No, tampoco (1): Las “izquierdas” por el NO

Inicio una serie de notas sobre la consulta de revocatoria o, más precisamente, sobre las campañas políticas de uno y otro lado. Como hay gentes a quienes siempre el entusiasmo les perturba la comprensión lectora, hago en esta primera entrada algunas advertencias preliminares:

El tema de la revocatoria en sí mismo no me interesa. No me interesa tampoco hacer campaña a favor o en contra de la misma. Quien quiera encontrar apoyo emocional o concordancia con su opinión, hace mal en leer lo que escribo y los remito a las columnas de Correo y Perú 21 o de La Primera y La República, según sea el caso. Yo ni siquiera diré cuál será mi voto, o incluso si votaré o no, y espero que ningún iluminado crea que puede deducirlo de estos textos. Digo esto porque no faltan, sobre todo en sociedades como la nuestra —y más aún a través de las redes sociales—, quienes, a pesar de su firme dogmatismo y precisamente por él, tienen tan poca seguridad de sí mismos y de sus creencias, que leen columnas de opinión sólo para reconocerse en “otros”; lo que no significa, lamentablemente, dejarse interpelar por el otro en su diferencia, sino pretender que éste comparta la misma opinión que uno ya ha establecido con certeza, como quien encuentra placer al mirar su reflejo en un espejo.

Por ende, mi interés en el tema es otro: advertir la incomprensión respecto a la naturaleza estética de la política, aquella que se aparta de la racionalidad tanto como de los moralismos y que se aproxima al trasfondo preconsciente de la misma, a su base fundamentalmente sensible. Es un interés exclusivamente filosófico. Y si el título se enfoca en una posición es sólo porque en ella este descuido ha sido especialmente significativo. Por “estética”, desde luego, no me refiero a lo artístico ni tampoco (no únicamente, al menos) a lo publicitario o retórico en la política, sino también a aquello que, en general, se entiende dentro de los conceptos de biopolítica (acuñado por Foucault, como se sabe) y del de antipolítica que tiene un alcance ontológico (semejante al que Kant describiese como un impulso natural a la insociabilidad). Desde que el idealismo (como platonismo popular) ha arraigado tanto en las teorías políticas modernas, estos conceptos y lo que implican no suelen sino ser tomados negativamente, como un lastre que hay que superar o evitar, incluso bajo la creencia de que para ser “criollo” en la política hay que ser también corrupto. Para mí, en cambio, se trata de algo sencillamente humano y, sólo por ello, ya lo suficientemente digno para que la filosofía le tome tal cual es. Para decirlo con Nietzsche: “Donde los demás ven ideales, yo sólo veo lo que es humano, demasiado humano”, ya que, para alcanzar “la libertad de la razón, aunque sólo sea en cierta medida”, es necesario mirar “con ojos bien abiertos todo lo que pase realmente en el mundo”, y no “atar a nada en particular el corazón con demasiada fuerza” (Humano, demasiado humano).

No está de más decir que no es éste tampoco un ensayo de cinismo. Hay cierta intelligentsia que tiene tan mal gusto y poca perspicacia que creen que si uno critica toda falsa certeza es porque, en el fondo, todo le da igual y se puede permitir ser poco serio con todo y coherente con nada. Son los que se toman alegremente eso que le diera pesadillas a Dostoievski — el “todo está permitido”. Para ellos será necesario señalar lo que Camus; a saber, que la denuncia de la hipocresía no puede servir de pretexto para el cinismo. No todo tiene por qué estar permitido, ni siquiera cuando uno se enfoca en lo sensible que está tan lejos de las moralinas. Esto quiere decir que yo sí tomo partido por una posición en este tema, pero creo que hacerlo público sólo ayudaría a la superficialidad que estoy criticando y de la que estoy francamente hastiado, tanto que no he querido por eso participar de campañas que, además de poco lúcidas (una menos que la otra), siento y pienso que son (ambas) poco serias con cuestiones de fondo, fundamentalmente con la democracia misma. En consecuencia, sólo escribo ahora porque no comparto hipocresías que encubren su trasfondo “demasiado humano” con ídolos que ya casi se caen por sí solos. De ello no se puede deducir que todo me dé igual. Hay una decisión que tomar y hay que tomarla seria y responsablemente; no como obispos, tampoco como payasos. No sería filósofo si no creyese que hay que meditarlo bien, pero, por lo mismo, no acepto los prejuicios con que quiere guiarse de uno u otro lado el voto. El lector que honestamente busque razones para inclinarse por una de las opciones, haría mal en guiarse por lo que aquí desarrollo. Mejor hará si piensa bien las cosas por sí solo o, en todo caso, si busca en la prensa a su sofista preferido.

