Era un Cristo plástico, de esos que veo por ahí…

“El Presidente quería dar una sorpresa”, ha dicho Juan Ossio, el intrascendente ministro de Cultura del actual régimen, que (felizmente) llega a su fin en poco más de un mes. Y la verdad es que lo logró: la construcción de su “Cristo del Pacífico” ha dejado perplejos a propios y extraños que no querían creer la noticia — su buen gusto no se los permitía. Desde luego que no le ha faltado el apoyo del advenedizo cardenal Cipriani, que lo ha felicitado, y el agradecimiento de la Conferencia Episcopal. Claro, qué más podrían hacer si reciben un sueldo de éste. Lo cierto es que, según parece, los últimos meses de un gobernante que ha tomado conciencia de que no seguirá en el poder, ni siquiera con una alianza, suelen ser meses de actuaciones no muy inteligentes por su parte. Los estadounidenses lo tienen claro. Sin embargo, en nuestro caso, esta situación no es tan habitual y se agrava al tener el Presidente que tenemos: todo un caso para psicólogos.

García ha dado a lo largo de este segundo gobierno una impresión general que no ha podido ya excusar en la juventud que tenía durante su primer mandato y que, incluso, difícilmente se explicaría por fallas en su tratamiento con litio. Ha demostrado que sigue siendo incapaz de controlar sus impulsos, que carece de la más mínima autocrítica, que no le importa pasar por encima de quien sea para hacer lo que considera adecuado; en suma, que más allá de algún buen manejo de la economía que le debe a su antecesor, no sabe gobernar una república, sino acaso un virreinato. Un Wikileak de la Embajada estadounidense en Lima lo caracterizaba como poseedor de un “ego colosal”. La verdad, psicológicamente hablando, es que no tiene un ego colosal, sino uno decrépito y microscópico. Y precisamente por eso tiene la necesidad de aumentar su autoestima como puede y sin temor al ridículo, ya sea seduciendo patéticamente a cuanta conductora de televisión lo entrevista, o construyendo monumentos “colosales” que según él lo harán pasar a la Historia al mejor estilo de Ramsés II o del virrey Amat (aunque sin Perricholi).

Caricatura de Heduardo, publicada en el diario Perú 21 (12-06-2011).

Una sola razón podría llevarnos a aceptar la construcción de este “Cristo del Pacífico”: tendríamos algo tangible para recordar (sólo como el principio de una larga madeja) por qué no debemos elegir a Alan García cuando postule en el 2016, ya que es un hecho que lo hará. Pero hay, en cambio, varias razones para rechazarlo y manifestarse en contra de su construcción:

1. Es un monumento en nada original y nada propio (ni siquiera una estatua de Santa Rosa se le ocurrió poner). Ni el entorno natural del Brasil ni su contexto cultural se condicen con el nuestro; lo que hace que el Cristo de García no sea más que una parodia del otro, una burda copia que francamente da vergüenza internacional, al igual que las usuales frases del Presidente. Ver los entornos del Cristo de Brasil y el de Chorrillos es suficientemente elocuente. Eso demuestra una torpeza y mal gusto lamentables.

2. El “Cristo de Alan” es una figura estéticamente deplorable. Es una figura de molde. No tiene un estilo artístico (como sí el de Corcovado; compárense por ejemplo los rostros y las túnicas), ni belleza en detalles (véase el cuerpo), y ni siquiera proporción (un Cristo cabezón y cuadrado, nos ha resultado). Y las manos… todos los Cristos del mundo tienen los brazos abiertos en señal de abrazo o acogida; pero el Cristo de García los tiene con las palmas de las manos hacia arriba, como esperando que algo le caiga del cielo (a lo mejor así es como “la plata llega sola”). Alguien ha observado que idéntico es el gesto que con sus manos hace el personaje cómico de la Paisana Jacinta. Y todo esto sin contar con el material del que está hecho: “resina de polyester camada sobre estructura metálica” de 20 metros, según el reporte de la Aduana. El Presidente que —¡en un país como el nuestro!— afirma que la creencia en la presencia de algún dios en las piedras es algo primitivo que hay que desterrar, ¿cree sin embargo que deja de ser primitivo si coloca a dios en un muñeco de plástico (que es además un material bastante menos noble que la piedra)? Porque afirma que su muñeco bendecirá y protegerá a la ciudad… pero de lo que aparentemente no estamos protegidos es de su dechado de huachafería — peruanismo nunca más apropiado que para este tipo de “monumentos”. Bien anota Luis Rey de Castro, en alusión a esta obra, que “cuando alguien pretende repetir la Capilla Sixtina en las bóvedas de su casa, el resultado no puede ser otro que una huachafería” (aunque se equivoque al definir lo huachafo, que es vocablo de fácil uso pero difícil definición, como si fuese necesariamente lo que es copiado, pues también hay huachaferías originales). El Presidente, ante las críticas del municipio limeño, ha dicho que “la figura no es discutible”, pero, desde un punto de vista estético, es lo más discutible de todo.

