¿A Dios lo que es del César? Algunas falsedades dogmáticas en torno a la PUCP

Comento una opinión vertida recientemente en torno a la controversia entre la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y el Arzobispado de Lima. El panfletario diario La Razón ha publicado una nota de Víctor Robles Sousa titulada “¿La Iglesia de Roma dejará de llamarse Católica?”, en la que afirma las siguientes falsedades:

Caricatura de Andrés Edery publicada en El Otorongo.

1) Afirma que “el rector Marcial Rubio ha registrado en Indecopi la marca ‘Católica’ como propiedad intelectual de la PUCP”. Lo que hay es un registro de los bienes de la PUCP en Registros Públicos (lo que molestó mucho al cardenal Cipriani que quiere esos bienes para sí) y un registro de la propiedad intelectual de los productos y servicios ofrecidos por la misma PUCP, lo que se desarrolló junto a una política de estricto cumplimiento de los derechos de autor dentro de la Universidad. Esos registros están debidamente inscritos al nombre de la PUCP, que es una asociación civil, de modo que el sofisma que Robles utiliza para su estrafalario título se derrumba, puesto que una cosa es el término “católico” cuyo uso no puede ser propiedad de nadie, ni siquiera de la Iglesia católica, y otra cosa el nombre de la PUCP -todo él- como institución privada regulada por el derecho peruano.

2) El autor apela al ridículo en el que cae él mismo cuando afirma que el rector de la PUCP seguramente quiere registrar “El Vaticano” o “Ejército Peruano” en Indecopi. Habría que aclararle al sofista Robles que los nombres de Estados y de instituciones y emblemas estatales están protegidos internacionalmente para su uso estrictamente oficial. Por otro lado, lo que se inscribe como marca, según las clases 41 y 42 de la Clasificación de Niza para el registro de marcas, son los servicios educativos y de investigación científica y tecnológica.

3) También es falso que la PUCP “desconoce los derechos de la Iglesia Católica (…), habiendo sido ésta concebida y fundada por aquella en 1917”. La PUCP no fue fundada por la Iglesia católica, sino por el P. Dintilhac y un grupo de laicos como entidad privada, sin ninguna propiedad por parte de la Iglesia. El asunto de los bienes de Riva-Agüero (que se los donó a la Universidad Católica porque se decepcionó y separó de la Universidad de San Marcos, a la que pensó originalmente dejarle sus bienes) es asunto aparte. Los estatutos de la PUCP señalaban únicamente su adhesión a la doctrina y la moral católicas, no una pertenencia al Arzobispado. Además, la lógica de que es “obvio” que si es Pontificia y Católica deba ser gobernada por el Vaticano, no sólo va contra las leyes peruanas y la tradición de la misma Universidad, sino que no es acorde siquiera con la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae, que es bastante clara cuando en sus numerales 27 y 28 afirma que:

De esta estrecha relación con la Iglesia derivan, como consecuencia, la fidelidad de la Universidad, como institución, al mensaje cristiano, y el reconocimiento y adhesión a la Autoridad magisterial de la Iglesia en materia de fe y de moral. (…) Aunque no entren directamente en el gobierno de las Universidades, los Obispos «no han de ser considerados agentes externos, sino partícipes de la vida de la Universidad Católica».