Lima, febrero 2013.

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(1) Las “izquierdas” por el NO

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La izquierda apoyó en su momento la propuesta legislativa en la que se incluía el derecho a revocatoria. Veinte años después, recién a causa de que su uso egoísta es evidente porque ha llegado a Lima (esto se venía denunciando en provincias desde hace muchos años) y sin ningún análisis serio que evalúe la pertinencia de esta figura hoy, la revocatoria se ha convertido, para algunos que dicen ser de izquierda, en una mala palabra. Parece que ahora ella fuese por naturaleza una propuesta antidemocrática y debilitadora de la institucionalidad política (a pesar de que apela al voto democrático y está dentro de esa institucionalidad). ¿Qué es lo que ha ocurrido entonces? Según un politólogo recientemente canonizado, la izquierda ha estado “modernizándose”, dejando de ser bruta, achorada y cruenta, para adecentarse yendo hacia un democrático centro “paniagüista” (o toledista). Este buen politólogo sabe decir lo que esa “izquierda” “moderna” y la derecha quieren escuchar (eso tiene de político más que de politólogo). Pero a esa “izquierda” emprendedora (en la que no es casual que entre gente que apoya los abusos de las grandes mineras, como “Nano” Guerra que fue precandidato en Fuerza Social) le han contado un cuento que han creído verídico — un cuento que se llama ideología y según la cual se puede ser tan igualitarista como rico porque se ha entronizado al emprendimiento como el non plus ultra de la ontología social; y según la cual, para ser de izquierda (que es lo “in“), basta con tener “sensibilidad social” (con personas o con gatos, da igual), hacer uno que otro donativo u obra de caridad (por ejemplo colectas en temporada de friaje) y, sobre todo, eso está muy claro (a menos que seas un rojo cavernario con ideas trasnochadas), asumir que la modernidad, la superación de las propias taras y el abandono del violentismo, pasan también por abandonar la crítica del sistema de producción y acumulación económica, la crítica del trabajo alienado, la defensa de los derechos laborales, la actividad reguladora y empresarial del Estado, etc.; es decir, todo aquello que de algún modo puede aún hacer una diferencia objetiva entre derecha e izquierda, especialmente por lo primero. No hay mayor victoria ideológica para la derecha que hacer que los ex-izquierdistas olviden o repriman el que de eso precisamente se trataba ser de izquierda. Por otro lado, creer que se es de izquierda porque algún derechista extremo te dice que estás a su izquierda es claramente una equivocación.

Lo anterior nos lleva entonces a una primera conclusión que acaso sea la más relevante en este tema: gran parte de la denominada “izquierda” ha perdido la brújula y no sabe ya orientarse, posicionarse políticamente. La derecha sigue sabiendo muy bien qué es ser de izquierda y por eso lo censura colocándolo en el mismo paquete de lo que una nueva izquierda peruana sí debería autocriticar y dejar atrás. Incluso ciertas formas de redistribución muy acotada y de programas sociales son mecanismos que la derecha acepta porque no dejan de ser un mero asistencialismo, algo más elaborado quizá, pero asistencialismo al fin y al cabo que se puede empatar bien con la idea del éxito emprendedor y que no supone amenaza alguna a las estructuras socioeconómicas de fondo porque se trata del ripio. La misma ministra Trivelli, que para algún despistado es “izquierdosa”, lo afirma así: “Los programas sociales no tienen como meta sacar a la gente de pobre” (7/2/2013). Lo que los saca de pobre es su propio emprendimiento; por supuesto, asumiendo que todos tienen las mismas  oportunidades que no tienen. ¿Es entonces esta “izquierda” realmente de izquierda? A estas alturas, la pregunta es ya meramente retórica. Evidentemente, no lo es.