3. Más pragmáticamente, García ha declarado que el monumento tiene por objeto crear un espacio de concurrencia turística. Lo mismo está tras el apoyo de los pobladores de la parte baja del morro. Hay que decir, sin embargo, que el Cristo de Río de Janeiro es ciertamente el monumento turístico más importante de esa ciudad por la sencilla razón de que no tienen el rico pasado precolombino que tenemos nosotros. Algo distinto ocurre, por ejemplo, en México, donde el más mínimo vestigio prehispánico es aprovechado turísticamente. En Lima, no obstante, un gran número de monumentos históricos está en total abandono, incluyendo al mismo morro de Chorrillos. Por eso sorprende también la fácil anuencia del ministro Ossio que, en lugar de defender y promover la cultura pidiéndole al Presidente que atienda a los monumentos ya existentes, se muestra complaciente con los impulsos maníacos que él llama “sueños”. Además, mientras más se explica el ministro, más exhibe su ignorancia: dice que este Cristo mira al Pacífico como el del Corcovado mira al Atlántico, pero ése no hace tal cosa, pues su cabeza agachada mira en realidad a la ciudad. ¿Qué significación puede darse al nuestro, que mira a un mar donde no hay puerto ni caleta? ¿Se quiere fugar, acaso? Esta estatua, bautizada en las redes sociales como “el Cristo del Gordovago”, no tiene siquiera el interés urbanístico, de ingeniería y artístico que tuvo el de Brasil. Es simplemente un armatoste de lo más superficial.

Caricatura de Heduardo, publicada en el diario Perú 21 (16-06-2011).

4. El morro de Chorrillos es en sí mismo un monumento histórico (por la Guerra del Pacífico), geológico y arqueológico. Ninguno de estos asuntos ha sido puesto sobre la mesa de manera adecuada por el ministro Ossio. Lo único que ha señalado es que sus técnicos aprobaron la instalación del armatoste por considerar que no altera el estatuto histórico del morro. Lo que no ha dicho es que esa aprobación se hizo en un día. En general, la aprobación del proyecto en sus diferentes instancias ha sido tan rápida para lo habitual, que hay que considerarla verdaderamente milagrosa. Ni siquiera las donaciones internacionales tras el terremoto de Pisco tuvieron trámites tan breves. Voluntad política, se llama eso. Lamentablemente, una desatinada e insensata voluntad política donde no cabe priorización: una estatua es más importante que atender las muertes por friaje en el sur andino.

El ministro Ossio ha querido justificar la aprobación de la estatua afirmando que, “la construcción de un monumento conmemorativo, cualquiera sea su naturaleza, en zona de uso restringido, en este o en cualquier caso, no le resta valor al sitio histórico”. Es decir, que si a García se le hubiese ocurrido poner su regalo en medio de Machu Picchu o de Chan Chan, ¿también lo hubiese avalado? La UNESCO no estaría de acuerdo. Además, cuando se estipula que la intangibilidad del morro permite construcciones acordes con su valor histórico, el espíritu de la norma es permitir la construcción de museos de sitio o de monumentos como el que ya existe “al soldado desconocido”. ¿De qué manera el Cristo de García se vincula con ese pasado histórico? ¿Fue acaso una guerra en defensa de la fe cristiana la que tuvo lugar allí? Una estatua de Grau hubiese tenido mucho mayor sentido. Se trata sólo de un mal pretexto para cumplir el “sueño” del Presidente. Así lo demuestra también el hecho de que el resto del morro siga igual de abandonado, con placas y la bandera del soldado desconocido robadas, con pintarrajeos, inseguridad y la cercanía cada vez mayor de los asentamientos humanos. El planetario y las antenas coronan la historicidad del lugar y la preocupación del ministro por preservarla. Según la historiadora Mariana Mould de Pease, “la decisión unilateral del presidente García es gravísima porque ignoró la legislación y los protocolos existentes de protección del medioambiente y de una zona con una identidad definida”.

