“El P. Luis Gaspar confunde conceptos básicos en filosofía” por Pablo Quintanilla

Luis Gaspar, pese a su nombre de rey-mago, es sólo un juez eclesiástico (algo así como el jurado de un concurso de televisión) que funge de esbirro mediático del nada carismático cardenal Cipriani. En varias declaraciones, el señor Gaspar ha cuestionado los principios católicos de la Pontificia Universidad Católica del Perú con dos líneas argumentativas troncales: 1) la PUCP no obedece las normas del Vaticano y para ser católica debe hacerlo, y 2) la PUCP no es católica porque es una universidad relativista. Sobre lo primero, demostrando la inutilidad de sus títulos en derecho canónico, el señor Gaspar “olvida” que las normas que la PUCP debe obedecer son las del derecho peruano y no las de algún Estado extranjero, y que ello (pese a oponerse a la cristiandad, es decir, al proyecto político de la Iglesia católica, y recuérdese lo que Kierkegaard señalaba: lo anticristiano que es ese proyecto) no se puede oponer al ser cristiano porque, como decía Jesús, hay que dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. ¿A quién le hace caso un cristiano, a Jesús o al R.P. Gaspar? Sobre lo segundo, el filósofo y profesor de la PUCP, Pablo Quintanilla, da una breve y excelente respuesta que reproduzco a continuación.

“El P. Luis Gaspar confunde conceptos básicos en filosofía”

Pablo Quintanilla
Decano de Estudios Generales Letras
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El R.P. Luis Gaspar ha dicho que es comprensible que una universidad laica sea relativista, pero que eso es inaceptable en una universidad católica.
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El P. Gaspar confunde conceptos básicos en filosofía. El relativismo es la tesis que sostiene que no existen verdades objetivas y que, por tanto, cualquier creencia es tan buena como cualquier otra, de manera que da igual creer una cosa u otra. Esa posición fue refutada de manera definitiva por Sócrates en su cuestionamiento a Protágoras en el siglo IV a.C. Ningún académico serio y ninguna universidad de prestigio puede ser relativista, porque la vida académica y universitaria implica esencialmente la búsqueda de la verdad, con lo cual se asume que la verdad existe.

Lo que las buenas universidades asumen, sean laicas o católicas, no es el relativismo, pues eso sería contradictorio con la naturaleza misma de la vida intelectual, sino el pluralismo. Esto último afirma que hay una verdad a la que es posible acceder mediante la razón y la fe, y que es nuestra obligación epistémica y moral buscarla. Sin embargo, la misma realidad puede ser vista y descrita correctamente de muchas maneras diferentes, desde muchos ángulos distintos, sin que necesariamente haya una sola manera correcta de describirla. Análogamente, es posible elaborar muchos mapas diferentes de algo, por ejemplo del Perú, sin que estos se excluyan entre sí. Por ejemplo, podemos elaborar un mapa geológico, uno etnográfico y uno departamental, y estos no solo no se excluyen sino más bien se complementan. Así también hay muchas maneras de llegar a Dios, sin que estas sean excluyentes entre sí. El pluralismo también sostiene que aunque haya personas que piensen diferente de uno, son dignas de respeto y sus posiciones deben ser tomadas en serio, pues el otro puede hacernos notar algo que no habíamos visto originalmente, pero, además, es una persona a la cual tenemos la  obligación moral de reconocer como alguien con capacidad de diálogo. El pluralismo es una muestra básica de humildad intelectual.

El fundamentalismo, por otra parte, suele creer que hay solo una descripción correcta de algo y que, además, uno la conoce, por lo que se siente con el derecho y la obligación de imponer esa descripción a los demás. El fundamentalista religioso, asimismo, cree que solo hay un camino correcto para llegar a Dios, aquel en el que uno cree, y que todos aquellos que no lo comparten están esencialmente equivocados y deben ser excluidos del diálogo. Esa es una posición soberbia porque asume, sin justificación, que uno tiene el privilegio de estar más cerca de la verdad que los demás, con lo cual los demás merecen lástima o rechazo. Es también una posición que falta a la caridad cristiana, porque no considera al que piensa diferente como un prójimo, sino como un enemigo. Curiosamente, sin embargo, el relativismo y el fundamentalismo son dos caras de la misma medalla autoritaria: el relativista no cree en la verdad, por tanto impone su punto de vista bajo el supuesto que no hay manera de determinar quién tiene razón y quién no la tiene. El fundamentalista también impone su punto de vista, porque está convencido de que tiene razón y que el que piensa diferente jamás podrá hacerle notar sus posibles errores. Tanto el relativista como el fundamentalista son intelectualmente rudimentarios y no han entendido la naturaleza misma de la vida intelectual, que es aprender de los demás y enseñar a los demás, dialogando con todos, no solo con los que piensan igual. Cristo rechazó a los fariseos, quienes se creían dueños de la verdad acerca de Dios, pero nunca rechazó a los que, llenos de dudas pero con humildad y sincero deseo de aprender, se acercaban a él. El relativista está confundido. El fundamentalista también, pero, además, no ha entendido el mensaje evangélico de Cristo.

Publicado en: PuntoEdu (26-08-2011).
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