La autodenominada “izquierda liberal” o “liberalismo de izquierda”, o también llamada “centro-izquierda” (apelando a una presunta neutralidad) o, de modo más patético aún, “izquierda democrática” (como si fuera del margen puesto por la derecha no hubiese democracia), es en realidad una “derecha de avanzada”, con sensibilidad social pero defensora en última instancia de lo que usualmente se conoce como capitalismo avanzado o tardío. Es en esta derecha, que a lo más llega a ser progresista de un modo bastante confuso, donde en realidad están ubicados los que son calificados también como “izquierda caviar”. Incluso este término da cuenta de la diferencia entre derecha e izquierda, pues en nuestro país, en el que la izquierda real es casi inexistente, suele ser usado sólo por la derecha, pero nació siendo utilizado por la izquierda francesa y el uso desde ese lado, aún hoy, es otro y mucho más claro y preciso. Lo que vemos en el Perú, pues, es una pugna ya larga entre una derecha “bruta y achorada”, lo que en términos menos panfletarios sería una derecha reaccionaria, plenamente anti-igualitaria y en el fondo autocrática (a veces ni tan en el fondo), y otra derecha liberal, progresista, muy igualitaria en cuestiones morales pero no tanto en cuestiones económicas. Dicho progresismo, además, es confuso porque se basa más en un sentimentalismo de la compasión universal que en un pensamiento crítico. Una pugna entre dos tendencias de la derecha: eso es. Por su parte, la izquierda peruana está también dividida (vaya novedad) entre quienes andan políticamente perdidos, no saben muy bien cómo “adecentarse” y lo hacen con un partido (Fuerza Social) que deja de ser partido en tiempo récord y que, aún así, los bota cuando ya no le sirven, y los pocos que sí hacen una pequeña labor de izquierda a través de los sindicatos, por ejemplo, o de los movimientos campesinos.

No deseo extenderme en esto que sí debe ser analizado con más detalle pero no acá, pues a lo que quería ir es a identificar tres, sólo tres ejemplos que muestran que la alcaldesa de Lima y sus defensores acérrimos de “izquierda” no sólo no son de izquierda por lo antes dicho, sino que, además, no tienen una auténtica preocupación social o, en todo caso, que la ponen entre paréntesis con mucha naturalidad cuando no les conviene.

Ejemplo 1: Los parados de La Parada

La alcaldesa Villarán quiere ordenar la ciudad y continuar con las obras que empezó su antecesor. Loable y necesaria labor. Les dijo a los transportistas que no podían competir con la ruta del Metropolitano por el contrato que había firmado la Municipalidad, los sacó de esa ruta, hizo propaganda de su “reforma del transporte” para obtener respaldo ciudadano, y, al final, los transportistas volvieron a la misma ruta, sin que la Municipalidad haga ya algo y sin que sus seguidores, tan prestos para la publicidad por el NO, hagan tampoco algo al respecto (como una campaña de los mismos ciudadanos en las calles, por ejemplo). Luego fue a botar a los comerciantes de La Parada para que se vayan al nuevo mercado mayorista de Santa Anita. Lo empezó a hacer de un modo “democrático”, según sus entusiastas; es decir, no los botó, sólo prohibió a los camiones que ingresaran. El operativo posterior, como es público, fue un fiasco y ella tuvo que asumir su responsabilidad. Ni siquiera el alcalde de La Victoria estaba enterado del operativo que habría en su distrito. Lo que, sin embargo, pasó desapercibido para Villarán en todo momento fue el destino de los comerciantes minoristas, aquellos que estaban impedidos de integrarse al nuevo mercado y que eran los más vulnerables, los de menos recursos, los que su propia teología liberacionista le exhortaba a proteger. Ni siquiera por eso. Tuvo la derecha que, estratégicamente desde luego, ponerse del lado de los minoristas y tuvo que generarse revuelo en la prensa, para que recién la alcaldesa, luego de decir que para ellos habría otros lugares, diera su brazo a torcer y, con el gesto “democrático” que la caracteriza, los aceptara también en el mercado de Santa Anita.

