El foco quemado en El Comercio

El editorial de hoy en el siempre tan objetivo e imparcial diario El Comercio se pretende iluminador respecto al conflicto entre la PUCP y la Iglesia católica. Sencillamente, no lo es. Veamos por qué.

1. Dice que los representantes de la PUCP (nótese que no da nombres) no hablan de lo central; a saber, el derecho que tenga o no la Iglesia, sino únicamente de “el uso que, de reconocérsele, podría dar la Iglesia a este derecho (obstruyendo, por ejemplo, toda investigación científica y desarrollo teórico que pueda oponerse a la doctrina católica)”. En el mundo real, y no en la fantasía del editor, lo cierto es que este punto ha sido planteado como un tema relevante —y ciertamente lo es— pero nunca como el tema central. Desde el comienzo la estrategia de la PUCP se ha concentrado en lo jurídico, con el Arzobispado primero y luego con el Estado del Vaticano, al punto incluso de descuidar lo político en el asunto. Es más, yo sí creo que debía colocarse en el centro también “el uso que…”, porque más allá de lo jurídico, la dimensión histórica sólo se capta al observar que las decisiones de la Iglesia romana (más allá de Cipriani) obedecen a un férreo control institucional centralizado que se inició en el siglo XII y que, tras reforzarse en Trento y Vaticano I, no tiene visos de acabar (al menos en las pretensiones de los eclesiásticos), y que luego de los monasterios, que pasaron a ser poco influyentes en la modernidad, se enfocó en las instituciones educativas hasta ahora. De todos modos, el punto es que el editorial de El Comercio es, por decir lo menos, “inexacto”.

2. Luego sostienen que los “hechos que hablan a favor de la posición de la Iglesia son poderosos”. Se basan en dos: el primero, que la Universidad habría sido creada dentro del derecho canónico (asumiendo que eso la marcaría de por vida y que ese derecho privado está por encima del nacional) y que no existían las asociaciones civiles en el derecho peruano de la época; el segundo, que en los estatutos de 1956 diría que la Universidad fue fundada “por la Congregación de los Sagrados Corazones” con “aprobación de todo el episcopado” (bajo el supuesto de que, por alguna razón que sólo dios conoce, esos estatutos estarían por encima de todos los demás). Sobre esto hay que aclarar lo siguiente:

a) Decir que la Universidad se fundó sobre la base del derecho canónico es dar cuenta de una gran ignorancia respecto a la historia del derecho peruano. En 1915, no sin la esperable condena y satanización de los representantes católicos, la libertad de culto fue declarada en el Perú como un principio constitucional. A partir de entonces se fortaleció la potestad política y administrativa del Estado sobre una serie de asuntos; entre ellos, la educación universitaria. Por eso mismo fue un logro para Dintilhac obtener del presidente Pardo el permiso para operar como universidad (1917). Sin la autorización del Ministerio de Justicia, Instrucción y Culto, sencillamente la creación de la Universidad Católica no hubiese sido legalmente posible, por más autorización que diera el Vaticano, lo cual además no ocurrió oficialmente sino después. En 1921, el arzobispo Emilio Lisson no quería aún aceptar la creación civil de la Universidad Católica, pero fue finalmente convencido por Dintilhac. El título de Pontificia se le concedió a la Universidad recién en 1942. De las tres, sólo la ley peruana era y sigue siendo una condición sine qua non. El abogado del Arzobispado, Natale Amprimo, sigue diciendo que la Universidad fue fundada “en el amparo de las leyes eclesiásticas” pero sin señalar qué ley eclesiástica autorizó y dispuso la creación de la PUCP. ¿O acaso pretende que la Resolución Suprema del 24 de marzo de 1917, firmada por el presidente de la República José Pardo y por el ministro Wenceslao Valera, es una ley eclesiástica?

