia del acabamiento de la divinidad como ente supremo, como realidad suprasensible, para descubrir luego su transformación, su resurrección como una divinidad que permanece entre los hombres, realizándose en el dominio de la libertad humana; esto es, se trata de la muerte de Dios en el horizonte del saber absoluto y de la eticidad.

Para discernir el significado y alcance de esta concepción de la muerte de Dios, es preciso pues, en primer término, distinguir lo que este fenómeno epocal trae de suyo y el modo como Hegel lo incorpora en su sistema filosófico, elevando su forma representativa propia del arte al concepto. Concluiremos luego con una somera observación del alcance de esta concepción en la tradición posterior a Hegel.

Quisiera aprovechar para decir unas palabras sobre el VIII SEF. En primer lugar, que estoy gratamente sorprendido por la variedad de temas y autores que están siendo trabajados: desde la metafísica platónica hasta los debates filosóficos contemporáneos, pasando por la filosofía trascendental, la ética, la filosofía del arte, la fenomenología, la filosofía política, la filosofía de la historia y la filosofía latinoamericana. A mi juicio, especial mención merecen la ponencia de Juan Pablo Cotrina (UNMSM) sobre la fenomenología de Sartre, que en nuestro ámbito ha sido poco trabajada; la de Erich Luna (PUCP) sobre Quentin Meillassoux, uno de los más sugerentes filósofos franceses de la actualidad pero un gran desconocido en la academia peruana; la de Ethel Barja (PUCP) sobre Georges Didi-Huberman, importante esteta de nuestros días; y la ponencia de Míjail Mitrovic (PUCP) sobre el humanismo y el antihumanismo (contra lecturas excesivamente humanistas de Marx). Lamentablemente no contamos con las sumillas enviadas por los ponentes, que sería bueno que en estos eventos estuviesen colgadas en la Web.

En esta edición del SEF participan también como invitados especiales dos exégetas hegelianos: José María Ripalda y Volker Rühle. El primero disertará sobre la justicia, mientras que el segundo hará lo propio con la historicidad en Nietzsche. Ambas conferencias son el miércoles 19. Al respecto hay que señalar que se trata de dos buenos invitados, sin duda, pero es de lamentar que lo sean no por invitación exclusiva de los propios estudiantes, sino porque ya se encuentran en Lima para participar del Coloquio sobre Hegel que se celebra los días anteriores. Sería bueno que el SEF pudiese traer a sus propios invitados y que los estudiantes, que son finalmente los beneficiados, participen más activamente en este tema.

Por otro lado, se deja extrañar la interdisciplinariedad —que los filósofos tanto suelen elogiar en sus escritos, como la misma presentación del simposio— en las mesas magistrales. Mientras que en la Universidad se siga pensando que el estudiante de filosofía sólo puede dialogar y aprender de otros filósofos, que son además los mismos que escucha en clases, no se motivará a una interdisciplinariedad real. No hay siquiera presencia de filósofos de otras universidades, como para que se trate de un otro más tangible que aquél que teóricamente —dicen— debe interpelarnos. Felizmente ese no es el caso de las mesas de estudiantes.

Otro asunto relativo a una deficiencia generalizada de la profesión es la ausencia, tanto entre alumnos como entre profesores, de ponencias que reflejen trabajos de campo; es decir, filosofía lejos del sillón al lado de la chimenea, más vinculada con el mundo de la vida (el real, no el concepto) y no únicamente productora de exégesis que son necesarias pero insuficientes. El filósofo debiera estar obligado a realizar prácticas pre-profesionales y los simposios bien podrían reflejar los trabajos que realicen. Lamentablemente, el sillón y la chimenea son bastante cómodas y autocomplacientes, y es poco probable que esto cambie. A mi me hubiese gustado presentar el trabajo que estoy haciendo actualmente en la pinacoteca y el taller de arte del Hospital psiquiátrico Víctor Larco Herrera, pero, desafortunadamente, el compromiso de investigación me impide hacerlo antes de su publicación. Desde aquí, sin embargo, hago un llamado a los jóvenes filósofos para que vuelquen su formación al mundo. Véanlo si quieren como un retorno a la caverna. Véanlo como quieran, pero háganlo. Las razones del mundo y no las de la academia son las que demandan un auténtico reto para la filosofía (y no me refiero únicamente a la filosofía política o la ética).

La imagen elegida para el simposio de este año está muy bien (de hecho, mucho mejor que la incomprensible grafía del año pasado). Uno puede o no estar de acuerdo con el trasfondo ilustrado del dibujo de Goya, pero es un hecho que la filosofía debe defender siempre su prerrogativa racional o reflexiva, incluso con aquello que es prerreflexivo. Y, más allá de eso, es un buen síntoma que el mismo afiche (una imagen) dé que pensar.

El VIII Simposio de Estudiantes de Filosofía se realizará los días 19, 20 y 21 de septiembre en el Auditorio de Humanidades de la PUCP. El programa completo puede ser encontrado en la página Web del Centro de Estudios Filosóficos, la misma página en la que deben inscribirse quienes deseen asistir y no sean miembros de la comunidad PUCP.