No sé cuántas veces, innumerables ya, le he escuchado a la alcaldesa ponerse en los pies —o eso decía al menos— del ama de casa, la de Carabayllo, la de Comas, la de San Juan… No obstante, en lo de La Parada tampoco pensó en las amas de casa o en las muchas personas que no van a supermercados y que compraban ahí sus productos para sus casas o bodegas porque les salía mucho menos costoso. El pueblo con pocos recursos, no importa. Como diría cualquier facho: el orden es lo esencial. Pero como el dios de los liberacionistas es juguetón y el peruano es fiel al libre mercado, terminó creándose La Paradita, con lo cual la autoridad, una vez más, terminó quedando en ridículo.

"Peso importante", caricatura de Carlos Lavida publicada en El Otorongo.

“Peso importante”, caricatura de Carlos Lavida publicada en El Otorongo.

Ejemplo 2: Lo que el río se llevó

Villarán no tiene mala voluntad, de eso no hay ninguna duda. Pero a veces tampoco tiene una voluntad firme cuando debe, como con la empresa brasilera contratada por la Municipalidad para el Proyecto Vía Parque Rímac. El problema de fondo en lo que a esta nota interesa es éste: la alcaldesa se dice de izquierda pero, en lugar de defender los intereses públicos de los ciudadanos que votaron por ella, exigiéndole a la empresa explicaciones claras y convincentes en nombre de esos ciudadanos por los claros errores cometidos, prefirió ponerse del lado del capital privado y defender al contratista como si fuese la misma Municipalidad la que hacía la obra, poniéndose a dar explicaciones que luego la quemarían a ella sola. Dijo que era una obra de gran ingeniería y que no se estaba filtrando más agua de la prevista para que pasara por los drenajes. Al día siguiente, se rompió el muro y el río inundó la obra. Lejos de corregirse ahí mismo, la señora Marisa Glave hizo el ridículo con una defensa más cerrada todavía, afirmando que esas inundaciones estaban perfectamente previstas y que no había ningún problema, mientras que en la otra mitad de la pantalla se veía a los trabajadores tratando de recuperar los vehículos y máquinas que habían quedado en medio del río, y mientras se mostraba en las redes que en el plan de la concesionaria no había prevista una inundación. Con ello, Villarán y su equipo no sólo demostraban que no tienen astucia para saber torear las situaciones adversas adecuadamente, sino que, sobre todo, tampoco tienen las cosas claras respecto a su lugar como funcionarios y la importancia que tiene para una autoridad que realmente es de izquierda el mantener la independencia de la institución pública sin convertirla en protectora de los intereses de las grandes empresas, como hace por otro lado el Gobierno central prestándole policías a las grandes mineras. Y es que no es sólo una cuestión de olfato político o de “mala comunicación”, como se dice. Es una cuestión de incoherencia entre lo que se dice ser y lo que se es.

Caricatura de Andrés Edery publicada en El Otorongo.

Caricatura de Andrés Edery publicada en El Otorongo.

Ejemplo 3: El soldado desconocido

Si salen revocados la alcaldesa y todos los regidores actuales, entraría como alcalde provisional el primer accesitario por Fuerza Social, el mismo que, según los seguidores de Fuerza Social, es un desconocido al que no han elegido. Resulta que en Fuerza Social, que ya no es partido por no pasar la valla electoral, dicen estar haciendo una política seria, no como “la tradicional”, y sin embargo no sólo no conocen a la gente de su lista a la que, de ser así, sólo habrían metido para llenar cupos, sino que, además, tienen la irresponsabilidad de decir que a él no lo eligieron. Bonita seriedad. Cuando se elige una autoridad se elige también a todo su equipo y a todos los regidores, incluso a los que quedan como accesitarios. Es sumamente irresponsable decir: “yo no conozco a este señor que fue en mi lista”. En realidad no es que no conozcan a Fidel Ríos Alarcón, al menos la cúpula de Fuerza Social sí lo conoce, lo que pasa es que les conviene presentarlo como alguien enteramente ajeno, extremista (por ser del Partido Comunista Peruano, aliado de Fuerza Social en la campaña) y, en buena cuenta, apelar al miedo, ese viejo enemigo durante la campaña. Así es la política para Fuerza Social, tan fluctuante según las conveniencias como puede serlo para el APRA, por ejemplo. Si en verdad están comprometidos con la ciudad, como dicen, y si finalmente sale revocada Villarán, sería bueno que ofrezcan su ayuda a la gestión temporal que tendría Ríos, en lugar de anunciar para la ciudad el caos y el terrible comunismo.