b) Es sintomático cómo los defensores de la Iglesia apelan al pasado para señalar que así como las cosas fueron alguna vez, así deberían seguirlo siendo para siempre, aun cuando en ese origen no hubiese nada de lo que es el Vaticano hoy. Nietzsche sabía bien de esa obsesión por los orígenes y con su método genealógico la criticó certeramente. En el caso de la PUCP sucede lo mismo, con el agravante de que se miente deliberadamente al decir que fue la Iglesia la que fundó la Universidad. De cualquier modo, si es verdad que a la gente de El Comercio les preocupa el respeto de la ley, entonces deben saber que el derecho peruano actual no permite la modificación que el Vaticano desea. Independientemente de si en 1956 había compatibilidad o no entre la ley peruana y la eclesiástica, el derecho es cambiante y es claro que hoy no la hay. Ni siquiera bajo la forma de elección de candidatos, porque se dispone la restricción de que estos deben ser “idóneos” y porque la decisión final (y esto se llama soberanía), recae sobre un Estado extranjero y no sobre la misma asamblea. La “rebeldía” de la PUCP, por otra parte, se basa en que en ningún lugar de la constitución Ex Corde Ecclesiae se pone ese requisito de elección; es más, el artículo 3, numeral 4, dice claramente que el requisito de aprobación de los estatutos no es para las universidades católicas fundadas por laicos, como la PUCP, sino sólo para las eclesiásticas. Si la PUCP hubiese sido fundada por la Congregación de los Sagrados Corazones, como se dice, ¿por qué esta congregación no estuvo nunca involucrada? ¿O por qué entonces se le llamaba en la época “Centro Dintilhac” o “Escuelita del padre Jorge”? ¿Y dónde quedan entonces los laicos que participaron en su fundación?

El editor de El Comercio afirma que “ni siquiera existían en la fecha las asociaciones civiles en el Perú”. En efecto, las asociaciones civiles se dan a partir del Código Civil de 1936, por lo que el mismo padre Dintilhac la inscribió como asociación civil en 1937. Pero el punto es que existen ahora y que la PUCP está ahora legalmente reconocida como tal. El derecho funciona así. Es un pésimo hermeneuta del derecho el que pretende que un status quo de hace casi cien años prevalezca por sobre el derecho nacional vigente. Más aún si pretende que un vacío legal de esa época tuviese en el ordenamiento civil que ser suplido por el derecho canónico. Amprimo dice que el problema se debe a que “en los últimos años las autoridades han ido modificando sus estatutos sin consultarle a sus dueños”. Primero: la Iglesia no es dueña de la PUCP como ha sido largamente demostrado. Segundo: la soberanía estatutaria de las instituciones eclesiásticas, según el Concordato de 1980, corresponde sólo a los órganos que forman parte de la jerarquía de la Iglesia. Por eso mismo Juan Espinoza Espinoza distingue entre “asociaciones religiosas” y “asociaciones civiles con fines religiosos” (Derecho de las personas, Lima: Huallaga, 2001, pp. 457-458). Sólo las primeras deben someter sus estatutos a la Iglesia y la PUCP no es parte de ellas; de hecho, ninguna universidad, aunque hubiese sido fundada por la Iglesia, podría serlo porque su naturaleza misma hace que sus miembros estén fuera de la jerarquía eclesiástica y deben por tanto guiarse por lo que manda la ley peruana. Y tercero: la jurisprudencia del Tribunal de Registros Públicos ha establecido que

No se requiere la autorización previa de la autoridad eclesiástica cuando se modifica el estatuto de una asociación civil entre cuyos fines se encuentra la difusión de la fe católica, cuando su organización y estructura guardan concordancia con las normas del Código Civil” (Res. Nº 736-2005-SUNARP-TR-L).

Ergo, sólo el derecho civil peruano es vinculante. Más claro no puede estar.

Viñeta "Kuraka" de Juan Acevedo (detalle), publicada en El Otorongo.

3. Dicen también que la autonomía no viene al caso porque “la autonomía se garantiza contra el Estado, no contra el dueño”. Seguramente, en la mentalidad de liberalismo estrecho que tiene quien escribe, eso es así, pero el principio del liberalismo —fundamentalmente de sus vertientes moral y política— no se limita únicamente a una defensa de la libertad individual frente al Estado, sino también frente a toda otra fuente de coacción. En ese sentido, no es de extrañarse que una larga tradición liberal en el catolicismo, que data por lo menos del siglo XIV, haya afirmado la libertad individual del creyente en contra de la Iglesia. En esa tradición, despreciada siempre por quienes se agrandan cuando el Estado les impone una restricción pero que se arrodillan y rezan cuando es la Iglesia la que lo hace, se gestó el respeto por las leyes nacionales y el laicismo, entendiendo que esa separación entre moral católica y derecho nacional era ella misma un mandato religioso. La autonomía, pues, aunque no quieran los dueños del periódico aceptarlo, está en el meollo del asunto.

