“Estiércol en letras de molde” por Raúl Tola

Desde su nacimiento en 1843 hasta su cierre esta semana, el semanario News of the World se alimentó de la inmundicia. Orientado a las clases más desfavorecidas, sus titulares y contenidos chirriantes y escandalosos fueron un éxito inmediato, y en 1950 lo llevaron a ser el rotativo más vendido del mundo, con más de ocho millones de ejemplares colocados. En 1969 –junto con The Sun, de tirada diaria– fue comprado por el magnate australiano de las comunicaciones Rupert Murdoch. Bajo su influjo, ambos tabloides ahondaron en el sensacionalismo hasta inventar una nueva categoría periodística, donde la abyección y el desprecio por la intimidad alcanzaron niveles escatológicos (de allí el adjetivo junk –basura– que les endilgaron sus propios lectores).

Los ejemplos de su vileza son numerosos. A principios de los 80 The Sun llegó a pagar millones a los familiares de Peter Sutcliffe, “el destripador de Yorkshire”, para que firmaran una memorias prácticamente inventadas. En 1989, en su cobertura de la tragedia del estadio de fútbol de Hillsborough, donde 95 personas murieron aplastadas, afirmó que los equipos de rescate habían sido atacados por hooligans “que orinaron sobre los bomberos”. Todo falso.

La crisis que desencadenó la clausura de NoW comenzó en el 2005, cuando uno de sus reporteros fue encarcelado por practicar el espionaje telefónico. A estas alturas, gracias a una profusa investigación de otro diario, The Guardian, sabemos de hasta 4.000 intervenidos, entre miembros de la familia real, políticos, artistas, deportistas y parientes o víctimas de algún crimen. Los hechos revelan una profunda colaboración entre periodistas, investigadores privados e integrantes de Scotland Yard, que contaban con la complacencia o abierta complicidad de los directores del dominical y de la clase política británica.

Pero el caso que despertó las iras del público y forzó la desaparición del semanario ante el retiro de los anunciantes fue el de Milly Dowler, una niña de 13 años secuestrada en el 2002 y hallada muerta seis meses después. En ese tiempo, el investigador de NoW accedió al buzón de voz de su teléfono y borró regularmente mensajes antiguos para que pudieran entrar nuevos, haciendo creer a la familia y a la policía que la propia Milly lo hacía, y por tanto seguía viva.

¿Es un consuelo que estas prácticas se den en Gran Bretaña, uno de los países más instruidos, con una de las tradiciones periodísticas más añejas y con uno de los sistemas políticos más sólidos? No lo creo. Los delitos que motivaron el cierre de News of the World hacen empalidecer los tropiezos de nuestra prensa, es cierto, pero deben servir como advertencia: por más exitoso que sea el medio, nunca puede abdicar de esa lucha diaria que es la conquista de la credibilidad. Lo contrario es firmar una sentencia de muerte que puede tardar, pero siempre llega.

Publicado en el diario La República (16-07-2011).

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Una respuesta a ““Estiércol en letras de molde” por Raúl Tola

  1. Una breve pero clara presentación de un caso poco conocido entre nosotros. Habría que llamar la atención sobre la alta tolerancia del lector del semanario para la cantidad de basura que éste publicaba. Una tolerancia similar hemos venido cultivando en el Perú en los últimos años. En primer lugar por el efecto de la “prensa amarilla” que creó Montesinos en el gobierno de Fujimori, pero también por lo que en su momento se llamó la “magalización” de la prensa. Hace bien Tola en señalar que algo así, aunque parezca sacado de una película de James Bond, es algo perfectamente posible entre nosotros.

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