Ahora bien, todo ello es entendible dentro de la lógica de una campaña y siendo que en Fuerza Social nunca se han sentido peculiarmente allegados a los grupos socialistas o comunistas (en su interior respaldaron de manera casi unánime la decisión de Villarán de separarse de ellos). Lo que sí resulta francamente penoso es que supuestos líderes jóvenes de “izquierda” apelen a lo mismo. ¿Alguien que pretende ser de izquierda, que pretende un rol protagónico en ella y que dice: “ténganle miedo al comunismo”, “yo no conozco a estos del PCP”? ¿Es en serio? Lamentablemente, sí. ¿Se imagina a Camila Vallejo diciendo lo mismo en Chile? Felizmente, no. Por allá sí hay una tradición de izquierdas sólidas y coherentes.

Caricatura de Andrés Edery publicada en El Otorongo.

Caricatura de Andrés Edery publicada en El Otorongo.

A modo de conclusión

Con todo lo escrito —perdón por la extensión—, lo menos que puede permitirse una izquierda sensata en el Perú es abrazar sentimentalmente una causa que le aparta claramente de aquello a lo que está llamada a criticar. Incluso, ya puestos en ello, supongamos que por su debilidad y la necesidad de buscar aliados donde pueda, incluso entre quienes antes los botaron, tampoco es sensato que su apoyo sea un cheque en blanco, sin condiciones, sin una agenda propiamente de izquierda. Hay causas de la izquierda que sobrepasan a Villarán o a quien finalmente ocupe el sillón municipal. Esas causas, con el viejo espíritu crítico de Marx y no con el demagógico de Levitsky, debieran ser el derrotero de toda izquierda moderna en todo curso de acción. De lo contrario, su destino sólo podrá ser la mediocridad y la hipocresía cómplice con el status quo que Mariátegui, al referirse al “socialismo reformista”, tanto detestaba.

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5 Respuestas a “No, tampoco (1): Las “izquierdas” por el NO

  1. Jose Antonio García Morollón

    El socialismo reformista, es un paso hacia la social democracia, que desde el Marxismo, basado en otra época y realidad se niega como pensamiento de izquierda, pero adueñarse del concepto izquierda y derecha, según nuestro propio pensamiento es mezquino. La consideración va más allá de un miramiento cortoplacista, una izquierda moderna pone énfasis en el papel de la Administración, en el orden social y la adecuada redistribución de la riqueza, ahí poner sobre la mesa las situaciones irregulares que mueven intereses particulares (transporte informal, minería informal, comercio informal) y que a la larga, permiten las situaciones poco transparentes (populismos que se cambian por votos) que interesan al funcionamiento de una sociedad rancia y reaccionaria con los derechos de los ciudadanos, desde un pensamiento de izquierda que basa en la igualdad de oportunidades, un reparto justo de la riqueza y en la contribución de todos, a un estado de bienestar que asegure cuando menos necesidades básicas ha de tener mucho cuidado con dar la razón a quien en su estado de pobreza clama justicia por la ventana, y en su ignorancia abre la puerta a la injusticia con sus actos.
    Hoy en día el peligro existente en identificar a la verdadera izquierda como aquella que se pronuncia contra las autoridades, empresas y capital, dibulgando su defensa por los más débiles, consiste en una mera demagogía, cuando por otro lado ese ejercicio no se hace con coherencia, como es el caso de que los abanderados de la actual “verdadera izquierda peruana” no se pronuncian con contundencia frente a la minería informal, el comercio irregular, la corruptela de sus dirigentes, etc..
    La izquierda ha de lograr sus objetivos sólo si actua atacando el statu quo de la informalidad, modificando la legislación en favor de una incorporación al accceso a derechos fundamentales y una redistribución de los recursos y su cuidado, sin que por ello todos quedemos satisfechos o levantemos la bandera de la izquierda como nuestra.