4. Que los argumentos de quien escribe son, más que simples, simplistas, lo muestra cuando afirma que la posición de la PUCP “implica estar dispuestos a asumir un robo (a la Iglesia) con tal de tener una universidad diversa”. ¿Analiza críticamente, al menos un poco, el supuesto de que la Iglesia sea la dueña? En absoluto. Por ligerezas como estas es que hay por allí gente sin criterio que cree que por el sólo hecho de llamarse católica ya le debe pertenecer a la Iglesia. Dice el editorial que “si estamos en un Estado constitucional, los derechos que tiene cada cual deben determinarse según la ley y no según si a los demás nos parece bien o no”. Pues bien, la Ley Universitaria, en concordancia con los principios constitucionales pertinentes, determinan que las asambleas son instancias autónomas y que sólo ellas son las encargadas de elegir al rector. A la Iglesia católica se le da, según el Concordato vigente (que es otro tema de vergüenza nacional), la facultad de regir con su derecho privado sólo a los seminarios e institutos teológicos. De modo que, más allá del caso de la PUCP, si alguna universidad que la Iglesia cree y administre eligiese a su rector por decisión o influjo del arzobispo, la Asamblea Nacional de Rectores podría aplicar la Ley e imponer sanciones a la Universidad exigiéndole la adecuación de sus estatutos a la ley nacional. (Y éste sí es un tema del que nuestro ilustre periodismo de investigación no informa.)

5. El editor de El Comercio cree que las tinieblas medievales son luminosas. Por eso enfatiza lo del “pésimo ejemplo” que darían las autoridades a los alumnos (como si estos fuesen críos en pañales) al supuestamente manipular el tema… ¡Qué tal conciencia! Además, si el que escribe es de aquellos seres precarios que actúan básicamente por imitación, a pesar de su avanzada edad, ese es asunto suyo; que no nos meta a los estudiantes universitarios en su grupo.

6. Y se afirma también en la columna que las autoridades han pasado por encima “ya varias veces en el conflicto paralelo sobre la herencia de Riva-Agüero, de lo que disponen los tribunales”. ¿No es acaso el abogado del Arzobispado, pasándose de “vivo”, quien quiso aprovechar un exceso meramente interpretativo y no vinculante del Tribunal Constitucional para pedir que se le dé la razón al Arzobispado sin siquiera iniciar un juicio sobre dichos bienes? ¿No fue acaso que el Poder Judicial, en doble instancia, rechazó esta pretensión? Entonces, ¿quién es el que pretende pasar por encima de los tribunales y no acatarlos? ¿Quién el que desinforma y quiere manipular?

7. El editor se escandaliza porque los representantes de la Universidad digan que el rechazo de los actuales estatutos por parte del Papa (que no es sino el rey del Vaticano) no es un verdadero problema, toda vez que el término “católico” no es de exclusividad de la Iglesia, por más que el derecho canónico, inaplicable en nuestro ordenamiento civil y registral, así lo estipule. Dice que se opone a los sectarismos de cualquier tipo, pero la “imparcialidad” de la que hace gala la columna se limita a señalar que Cipriani es un personaje nefasto para la apertura intelectual; nunca pone en la menor duda el presupuesto indemostrado de que la Iglesia sea la propietaria, en cuyo caso, aun si así fuese, no podría ésta “manejar su propiedad como mejor le parezca”. Las universidades no son propiedades cualesquiera y eso deberían saberlo los Miró Quesada por propia experiencia. Como se ha dicho, por más normas privadas que tenga la Iglesia, en la elección de autoridades toda universidad debe someterse a las leyes nacionales. En caso contrario, puede y debe ser inhabilitada.

Estas observaciones desde luego no pretenden que los fanáticos dejen de pensar como piensan. Están dirigidas más bien a quienes quieren seriamente hacerse una opinión informada sobre el tema. El Comercio, en cambio, lanza opiniones desinformadas sobre esto como lo ha hecho siempre sobre muchos otros temas. No se quiere tampoco que un periódico con una dudosa reputación a lo largo de toda su historia sea ahora una lumbrera del periodismo nacional, pero hay que decirles a estos señores que para iluminar sobre un asunto es preciso estar bien informado y tener un poco de autocrítica para no hablar de lo que no se sabe. Porque un foco quemado, como el que tienen escribiendo esta columna, no alumbra en absoluto. Menos aún si su posición es exactamente la misma, con los mismos argumentos y términos, y por ende los mismo vicios, que la expresada por Amprimo. (¿Qué… tan poco original es Martha Meier Miró Quesada, la editora central de fin de semana adjunta a la dirección?) Así las cosas, el lema de la PUCP bien podría ampliarse según el propio texto evangélico: Et lux in tenebris lucetet tenebrae eam non comprehenderunt.