Ergo, no por ser católica la Iglesia tuvo o tiene derechos de propiedad, como pretende el cardenal al decir que los militares le “expropiaron” la Universidad Católica a la Iglesia. Lo único que hizo el gobierno de Velasco fue dar una ley democratizadora bajo la cual debía regirse toda universidad. No hubo ninguna afectación sobre la propiedad de los bienes, ya que nunca perdió la PUCP su calidad originaria de asociación privada sin fines de lucro. Y tal como se lee arriba, aun cuando se tenga problemas hermenéuticos como los que tienen los ultramontanos defensores de Cipriani, es perfectamente aceptable, según dicha Constitución, que una universidad católica no tenga a obispo alguno en su gobierno, siempre que le permitan participar en la vida espiritual de la universidad. Participar no es dirigir. Sobre ello, la PUCP ha dado total libertad al Arzobispado en lo que concierne al Centro de Pastoral Universitaria (de hecho, ahí se pueden ver cuadros del fundador del Opus Dei, Escrivá de Balaguer, el “santo” por proceso sumarísimo al que su autoridad moral le era también tan escasa, que disputaba por mundanas condecoraciones y títulos nobiliarios). Y aun así, la PUCP no es una universidad católica en la que no haya ninguna participación de miembros de la Iglesia en su gobierno, pues allí tienen su lugar, con voz y voto, cinco obispos que, claro, no asisten a la Asamblea Universitaria por orden del cardenal. Es, pues, el mismo cardenal Cipriani quien se niega a la participación de la Iglesia en la PUCP dentro de su máximo órgano de gobierno. Lo que le molesta es no tener mayoría (o más precisamente el voto único) y tener que “someter” a sus obispos a la carga de las deliberaciones y decisiones democráticas. La democracia es demasiado “marxismo” para su gusto.

Lo que ocurre también, en el fondo, es que Cipriani ha monetarizado la fe a lo largo de la última década. No es para nadie un secreto, dentro de las parroquias (en las limeñas al menos), que en lugar de asignar un monto fijo al Arzobispado, como se tenía costumbre, ahora toda actividad, inclusive aquellas organizadas por los fieles y que son de recaudación de fondos para ayuda social, debe asignar un porcentaje de sus ingresos directamente para el Arzobispado, bajo pena de sanción institucional. En fin, sobre ello tiene la autoridad que le concede su Iglesia, pero que no sorprenda pues por qué el cardenal ha perdido en muchos ámbitos, no sólo en la PUCP sino dentro de las mismas parroquias (salvo las más conservadoras), todo atisbo de autoridad moral.

4) Dice también Robles que la injerencia de la Iglesia es tan cierta que “todas las autoridades de la universidad así lo han reconocido a lo largo de su historia, en diversos documentos oficiales enviados a Roma”, incluso las actuales al enviar los estatutos. Confunde -nuevamente- lo que es querer mantener buenas relaciones con la Iglesia, tal como lo solicita la Ex Corde Ecclesiae, y otra muy distinta reconocerle propiedad o gobierno, algo que en ningún lugar de ella es requisito para su identidad católica. Lo que sí señala es que:

debe poseer, en cuanto católica, las características esenciales siguientes:

1. una inspiración cristiana por parte, no sólo de cada miembro, sino también de la Comunidad universitaria como tal;

2. una reflexión continua a la luz de la fe católica, sobre el creciente tesoro del saber humano, al que trata de ofrecer una contribución con las propias investigaciones;

3. la fidelidad al mensaje cristiano tal como es presentado por la Iglesia;

4. el esfuerzo institucional a servicio del pueblo de Dios y de la familia humana en su itinerario hacia aquel objetivo trascendente que da sentido a la vida.

Que se sepa, todo ello es observado por la PUCP. Ciertamente podría tener una mayor actividad católica, tanto al interior como en la comunidad, pero eso, por un lado, funcionaría mejor con una autoridad eclesiástica dialogante en lugar de la dogmática y confrontacional que tenemos, y por otro lado debe entenderse que la labor cristiana fundamental es aquella que promueve la caridad, de modo que también los programas de responsabilidad social universitaria, por ejemplo, deben entenderse como parte de su acción cristiana.

Por lo demás, hay que decir que ese “cada miembro” del primer punto es contradictorio con el numeral 26, en el que se señala que:

En muchas Universidades Católicas la Comunidad universitaria incluye miembros pertenecientes a otras Iglesias, a otras Comunidades eclesiales y religiones, e incluso personas que no profesan ningún credo religioso. Estos hombres y mujeres contribuyen con su formación y su experiencia al progreso de las diversas disciplinas académicas o al desarrollo de otras tareas universitarias.