  2. No se trata de adueñarse de ningún concepto, eso dejémoslo a los partidos. El asunto es otro: determinar criterios objetivos a partir de los cuales se pueda ubicar objetivamente determinadas acciones (ni siquiera a las personas mismas), y no según lo que cada uno crea pues con ello no podría salvarse la posibilidad del engaño ni de la contradicción performativa.

    Lo de “otra época y realidad” es también parte del engaño superficial que se suele caracterizar como “ideas trasnochadas”. ¿Vivimos realmente en otra realidad? ¿Los mecanismos de producción y consumo del capitalismo ya no son alienantes? ¿El trabajo es ahora estable y digno? El mero paso del tiempo no es criterio para invalidar una idea o una distinción analítica.

  3. José Antonio García Morollón

    Si vivimos otra realidad, hoy en día hay instituciones garantes de derechos, la clase obrera formal puede pugnar por la dignificación de su trabajo, y de hecho ese es el paso a la verdadera satisfacción del ser humano, o acaso es menos alienante una fabrica en Corea del Norte o China. El reparto del trabajo, la estabilidad en el empleo, la seguridad en el trabajo, los derechos laborales, incluso la salud y la educación, están hoy por hoy en un estatus totalmente diferente al de hace un siglo, o unas pocas décadas, y no es trasnochado decir que hay otra realidad, importa ser útopico, es más debemos de estar fijados en el máximo de utopía, pero con una base real. Analiticamente las cosas si han cambiado, hacen falta nuevos lideres, nuevas ideas y menos retóricas.

  4. Para muestra, un único ejemplo: a los empleados del Ministerio de Trabajo no les pagan horas extra. Y que yo sepa, nadie de Fuerza Social va a luchar por ellos. Es su propio sindicato el que tiene que hacerlo.
    La estabilidad laboral en el Perú es de las más bajas de la región, con mucha gente contratada sólo por 3 meses, incluso en el Estado. La educación es sencillamente la peor de la región. Y la única salud “buena” es la privada. ¿Se atiende Ud. en el seguro social? ¿Sabe cuántos meses tiene que esperar un paciente por una cita y otros tantos para que haya las medicinas que requiere?
    Con todo respeto, a mí me parece que esa “base real” necesita precisamente ser más real y menos retórica.

  5. José Antonio García Morollón

    Y eso solo se conseguirá con la formalización, pasando del mero discurso a los hechos, con la mejora de los servicios PUBLICOS sociales, educativos y sanitarios, que hoy por hoy con sus errores existen, y dan posibilidad incluso de reivindicar su mejor desempeño, anteriormente esto estaba al libre alvedrío de la “CARIDAD”.
    Si el Ministerio de Trabajo no paga las horas extras, o el minero ílegal trabaja a destajo sin seguro, sin control y sin nada, no corresponde solo a Fuerza Social o a los sindicatos su reivindicación, sino a todos, y la lucha en ambos casos debe de ser por la eliminación de las horas extras por ley (de todas las horas extras, exceptuando las de fuerza mayor por desastres naturales o siniestros) y luchando para que nadie esté al margén de tener un contrato de trabajo que dignifique su persona.
    La contratación temporal ha de ser causal y justificada y en eso la Ley debe de ser clara, cuando se contrate una obra o servicio determinado o cuando se contrate una campaña o hecho añadido excepcional, y el uso de la contratación temporal para actividades permanentes y propias debe de considerarse un Fraude de Ley y ser sancionada, para eso también hace falta una sociedad que de un paso hacia la formalización.
    Hoy en día es indentificable cuando se defrauda, el problema esta en considerar que unos estén autorizados a defraudar y otro no.

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