Caricatura de Carlín (La República, 26-02-2012)

Anuncios

13 Respuestas a “El foco quemado en El Comercio

  1. Me parece que antes que el papismo (sujeción al Papa), la decisión del Vaticano sobre la PUCP se debe más a una voluntad de reingeniería capitalista de la Iglesia. Aparte de ello, te felicito por el artículo porque me parece de lejos el mejor resumen de lo que supone en términos legales para la Universidad la actual coyuntura Saludos

  2. Felicitaciones por el post. Expone argumentos jurídicos e históricos de gran nivel, con los que solo puedo estar de acuerdo, pero pasa por alto el Talón de Aquiles de la PUCP. Esa ‘debilidad’ (desde otra óptica no la llamaría así) explica por qué se encuentra la universidad envuelta en este problema.

    Me explico: Lo primero que preguntó el Cardenal Erdö en Lima fue si la universidad quería seguir siendo pontificia. Se le respondió que sí, tal vez sin medir las consecuencias. Para una universidad que se concibe a sí misma como una institución secular de inspiración católica, aceptar ser pontificia es un problema, porque eso es mucho más que profesar una inspiración. Ser pontificia implica aceptar la soberanía del Papa. Como bien sabe el autor de este post, la soberanía papal es monárquica y universal, y por lo tanto no admite la supremacía de las legislaciones nacionales.

    En otras palabras, solo hay dos caminos abiertos para la primera y más importante universidad católica del Perú:

    (1) En caso de que el últimatum de Bertone no tome en cuenta las recomendaciones del Cardenal Erdö y quiera en efecto entregarle la potestad de elegir al rector a Cipriani, la universidad tendrá que desdecirse y renunciar a su calidad de pontificia, con las consecuencias que eso traiga consigo.

    (2) En cambio, si la visita del Cardenal Erdö no fue en vano, a la universidad le toca negociar una autonomía relativa en lo administrativo, que es teóricamente lo único que se le estaría pidiendo, y contar con las garantías que la protejan de una eventual injerencia del clero de extrema derecha, que al parecer es lo que ha ofrecido Mons. Piñeiro.

    Espero que sea lo segundo lo que prevalezca en estos días cruciales para la historia de la universidad. De otro modo, el panorama se presenta difícil, porque una justa rebeldía frente a la prepotencia y el autoritarismo de un sector radical del alto clero ya ha sido descalificada de antemano por el editorial de El Comercio al calificarla de robo, y va a ser muy difícil revertir esa opinión.

    Saludos.

  3. Fernando Cerdeña

    PUCP “EL RESPETO AL DERECHO AJENO ES LA PAZ”
    Es lamentable el panorama de intransigencia de las autoridades en la PUCP quienes muestran una indiferencia total a la imagen y prestigio que siempre acompaño a esta casa de estudios convirtiéndola en una de las principales universidades del país, sin embargo hoy un clima cargado de intereses desvirtúa la excelencia académica que siempre represento.
    Los reales propietarios de la universidad, la iglesia católica, se ven obstaculizados, criticados e insultados por una administración que tercamente se niega a cumplir con el mandato de la ley, aunque muchas veces en sus recintos del derecho han promulgado acatar la leyes como principio dentro de un estado de derecho, mas hoy estas autoridades educadoras son las primeras en dar un ejemplo caótico para obrar al margen de la ley.
    Es un hecho que dentro de esta casa de estudios la religión es satirizada , el cardenal Cipriani ha sido objeto de burlas , se promocionan ideologías contrarias a la religión católica, la falta de respeto ha tomado proporciones descomunales con la venia de la administración y un rectorado sumamente hostil hacia el legado católico , tal como fue el deseo de Rivaguero.
    Muchos estudiantes llevados por antipatías religiosas o políticas han manifestado que no están dispuestos a permitir la intromisión católica dentro de su administración, aquí vale la pregunta ¿con que derecho? Cada estudiante previa cancelación respectiva, se gana su derecho a estudiar, mas no a enfrentarse soberbiamente a sus legítimos dueños, la rebeldía mal encaminada o mal aconsejada está dando un mensaje equivocado de falta de respeto e intolerancia, desvirtuando una formación humanista con principios y valores muy importantes en el desarrollo de un país.
    Este caso tiene un solo camino , dar paso a la justicia un derecho que le concierne totalmente a la iglesia católica, estableciendo las autoridades pertinentes a su decisión , es su derecho como dueños llevar a cabo una administración acorde con sus principios religiosos cuya libertad está amparada por nuestra constitución.
    Una buena educación no contempla ideología política o religiosa, esta se manifiesta en la calidad profesional de su plana docente, en el buen desempeño de los integrantes de su administración, sin mediar ideología, raza, credo, color o condición social.
    Esperemos terminar este indigno proceso prevaleciendo la razón y la justicia, concientizando a los alumnos que no pueden entrar a una casa e imponer sus ideas, en todo caso ellos tienen todo el derecho y libertad para escoger el centro de estudios más conveniente y acorde a sus intereses.

