Minería falaz (2): “Nano” Guerra García

El segundo comercial de la Sociedad Nacional de Minería para tratar de evitar el impuesto a sus sobreganancias salió rápido, tratando de cubrir el enorme despropósito del primero, en el que sale Juan Carlos Oblitas dando cátedra de economía (si hasta “Los Chistosos” de RPP lo han demolido). Pero claro, la elección del otro personaje no es tampoco casual. Gustavo “Nano” Guerra García, que hasta la designación de Manuel Rodríguez era pre-candidato a la Presidencia por el extinto partido Fuerza Social (sí, así de penosa es la derecha que se hace pasar por izquierda en el Perú), representa muy bien, con su muletilla del emprendimiento, la sumisión más conformista al modelo económico del capitalismo avanzado. Su gran lección de vida es la de un salmón invertido: “si te sangran no importa, tú nada siguiendo la corriente”; “tú puedes cambiar tu desigualdad, pero ni se te ocurra querer cambiar la desigualdad que sostiene mi riqueza”; “si estás como estás no es por las políticas económicas, qué va a ser, sino únicamente por tu incapacidad personal”…, etc., etc., y un largo etc. de “sonseras del que vuela a lo gallina”, como cantaba Atahualpa Yupanqui.

¿Y qué es lo que vemos en este nuevo comercial? Más falacias. En primer lugar, según ellos, el desarrollo social es una consecuencia automática de la instalación de la minera. La mentira se debe, naturalmente, a que ése es su negocio y lo van a vender siempre como si fuese la panacea de la humanidad (al menos de los “civilizados” o “inteligentes”). Con ella quieren hacer pasar algo meramente razonable y sujeto a muchas condiciones confluyentes como algo inmediato, pues así da la impresión de ser una verdad incuestionable. Por eso mismo, ellos, que son tan afectos a las cifras, no dan cifras detalladas al respecto sino una muy vaga que aporta una cuota suficiente de tecnicismo (que para ellos es sinónimo de objetividad). Si contásemos cuántas mineras y en qué grado han cumplido con los compromisos sociales que asumieron y mucho más aún con la cadena que promocionan en este comercial, tengo la seguridad de que no les convendría divulgar esa información. Continuamente tengo noticia de pueblos descontentos con las mineras porque no asumen dichos compromisos y generan más demanda de servicios por la gente que migra para trabajar en ellas, además de tomar recursos (principalmente agua) que no les corresponde. Por otro lado, ¿qué ocurre si una comunidad le dice no a la minería? Ahí aflora toda su xenofobia y su fundamentalismo: el Perú debe ser un “país minero” o nada, se debe querer el “crecimiento” o se es un salvaje idiota, y otro etc., aunque más rastrero éste.

En lugar de poner a muñecos ventrilocuos a hablar por ellos, bien podrían hacer todo lo necesario para cumplir con esa imagen idílica que publicitan y de paso apoyar la iniciativa del derecho de consulta; pero no, la publicidad misma demuestra que no les interesa eso. Es más, por eso quieren que se asuma que la relación entre minera y progreso económico es algo automático, “al toque”, pues así ellos no tienen que hacer ningún compromiso y “al toque” se llevan sus sobreganancias. ¿El desarrollo?… ¡llega solo!, ¿no? Pues no.

Segunda falacia: según “Nano” Guerra, como la minera necesita comida para sus trabajadores y por ello instala un comedor, entonces le compra la comida a la gente del pueblo. Lo único que se genera ahí es una cadena imaginaria, porque en realidad trabajan con concesionarias como Sodexo que llevan sus insumos de afuera. ¿Qué pasó? ¿Al comienzo nada más y ya se le rompió la cadena?

Caricatura de Carlín publicada en La República (22-07-2011).

Nótese además que dice: “cuando una minera viene…”. Sin quererlo, “Nano” nos habla únicamente de las mineras extranjeras. La cadena que dibuja es finalmente una burda simplificación de mecanismos más complejos y que no funcionan bien, como nos lo pinta, si los direcciona la “mano invisible del mercado”, que es el modo abstracto de referirse a la soberana voluntad de esas mineras que, buenamente, en un arrebato de generosidad sin parangón, decidieron que a lo mucho se les podía pedir un óbolo adicional. Lo automático y lo inmediato son parte fundamental de esa promesa de certeza buena, bonita y barata, que es justamente con lo que ilusiona toda falacia naturalista, y más aún en una era tan tecnificada.

Lo bueno, lo saludable del asunto es que la gente no les crea. Si los empresarios mineros en verdad creyeran lo que dicen Oblitas y Guerra, tendrían una lógica de kindergarten; pero no, en verdad no se creen nada de eso. Sólo quieren lavar de la manera más superficial su bien ganada reputación. Por ahí dicen que el tercer comercial tendrá como protagonista a Melcochita. A nadie le sorprendería y sería algo un poco más coherente, pues acabaría diciendo: “¡No me crean!”.

Caricatura de Molina publicada en El Comercio (28-06-2011).

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