Aquí es donde no puede entrar a consideración el dudoso gusto de quienes quieren que el morro sea verde y no tan marrón como ahora, que tenga su Cristo y mucha iluminación de colores, con áreas verdes e, incluso, juegos para que los niños se diviertan también. Y no puede entrar a consideración porque el morro no puede ser alterado, debe permanecer tal cual. Y esto no sólo por el valor histórico de la zona, sino también por su hasta ahora ninguneado valor arqueológico y geológico. Arqueológico porque el Cristo de García ha sido puesto dentro de la Zona Arqueológica Monumental de Armatambo. Eso agrava aún más la autorización municipal porque, como dispone el Reglamento de Investigaciones Arqueológicas,  un área así solo puede ser usada “de manera igual o similar a su función original”. Se comprenderá que el muñeco de plástico no tiene nada que ver con esa función. Y geológico porque se trata de una formación paleontológica que está también por ello protegida.

5. García ha dicho (casi advertido) a la prensa que el “Cristo del Pacífico” no le cuesta nada al erario nacional porque es un obsequio del Brasil y de sus ahorros personales. Esta declaración echa más sombras sobre el monumento. En primer lugar, porque la iluminación propuesta para el mismo la pagará el municipio de Chorrillos y le costará entre 29 y 36 mil nuevos soles anuales. En segundo lugar, porque no ha sido donado por el Estado brasilero, sino por la empresa Odebrecht que ha sido la principal beneficiaria de las construcciones impulsadas por el gobierno aprista (junto a la nacional Graña y Montero), Es más, tres días después del anuncio de la construcción del “Cristo del Pacífico”, a la empresa se le adjudicó el segundo tramo del tren eléctrico, a pesar de las denuncias de irregularidades, que son otra constante en los proyectos de esta empresa. Pero García está acostumbrado a premiar con dinero o reconocimientos del Estado a quienes cumplen con su voluntad. Así de simple. Condecoró con la Orden al mérito en el grado de Gran Cruz al alcalde Burgos, acusado de diversos actos delictivos, por apoyar la propuesta de hacer de San Juan de Lurigancho una provincia (independiente del municipio limeño). Y condecoró igualmente con la Gran Cruz al también cuestionado alcalde de Chorrillos, Augusto Miyashiro, por sus “servicios distinguidos” (pregúntesele a los vecinos cuál de sus construcciones es “distinguida”), una semana después que éste aprobara la instalación del Cristo de García en su distrito y en los términos en que su municipio se hace cargo de los costos de mantenimiento e iluminación por los próximos diez años. ¿Es una obra exclusivamente privada si el dinero de la municipalidad de Chorrillos está involucrado? ¿Lo es si la Presidencia del Consejo de Ministros ha sido la encargada de ejecutar todo lo referido a la instalación de la obra? ¿Lo es si la empresa puede deducir sus gastos del pago de impuestos? Ni siquiera limitando la noción de lo público a lo meramente económico puede sostenerse lo que dice García.

6. La construcción ha sido impuesta a la ciudad sin seguir los procedimientos que normalmente demandan un concurso de proyectos arquitectónicos y una elección transparente de la mejor opción, como ocurrió con el monumento por el bicentenario de la independencia en Buenos Aires. Nada de esto ha sido hecho con esta obra que, bajo la excusa del regalo sorpresivo, se ha ejecutado “al caballazo”, como se dice criollamente. Si algo exterioriza este monumento es la autocracia que caracteriza al Presidente. En algo no se equivoca García: en que la obra es un “enorme gesto”. Como afirma Patricia del Río, la imagen “simboliza perfectamente un estilo de gobierno arrogante e irrespetuoso… Tu opinión no me importa”.

7. Un último punto es el referido al carácter religioso del monumento. En un país mayoritariamente católico, es un argumento débil sostener, como han hecho algunos, que debiera respetarse la laicidad del Estado. Y aun si fuese un argumento fuerte, por ahí no va el asunto, sino más bien por que un católico (o cristiano) sensato no puede avalar la utilización política y económica de sus creencias y símbolos religiosos. Ese es el punto, pues claramente la construcción de este Cristo de plástico ha sido utilizado para encubrir los oscuros negociados entre García y Odebrecht bajo un manto de supuesta generosidad (un “regalo”), tanto por parte del Presidente como de la empresa. Desde ese punto de vista, no había nada mejor que un Cristo, pues obviamente los creyentes poco críticos, que son mayoría, iban a ser manipulados fácilmente. No lo puede negar todo aquél que en este asunto ha convertido su fe religiosa en convicción política. Por lo demás, el Presidente y sus voceros han opinado varias veces sobre esta polémica construcción, pero no han dicho nada sobre la más grave Ley 29703, la llamada “ley de la coima”. Ahora bien, algunas personas han sostenido que no debería criticarse al monumento sino a esa ley, pero eso no se sostiene desde el punto en que no hay ninguna regla que nos diga: “critica uno solo y el mismo asunto siempre”.