    Sofía F.

  4. Fernando Cerdeña

    No pudo decirlo mejor señor Bacigalupo!!!!

  5. A Sofía F.:
    1. La intransigencia (o certeza) no es de por sí ilegítima (salvo quizá para la moral del catecismo católico que sostiene que hay cosas buenas o malas en sí mismas, algo que no toda la tradición católica admitiría). Lo es si la cerrazón responde a una falta de argumentos. Asumir sin más que las autoridades de la PUCP lo son ya es tomar una postura cerrada desde el inicio. Creo que ambas posiciones presentan argumentos, algunos de ellos (como la educación católica) negociables, otros (como el tema de los estatutos), no. La cuestión entonces es indagar con seriedad cuáles son los argumentos más sólidos, y aquí y en un par de textos más he señalado por qué creo que, en lo jurídico, los argumentos de la PUCP son los más sólidos.

    2. Sólo puede sostenerse que un conflicto jurídico y político desvirtúa la calidad académica si no se está habituado a establecer límites y discernir ámbitos distintos en la experiencia humana, algo propio de las posiciones dogmáticas. Lo cierto es que una cosa no tiene que ver con la otra. Lo mismo ocurre en la Universidad Católica de Lovaina, que sigue siendo un referente europeo de primer nivel en un buen número de áreas, por más que sus alumnos le tiren huevos al arzobispo Leonard cuando se acerca a ella.

    3. La afirmación de que la Iglesia es la verdadera propietaria de la PUCP ha sido suficientemente refutada. Es inútil, rayando en lo estúpido, querer que un fanático se convenza de algo que no quiere ver. Así que no responderé ya a eso. Frente a ello hay dos salidas posibles: la de la filosofía socrática, que es dejar al ignorante y seguir el camino con quienes quieran oir (y esa es también la del Evangelio: quien tenga oídos que oiga), o la de la comedia aristofánica, que es sacar a patadas al charlatán. Creo que, lamentablemente, la PUCP está siendo obligada a lo segundo porque claramente no podemos dejar que le pase lo que a Sócrates.

    4. Estoy de acuerdo en que, a veces, algunos miembros de la PUCP han caído en el agravio, no tanto por el insulto abierto como por inferencias exageradas (por ejemplo, que Cipriani haya tenido negociaciones con el gobierno de García sobre este tema). Eso lo he rechazado y lo seguiré haciendo. Cuando se está seguro de aquello en que se cree, no es admisible recurrir a meras especulaciones.

    5. Si algo he resaltado en mis textos sobre el tema, a favor de la PUCP, es el más estricto respeto de las leyes nacionales. Creo innecesario, pues, responder aquí nuevamente a ello.

    6. Puede ser un hecho que la religión sea satirizada en ciertos espacios de la PUCP. ¿Cuál es el problema? Solo la más enfermiza paranoia no admite la sátira y la comedia. Para su ilustración, me permito informarle que en la Edad Media la Iglesia permitía en el contexto de los carnavales que se satirice incluso a Jesús, reemplazándolo por un asno al que se llevaba al interior de las iglesias para representar la última cena. Desgraciadamente, me temo que Umberto Eco se quedó corto cuando dijo que estábamos volviendo a la Edad Media. Creo que en esto estamos mucho peor. Hoy una sátira como la que describo generaría las iras menos santas, de seguro. Por lo demás, la libertad de expresión, como señalaba Fichte, debe prevalecer por sobre todo. Ese comentario es precisamente una demostración a lo que señalo en este artículo: sí es importante tener en cuenta que la soberanía de la Iglesia afectaría gravemente la libertad universitaria. Qué se haría con un alumno que parodie al cardenal, ¿expulsarlo? Es muy probable.

    7. El legado católico, esto es, la tradición de una religión, felizmente, no es propiedad de la Iglesia, aunque no cabe duda que así lo desean.