5) Que el nombre de Pontificia lo “tienen solo instituciones que pertenecen a la Iglesia” también es falso. La Universidad de San Marcos fue Pontificia desde su fundación hasta que renunció al título y no por ello se consideró de la Iglesia en ningún momento. El título de Pontificia es meramente honorífico, toda vez que la educación universitaria es gobernada por sus miembros y no por un Estado extranjero, de acuerdo a la Ley Universitaria vigente.

6) La acusación de intolerancia contra la libertad religiosa está teñida de un carácter traumático contra el “marxismo” (que en el fondo es cualquier teoría contraria a la suya), que hace a este dogmatismo francamente muy similar al delirio paranoico. Dice Robles que “las autoridades de la PUCP pretenden en el fondo impedir que la iglesia gobierne su universidad bajo sus normas”, y eso es cierto con la salvedad de que ni es su universidad ni sus normas tienen validez legal alguna en el Perú. Dice además que no hay libertad de pensamiento porque “quienes la gobiernan han impuesto un pensamiento único izquierdista”. ¿Sabe de lo que habla el señor Robles? Si fuese cierto, ¿podría quizá explicarme por qué recibí una educación abiertamente conservadora y antimarxista en la especialidad de Historia? ¿O por qué en filosofía el único curso donde se enseña a Marx es el de filosofía política y ningún curso lo enseña en Derecho? ¿O acaso el Instituto Riva-Agüero es un centro de libertinaje marxista? El autor señala el caso de Francisco Tudela, a quien se le habría separado de la facultad de Derecho por no haber accedido a dictar su curso “con libros de autores marxistas”. Lo cierto es que se le separó, luego de continuos reclamos estudiantiles que recuerdo muy bien, por su vergonzosa participación en la dictadura fujimorista, defendiéndola hasta el final, estando tan vinculado con Fujimori y Montesinos que incluso este último lo tenía como su carta para un eventual golpe de Estado contra Fujimori si éste no accedía a protegerlo, como efectivamente hizo, pagándole una ilegal compensación por la que ya recibieron ambos su condena judicial.

7) También afirma que la “cúpula caviar de la PUCP ha perdido todas las batallas, ante el Poder Judicial, el Tribunal Constitucional y el Vaticano”. Otra falsedad. Lo del Vaticano no es una batalla (todavía), sino una consulta que se hizo y que ha recibido varias recomendaciones de cambios en el estatuto. Lo del Poder Judicial y el Tribunal Constitucional es un mismo asunto referido a una acción de amparo que se presentó para proteger la autonomía universitaria de las amenazas arzobispales. Las instancias judiciales dictaminaron que no existía un verdadero riesgo y que no procedía por ello el amparo, pero el juicio por los bienes de Riva-Agüero ni siquiera ha comenzado. Por otro lado, la resolución del Tribunal Constitucional incluía una serie de observaciones no pertinentes porque, según la Constitución misma, ese tribunal no puede arrogarse facultades que sólo le competen al Poder Judicial, y sin embargo se ha cumplido con su disposición de adjuntar la resolución a las fichas registrales de la Universidad.

Y, finalmente, Robles se inventa una unidad eclesiástica que él bien sabe que no existe, en particular respecto a los jesuitas. De no ser así, ¿por qué los sacerdotes que enseñan en la PUCP y que no son de facciones conservadoras no pueden por orden del arzobispo celebrar misa en la capilla universitaria? ¿Y por qué Eduardo Arens, uno de nuestros más renombrados biblistas, no puede celebrar misa en absoluto? ¿Quiénes son los intolerantes? El autor de la nota afirma que la posición de las autoridades de la PUCP es “delirante, ridícula, ilegal e intolerante”. Tal parece, en honor de la verdad, que esos adjetivos le corresponden más bien a su autor y al Arzobispado de Lima.

Cuando Escrivá de Balaguer solicitaba su pomposo título de marqués, en Madrid se bromeaba, incluso en círculos religiosos, con que seguramente luego reclamaría el título de duque de Dios. Todo indica que Cipriani sí cree tener tan divino título.

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