Carta de monseñor Bambarén al presidente de la Conferencia Episcopal sobre la PUCP

Lima, 15 de agosto de 2012

Excelentísimo Monseñor

SALVADOR PIÑEIRO GARCIA-CALDERON
Presidente de la Conferencia Episcopal
Presente.-

Muy apreciado Hermano y Amigo:

Estando en Pariacoto del 7 al 10 de agosto para la celebración del Vigésimo Primer Aniversario del Martirio de nuestros Misioneros Franciscanos Conventuales Miguel y Zbigniew, tuvimos una profunda pena al conocer el lamentable comunicado del Consejo Permanente.

No solo es lamentable y penoso en su contenido, sino que nos duele por el daño que se hace a miles y miles de jóvenes y fieles que se sienten decepcionados de sus Obispos y afectados en su pertenencia a la Iglesia. Ustedes no solo han hecho causa común con el Arzobispo de Lima, sino que han asumido su problema y sus intereses como propios de la CEP.

No han valorado el daño que ya está hecho a una numerosa porción de la grey del Señor, que se sienten hoy como “ovejas sin pastor”.

Obediencia y fidelidad plena al Vicario de Cristo y a nuestra Iglesia, SI. ¡Yo por esto daría la vida! Pero fidelidad al Gran Canciller y sometimiento de toda nuestra Conferencia a su conducción en el caso de la PUCP, NO.

Repito: lo que era un problema local entre Arzobispo y PUCP, ha pasado a ser de la Iglesia, que antes fue marginada y ahora es instrumentalizada en daño del pueblo de Dios. Estamos perdiendo la mejor Universidad del Perú.

El caso lo reducen ustedes al ámbito canónico y legal, pero se olvidan de su repercusión pastoral. NO SOMOS LEGISLADORES, SINO PASTORES. ¡Gran responsabilidad!

Muchos nos preguntamos ¿era necesario el “comunicado”, no hubiera sido mejor y suficiente una reunión de la Presidencia de la CEP con el Rectorado de la PUCP?

Nuestras comunidades y parroquias se están desangrando no sólo por esto, sino porque muchos sacerdotes han perdido el celo apostólico, se instalan en sus despachos con horarios de atención, pero están lejos del pueblo de Dios. En cambio, las sectas están activas, van casa por casa robando las ovejas de Jesús. Crece la indiferencia religiosa. Los jóvenes se alejan. Cada día son menos los que frecuentan en sus parroquias la Misa dominical, etc, etc. Conozco parroquias en que el 50% ha dejado la Iglesia. Una profesora me contaba que a comienzo de año pidió a sus alumnos que levantaran el brazo los que eran católicos. ¡De 28 solo 2! En muchos colegios casi la mitad de los niños y adolescentes ya no son católicos.

Esto es lo prioritario y debe dolernos y preocuparnos a los Obispos.

Parece que nada de esto se ha tenido presente para sopesar las repercusiones pastorales del comunicado. Más que la Universidad, pierde nuestra Iglesia.

¡Que pena! ¡Me siento decepcionado!

Te ruego comunicar esta carta a los miembros del Consejo Permanente y a los demás Obispos. Esta carta no es RESERVADA como sí fue la que envié a Su Eminencia el Sr. Cardenal Tarcisio Bertone.

Solo me queda orar, orar, orar.

Que Dios les perdone, les ilumine y les acompañe.

Hermano en Cristo Jesús,

Firmado el original

✠ Luis A. Bambarén Gastelumendi S.J.

Obispo emérito de Chimbote

El Perú que yo conozco no es una marca. La publicidad turística como mecanismo ideológico

PromPerú ha lanzado una segunda publicidad de la “Marca Perú” que ha sido objeto de no pocas críticas por su distorsionada imagen de la realidad peruana y, además, por el pésimo momento en que ha sido lanzada. Ante ello, no han faltado quienes la han defendido señalando que en una publicidad se vende lo bonito y no lo feo. Las réplicas han insistido —con razón, por lo que explicaré más adelante— que el discurso de la publicidad conlleva una toma de posición ideológica con la que se pretende legitimar con muy poca o nula capacidad crítica una particular perspectiva como la correcta; esto es, aquella que ve al país esencialmente como una mercancía, a partir de lo cual habría además que ocultar(nos) nuestros problemas. Algunos despistados han sostenido frente a esa crítica que “la carga ideológica no está en la campaña sino en sus críticos”. Pero una cosa es no tener ideología y otra muy distinta creer que no se tiene una; es decir, no ser consciente de ella. Es triste y patético observar cómo algunas personas viven su ideología justificándola con una presunta neutralidad que es absolutamente superficial e ingenua. ¿Cuál es entonces el mecanismo ideológico implicado en la publicidad de la “Marca Perú”?

Caricatura de Cossio.