    8. Pregunta “con qué derecho”. Respuesta: con el derecho civil peruano.

    9. La intolerancia no tiene por qué ser tolerable. Si quieren exterminar el foco de catolicismo liberal que es la PUCP aplicando el principio inquisitorial del martillo de herejes, eso no tiene por qué ser tolerado y la batalla que debe darse no es sólo jurídica, sino también moral y teológica.

    10. Mantener lo del ejemplo como principio de la educación más allá de los primeros años de vida, es sostener una pedagogía que, desde nuestra filosofía y nuestras ciencias actuales, es altamente cuestionable.

    11. El humanismo fue duramente limitado y condenado por la Iglesia católica. Se le acusó de poner erróneamente en el centro al hombre.

    12. Me perdonará, pero sostener que la Iglesia tiene total libertad garantizada por la Constitución, como si una institución de educación superior fuese una chacra, es no tener la más mínima idea de los principios del derecho constitucional, del derecho constitucional peruano, del Concordato de 1980, de la Ley Universitaria, etc., y es además alentar irresponsablemente a un libertinaje que alguien que respete el Estado de derecho no puede dejar pasar sin por lo menos criticarlo.

    13. En lo que se aplica la libertad religiosa de la Constitución a una universidad que se proclama católica es a que ella bien puede disponer cursos obligatorios de teología católica y a que un alumno no puede pedir, por ejemplo, que se construya una capilla para su religión, pues la institución tiene derecho a mantener su identidad siempre que no obligue a un alumno a jurar o asistir a ceremonias que no sean de su credo. En ese sentido estoy de acuerdo en que un alumno no puede imponer sus creencias, pero eso no significa que la institución pueda proceder como un club que “se reserva el derecho de admisión”. Como bien dice, el único requisito para estudiar es pagar la matrícula, y no profesar una u otra fe, porque así se lo garantiza la Constitución y el Estado peruano que es el que habilita a toda universidad, y, como bien dice la Ex Corde Ecclesiae, puede haber incluso personas ateas en una universidad católica sin que ello afecte en absoluto a la universidad. Creo que ver aquí la imposición de unos rebeldes es tener un sesgo, ideológico y religioso, muy pobre. De lo que se trata, en realidad, es de una confrontación más amplia entre un catolicismo reaccionario e institucionalista, y un catolicismo liberal y personalista.

  6. A Luis E. Bacigalupo:

    En efecto, las autoridades han cometido una serie de errores. El más grave, según creo y he expuesto también, enviar los estatutos al Vaticano sin ninguna obligación para hacerlo, ni dentro del derecho civil peruano, ni dentro del derecho registral, ni dentro del derecho canónico. Recibir a Erdö, como también lo he dicho en su momento, también me parecía un error por su calidad de visitador canónico, aunque podía entenderlo dada la voluntad de concertación. Pero no veo por qué decirle que la Universidad deseaba conservar su título de pontificia sin que eso implique cambiar sus estatutos. Me explico: desde el punto de vista del derecho peruano, un título de esta naturaleza no puede suponer una subordinación a un Estado extranjero en contra de lo dispuesto por el derecho nacional; por ello no es más que un título honorífico que no le puede dar en absoluto “carta blanca” ni mucho menos propiedad al Estado del Vaticano, sino tan sólo prerrogativas dentro de lo que la propia asamblea universitaria esté dispuesta a ceder. Y esto último puede estar referido a ciertas cuestiones académicas o administrativas internas, pero no a lo que aparece dispuesto en la ley; a saber, el tema de la elección del rector. Desde luego que la Iglesia pretende una soberanía monárquica y universal, por encima de todo Estado nacional, pero precisamente por ello los Estados han tenido que recurrir a la fuerza, desde su homónimo el emperador Luis IV de Baviera (al que se dice que el franciscano Guillermo de Ockham dijo: “O imperator, defende me gladio, et ego defendam te verbo”), e incluso antes.

    Por lo mismo, creo que la segunda opción que usted presenta es mucho más compleja y sería un error mucho más grave aún, pues a la larga no podría evitarse que el arzobispo participe, como gran canciller y como autoridad local competente dentro del derecho canónico. Además, ¿Cipriani aceptaría ser puesto de lado? Creo que sería de una gran ingenuidad pensar eso, más aún cuando estratégicamente, justo ahora, ha pedido disculpas si se hubiese sobrepasado. No sé cuáles hayan sido los puntos que incluya el informe de Erdö, pues no ha sido hecho público, lo que da otra muestra de cuán profundamente está la Iglesia católica reñida con los más elementales principios constitucionales contemporáneos (el de publicidad y motivación razonada de todos los procesos, incluso los administrativos y los privados). Lo que sí es seguro es que hay una orden muy específica por parte del Vaticano respecto a la elección del rector, y eso es ilegal, así de simple, y por ello debe ser rechazado. El ultimatum no es del cardenal Bertone, acusado de corrupción a gran escala; es del Estado del Vaticano mismo, es decir, de su monarca el Papa. Bertone sólo es un emisario.