Los argumentos que he escuchado y leído a favor de la estatua son bastante superficiales en la medida que suponen, en un punto u otro, una abdicación del pensamiento crítico y no tienen siquiera la osadía de llevar sus lógicas hacia ulteriores consecuencias. Se dice, por ejemplo, que no hay que criticar la colocación de este monumento porque busca generar concordia (que yo sepa la única concordia que ha generado es entre García y Odebrecht) o que no hay que cuestionar la existencia de un espacio turístico más; lo que quiere decir, si se es coherente, que son bienvenidas las réplicas de la Estatua de la Libertad en el cerro San Cristóbal o una Esfinge en el cerro San Cosme.

Imagen del blog CITIO, donde se puede ver, ya que se pide críticas constructivas, varias otras propuestas, como una réplica de la Torre Eiffel en la Plaza San Martín o una de Manco Capac en Río de Janeiro.

Una de las defensas más cómicas es la que ha hecho el ex-alcalde Castañeda, que dice que “ojalá que el Cristo ilumine y traiga paz a los cerebros“. Ojalá más bien que los planes divinos no incluyan una muerte neuronal masiva, como la que está deseando el ex-alcalde. El humorista Carlos Álvarez, en su parodia de García, dijo que el primer milagro de este Cristo ha sido hacer que el Mudo (Castañeda) hablase. Más ridícula aún es la justificación de Ossio cuando afirma que si el Cristo del Corcovado es una maravilla del mundo, entonces por qué no copiarla. ¿Se habrá escuchado a sí mismo? ¿Se le ocurrirá luego sugerir en Brasil una réplica de Machu Picchu? La jefa de Gabinete, por su parte, ha señalado que la autorización de la obra era competencia exclusiva de la municipalidad de Chorrillos, pero eso no es cierto por cuanto, según la ley, las “autorizaciones y/o las adjudicaciones que, en ejercicio de la facultad que otorga el Artículo 3 de la Ley Nº 26306 efectúen los Municipios Ribereños, sólo generarán derechos cuando se ajusten a lo establecido por el Plan Maestro de Desarrollo y sean ratificados por la Autoridad del Proyecto Costa Verde” (en la que están incluidos los otros distritos y la municipalidad de Lima, que no fueron consultados). En consecuencia, la instalación de la obra no tiene efecto jurídico alguno y puede ser removida de pleno derecho. García ha intentado tardíamente remediar este despropósito señalando que el ex-alcalde Castañeda había sido consultado, pero no se trató de comunicación oficial ni consulta legalmente válida, sino, como lo ha reconocido el mismo ex-alcalde, de una conversación: “Con el presidente lo conversamos hace muchísimo tiempo. A mi me pareció una buena idea”. El ex-alcalde dice no ver “dónde está el pecado”. En cuestión de pecados allá tienen su confesionario en la Catedral (donde la megalomanía no parece ser uno). En lo que a la consideración pública atañe, lo que hay es una serie de irregularidades legales en la forma, y morales (además de estéticas) en el fondo.

Ya está bien de permitirle a nuestras autoridades atentar contra los espacios públicos. Bastante tenemos con las absurdas prohibiciones para disfrutar de las áreas verdes en diversos distritos, como para además tener que soportar el prepotente mal gusto de autoridades que quieren hacer en nuestro espacio monumentos a la huachafería, como aquél que celebra las fuentes helénicas de la cultura chiclayana:

"Parque de las Musas", Chiclayo

O aquél otro que rememora el pasado prehistórico de El Agustino (Lima):

"Parque El Dinosaurio" en El Agustino.

O el originalísimo elogio de la libertad en Cutervo:

"Estatua de la Libertad", Cutervo

Ejemplos sobran. Ya es momento de decirle a alcaldes y Presidente, aunque se esté yendo, porque éste es un mensaje también para las nuevas autoridades, que queremos gobernantes que respeten la institucionalidad democrática y no autócratas con complejo de virreyes con mal gusto. Habría que cambiar un poco la letra de aquella canción, pues, en casos como éste, “se ven las caras y también el corazón”.

Caricatura de Heduardo, publicada en el diario Perú 21 (13-06-2011).

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