Hay que distinguir en primer término la campaña internacional de la nacional o doméstica. Esto lo hacen sus mismos defensores señalando que de lo que se trata con esta publicidad es simplemente de atraer más turistas extranjeros. Dejemos de lado entonces, por el momento, el aspecto interno que no es menos relevante, para enfocarnos en lo que está detrás de este objetivo “internacional”. Ocurre que al turista extranjero, que del Perú no conoce probablemente mucho más que la submarca “Machu Picchu”, se le presenta una visión idealizada de lo que va a encontrar si viaja al Perú, una suerte de paraíso terrenal lleno de parajes exóticos que son ciento por ciento agradables y bonitos. Sin embargo, cuando llega, se encuentra con una realidad distinta a la que se le vendió; mucho más compleja y desigual, con graves carencias y conflictos sociales. De allí que algunos turistas cuando se van digan que, a pesar de su riqueza turística, el Perú no es como lo pintan en los catálogos de publicidad. ¿Se han puesto a pensar los estrategas en el rubro cómo esa distorsión afecta a nuestra imagen generando lo contrario de lo que pretenden, es decir, desconfianza? En realidad, sí, pero allí es cuando tiene lugar la implacable aplicación de su ideología. Y es que entonces ciertos empresarios, políticos y periodistas convierten lo ideal en lo real, aprovechando el convencimiento de la gente respecto a ese Perú ideal (que la publicidad anterior ubicaba acertadamente fuera del Perú) para, sin posibilidad de cuestionar la idealización misma, culpar de ese desajuste deliberadamente creado por ellos a quienes reclaman por mejoras en sus condiciones de vida y, en la mayoría de casos, para que el Gobierno central los deje vivir en paz sin imponerles políticas que les son perjuiciosas. La ideología se hace así redonda, justificando la “mano dura” contra aquellos “salvajes” o “facinerosos” que no se quieren acomodar al ideal de la publicidad. Incluso quienes expresan con su sola existencia algo distinto a lo que ésta ofrece pueden ser reprimidos; por ejemplo, el mendigo al que se le prohíbe “molestar” al turista. El mensaje implícito es: “No me importa si te mueres de hambre, pero no te voy a permitir que me malogres la publicidad”. Claro que, como tal aplicación fanática de una ideología se hace fácilmente evidente, se recurre a otros argumentos, también presuntamente neutrales, con los que se vuelve a realizar el mismo movimiento. Argumentos como: el turismo es una de nuestras principales fuentes de ingresos. Todo eso es, en el fondo, la misma cantaleta que, independientemente de los beneficios que tenga la actividad turística, sirve también para justificar la represión de la diferencia, del que protesta legítimamente, porque en la democracia la protesta pacífica es necesaria y conveniente, y no “un acto de terrorismo porque infunde terror”, como afirma un congresista tan torpe en sus inferencias como precisamente ideologizado.

Caricatura de Álvaro Portales.

El asunto además pasa por percatarse que es una ingenuidad supina considerar a la publicidad de la “Marca Perú” como una simple publicidad para atraer el turismo extranjero, cuando claramente es usada por el Gobierno como una campaña —al parecer, permanente— dirigida también al turismo y al optimismo (eso que otra publicidad privada llama “positivismo”) domésticos. El problema, claro está, no es el optimismo en sí, en cuanto impulso vitalizante, sino cuando éste implica una sistemática idiotización del ciudadano que se encuentra mediocremente satisfecho con sus condiciones de vida y que, por lo mismo, es incapaz de atender a otra cosa que no sea su propio ombligo. En ese sentido, la “Marca Perú” alimenta un deleznable nacionalismo de poca monta, un hueco chauvinismo que por su naturaleza implica necesariamente una voluntaria renuncia a ejercer la facultad del juicio, la capacidad (auto)crítica. Ya sea bajo la forma “no puedes criticar la gastronomía peruana” o bajo la forma “tu protesta le hace un daño irreparable al turismo”.

El Perú que turísticamente yo conozco y que quiero seguir conociendo no es una marca; es un país entero, con una belleza natural y cultural que no deja de sorprenderme pero también con problemas reales que no se solucionan volteándoles la cara para sólo ver lo que me gusta y encima creer que eso es lo aceptable. En la práctica, eso conduce inequívocamente al fanatismo, aunque, claro, maquillado con una publicidad biensonante y autocomplaciente. Sí, este es otro de los problemas actuales del país “El Perú”: la complacencia con ideologías de las que no se tiene conciencia porque están cubiertas con una abstracción llamada “marca”. Como afirmaba Platón en boca de Sócrates: si hay algo peor a estar enfermo, eso es estar enfermo creyendo que se está sano.

Caricatura de Markus.

 

Adenda (05/07/2012)

Dicho y hecho: “Golpe al turismo. La Cancillería de Canadá recomendó a sus connacionales tener ‘extremo cuidado’ al viajar a Cajamarca –donde la escalada violentista ha cobrado cinco vidas en dos días– y otras zonas del Perú en las que hay conflictos sociales, informó el ministro de Turismo y Comercio Exterior, José Luis Silva.”

Caricatura de Rossell