    La salida efectivamente pasa por renunciar al título de pontificia, pero ello no tendría que suponer ninguna consecuencia legítima, sino sólo intentos de injerencias que deben ser rechazados con vehemencia pero a la vez con inteligencia y ajustados siempre a la ley. Como se dice: “Roma locuta, causa finita”; esto significa, “en buen cristiano”, que toda vez que el Vaticano ya sentó su posición respecto a la elección del rector, no queda ya nada que negociar.

    Por último, no sé por qué habría que temer y no contestar la acusación infundada de El Comercio. Recuerdo que cuando empezó a hacerse mediático el conflicto había quienes tomaron una postura derrotista en relación con la opinión pública. Creían que los infundios eran más poderosos y que nada se podía hacer en el ámbito del debate público. A las pocas semanas, las encuestas mostraban que más del 80 % de la opinión pública estaba en contra de Cipriani y a favor de la autonomía de la PUCP. Se equivocaron y creo que lo mismo pasa ahora. No veo, pues, por qué no habría que “defender con el verbo” a la PUCP de artículos y editoriales con abierta mala fe. Hay quienes prefieren mantener sus convicciones en las catacumbas, pero yo no soy uno de ellos.

    Saludos cordiales.

  7. Andres Velarde

    Con los argumentos del Comercio, hasta la Universidad de Bologna (Italia) y Oxford (Reino Unido), fundadas por ordenes religiosas, si entiendo bien de padres agustinianos, deberian seguir el imperium de la Ley Vaticana. En 1821 los peruanos decidimos dejar de lado a las ordenes del ‘Cura Valverde’, no solo por una reparacion historica, sino por Soberania.

  8. Arturo:

    Todos los días se izan dos banderas en el campus, la del Perú y la del Vaticano. Eso es lo que nos obliga a enviar los Estatutos, a recibir al visitador y a querer concertar.

    Enfrentamos un problema muy complejo como para hablar de “errores de las autoridades” sin más. El título de pontificia está en un primer plano de esa complejidad. La constitución Ex Corde Ecclesiae no dice nada sobre la elección del rector. Cuando se nos exige la fórmula de la terna (tres nombres de candidatos a rector enviados a Roma para que sea el papa quien lo elija) se nos está pidiendo que nos ajustemos al uso común de todas las universidades pontificias, cosa que no se exige a las universidades católicas en general. En el otro plano está el nombre de católica y la exigencia de rendir cuentas a Roma del manejo económico de la institución. Esto se sustentaría en la Ex Corde solo si la PUCP fuera una fundación eclesiástica y no laica. De allí la insistencia en la interpretación de lo qué ocurrió en 1917 por parte de los polemistas.

    El objetivo de los enemigos de la PUCP es obtener el sometimiento a la autoridad eclesiástica por ambos flancos. Si quieren seguir siendo pontificia, que elijan rector por terna. Y si renuncian al título, que demuestren en los tribunales que no son una fundación eclesiástica. Es decir, en ambos casos, la tenemos cuesta arriba.

    Pero ese es nuestro sino, porque la condición católica es, hoy más que nunca, la de la contradición. Eso nos coloca en un tercer plano de dificultad: no veo cómo ser católico pueda significar, tanto para un individuo como para una institución, querer librarse de esa lucha interna.

    Desde un punto de vista teológico, no estamos hablando de dos Estados, sino de una creencia. Izar esas dos banderas significa que aquí también, en el Perú, hay una comunidad universitaria católica que cree que la Iglesia de Cristo (aquella que san Agustín identificó como la ciudadanía del amor) subsiste en la Iglesia católica; un grupo humano dedicado al saber que conoce la grave crisis por la que atraviesa la Iglesia y que, a pesar de toda la corrupción por el poder y el dinero, a pesar de que la jerarquía más conservadora está profundamente reñida con la democracia, etc. etc. quiere de todos modos echarle una mano al Papa en su batalla por reformar la Iglesia.

