Donar ropa para el friaje y sentirse bien

Llega el invierno y se repite la historia de cada año: hay que juntar frazadas, chompas y fideos para que los niños no mueran en el sur andino por causa del friaje. Me llega una invitación virtual para colaborar con la colecta que organiza un grupo que se define políticamente como un grupo de izquierda. Que quienes dicen ser de izquierda estén movidos fácilmente a la acción, eso es seguro. Que estén igualmente movidos al pensamiento, esto es, a la teoría crítica, me parece menos seguro. Yo al menos me pregunto si los niños mueren realmente a causa del friaje, que es lo que la prensa nos dice. Si es así, ¿por qué esto no era tan grave antes? ¿Por qué cada año mueren más niños si se envían toneladas de donaciones? Bastan unas pocas preguntas, como estas, para darse cuenta que tanto el diagnóstico como la solución caen en una circularidad superflua, sin explicaciones de fondo y, por ende, con una fe bastante ingenua en el asistencialismo (sobre todo para quienes dicen ser “de izquierda”). Al hacer esas donaciones, entonces, ¿no estaremos haciendo algo profundamente mal y sintiéndonos a la vez demasiado bien?

No es que cada vez haga más frío; al contrario, el calentamiento global hace que en cada helada la temperatura altiplánica baje menos. ¿Por qué entonces no tienen una mayor sensación de calor y la tasa de mortandad infantil crece? La alternativa es clara: se están abrigando menos. ¿Les hace falta más frazadas y chompas, acaso? Ante las toneladas que se envían, no parece ser ese el problema. ¿Entonces…? Entonces la explicación se va perfilando mejor: el abrigo que les enviamos es ineficaz y ellos ya no cuentan con el abrigo propio con el que antes contaban. Por ahí va el asunto, y una cosa está vinculada a la otra. Al no proteger la producción de lana de las comunidades andinas, el ingreso de productos sintéticos importados ha sido devastador, con el resultado de que los niños ahora se abrigan mal con esa lana sintética. Y para colmo, nosotros enviamos chompas y frazadas con ese mismo material.

Otro asunto es el de la vivienda. En lugar de mejorar las casas construidas con adobe y paja, que son materiales que conservan el calor del día para la noche, los programas de vivienda tuvieron la brillante y moderna idea de que una casa no es buena si no es “de material noble”; es decir, del cemento y calamina que hielan en las noches. Si además les decimos a los pobladores que esas viviendas son mejores, que esa ropa es mejor, les estamos haciendo un daño peor aun. Y a eso hay que añadirle el tema de la alimentación. No sólo sucede que los programas estatales de nutrición infantil son demasiado esporádicos y por eso mismo ineficaces, sino que nosotros también enviamos comida inútil. Los fideos y tallarines, por ejemplo, llenan la panza pero no nutren. Eso nos dice cómo la mayoría de personas dona o bien lo que les sobra o bien lo que creen que puede servir sin saber en absoluto cuál es la condición de los destinatarios. Pero lo peor no está en lo que se dona o no, sino en que, dejando que el libre mercado haga lo suyo, hemos desprotegido la producción de quinua, tarwi y cereales que esos niños consumían. ¡No hemos sabido proteger la vida y creemos que las causas de estas muertes son naturales! Pero le colocamos a las campañas de donaciones frases bonitas y tranquilizadoras como “abriguemos corazones” y asunto arreglado: nos olvidamos de lo que causamos sintiéndonos bien.

La verdad es que llegamos a una conclusión desoladora: no es que las muertes por el friaje sean accidentales y nuestra responsabilidad se limite a reducir el daño “natural”, sino que nosotros, con nuestra modernidad ajustada a un capitalismo embrutecido, somos los causantes de muchas de esas muertes. En medio de eso hay quienes creen que lo único que nos cabe hacer es donar abrigo que no abriga y comida que no nutre. Algunos de ellos dicen incluso ser de izquierda, pero una cosa es llamarse de izquierda y otra distinta serlo. Llamarse de izquierda sin criticar las condiciones materiales reales, sino contentándose con explicaciones facilistas y con mero asistencialismo, eso es ser caviar, y punto. Ahora, ¿qué hacemos para revalorizar la producción de lana del sur andino, mejorar sus niveles de nutrición y el calor de sus viviendas? ¿Qué hacemos para impedir que esta estúpida idea de modernización siga generando un infanticidio culposo encubierto?

Anuncios

2 Respuestas a “Donar ropa para el friaje y sentirse bien

  1. liliana jordan

    Tengo ropa de invierno en buen estado para personas mayores, quiero saber donde acudir para donarla.
    Agradecere se comunicquen conmigo

  2. Puede donarla a varias instituciones que hay en la ciudad. Una es la casa de ancianos San Martín de Porres, Jr. Callao 535, costado del santuario de Santa Rosa. 423-0705.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s