    Los laicos y sus universidades tienen un papel crucial que cumplir en esa reforma. Más bien lo que no hay que aceptar nunca es el mito “Roma locuta, causa finita”, que yo no veo sostenido por ningún lado en la prédica de Jesús de Nazaret.

    Un abrazo.

  9. De acuerdo con todo, excepto con el argumento de las dos banderas, por lo siguiente:

    1) Que yo sepa, la bandera que se iza y que está en diversas otras partes no es la del Estado del Vaticano sino la de la Universidad Católica. Esta tiene los colores del Vaticano por filiación moral, no necesariamente institucional, y además sería distinta. He estado en varias otras universidades católicas de la región, no pontificias, que también tienen en sus banderas esos colores con el escudo de la universidad.

    2) Incluso si fuese la bandera del Vaticano, no tendría ninguna implicancia jurídica ni política, sino sólo simbólica, como cuando uno iza la bandera peruana en su casa. Las banderas sólo representan una soberanía nacional cuando la ley nacional lo reconoce previamente; ese es el caso de las embajadas y consulados extranjeros, en los que sí hay una soberanía (que no deja nunca de ser otorgada y relativa, siempre pueden ser expulsados). Pero si yo fuese un ciudadano colombiano e izo la bandera de mi país en mi casa en el Perú, eso no representa ninguna soberanía del Estado colombiano en absoluto. No podría asilar a nadie ni impedir que el Estado peruano ejerza su soberanía dentro de los límites constitucionales.

    Por lo demás, estoy de acuerdo en que el título de pontificia es demasiado problemático. Insisto en que su validez es meramente simbólica dentro del territorio peruano pero entiendo también que la Iglesia tiene plena potestad para concederlo o retirarlo según sus propias prerrogativas. Por eso, en todo momento, he sostenido que lo más sensato, llegados al punto en que nos encontramos, es renunciar a ese título y mantener la identidad católica, no sólo en el nombre, sino en una práctica académica que no rehúse a la confrontación que también creo necesaria. En el post sobre “La autonomía de la PUCP y la soberanía nacional” señalaba lo siguiente: “habría que continuar la vocación católica de la Universidad, ya sin ningún tipo de dependencia; es decir, entablar también una batalla teológica y moral con el Vaticano, en aras de preservar un catolicismo liberal y de avanzada ante el espíritu de los tiempos actuales. Ello, alentando las investigaciones sobre religiosidad, sobre distintas religiones comparadas y, en particular, sobre la tradición católica, así como brindar los elementos de juicio y organizar los debates necesarios para consolidar el carácter laico del Estado”.

    En realidad iba a escribir otro post en esa línea, pero el editorial de El Comercio me jaló nuevamente a lo jurídico. Porque sí creo que la educación católica y religiosa en general está empobrecida en la PUCP. Fuera de algunos cursos en los Estudios Generales, prácticamente sólo la especialidad de filosofía tiene un curso obligatorio de teología y uno electivo de filosofía de la religión (y el de religiones comparadas no se abre nunca). La confrontación debe darse porque es parte de un movimiento más amplio -si fuese hegeliano diría que del Espíritu-, pero, como Kierkegaard hace casi 200 años, creo que eso pasa necesariamente por un rompimiento con toda dependencia a la institución eclesiástica. Por el propio bien del cristianismo (o del catolicismo).

  10. Tienes razón, Arturo, mi formulación del argumento de las banderas es deficiente. En todo caso, sea bandera o nombre, la cuestión es por qué el símbolo, en el que reconoces filiación moral, no obligaría a la institución. La fractura entre moralidad y legalidad, que se ve en las estrategias argumentativas de ambas partes, es síntoma de una crisis mucho mayor de la que solo somos un pequeño episodio.

  11. Excelente artículo. Solo una pequeña aclaración, enarbolar bandera de otro estado tampoco implica soberanía propiamente, son solo competencias especiales (como inviolabilidad de comunicaciones o de jurisdicción) en el estado receptor cuando media acuerdo diplomático y consular, o en el caso de barcos en altamar supone ley aplicable. En el caso de la PUCP, sería solo un bonito gesto o, si se quiere, un adorno. Saludos.

  12. Excelente articulo, solo que la pregunta sigue siendo ¿pontifica y católica son meros terminos o tienen algun efecto practico? y ¿estos titulos, figuras o simbolos pueden ser apropiados fuera de la fe cristiana?. Mejor cambiar de nombre y dejar al viejo rey con sus ‘antiguallas’ ¿no?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s