“La ética y el fujimorismo”. Análisis filosófico de Pablo Quintanilla

En su programa En Voz Alta (lamula.pe), Claudia Cisneros ha entrevistado al filósofo analítico Pablo Quintanilla, quien hace un balance del actual proceso electoral y, en particular, del fujimorismo y las valoraciones éticas. El vídeo de la entrevista es el que sigue:

Considero especialmente relevante la observación de que el fujimorismo nos ha dejado, con su conocida mentalidad “pragmática”, la percepción masiva de que la moral es un lujo prescindible (lo mismo que el derecho constitucional). Si uno escucha declaraciones, lamentablemente habituales en estos días, como las de Rospigliosi afirmando que en estas elecciones no es posible votar pensando en la ética (en Radio Capital, 30-05-2011), se da cuenta de ello. La moral tiene que ver con todo acto humano, se le quiera o no ver, sea desde determinados valores o desde otros opuestos. Ahora, ¿por qué tiene éxito la difusión de esa ceguera? Porque astutamente se apela a emociones y necesidades básicas tales como el miedo o el sentimiento de inseguridad y el dinero, que permiten no sentirse mal o creerse justificados para postergar y encubrir juicios éticos de los que no salen bien librados.

Lo segundo que señala Quintanilla es también importante: “los países sólo se desarrollan cuando hay condiciones internas que permiten identificarse en el otro, que permiten reconocer al otro”. Esto no es un argumento “caviar”, como dirían sus detractores, sino científico; biológico, para ser más precisos. Toda persona, en tanto homo sapiens, necesariamente percibe y razona triangulando entre sí mismo, los otros y la realidad externa. Lo propio de nuestra especie es en ese sentido la capacidad de metarrepresentación que desarrollamos desde los 3 años de edad aproximadamente. Esto consiste, en líneas generales, en poder pensar lo que el otro puede estar pensando. Esa apertura está en íntima relación con las valoraciones morales y con la inteligencia entendida como capacidad predictiva. Quizá por eso también, al renunciar a esa apertura desde juicios morales que ven con malicia al otro, que parten de una identidad que sólo puede afirmarse en oposición a ese otro, los fujimoristas tienen normalmente lecturas literales y grotescas sobreinterpretaciones de posiciones distintas a las suyas. Al no creer seriamente que el otro pudiese estar en lo cierto, se cierran ellos mismos y a sus inteligencias dentro de duros caparazones, desconociendo que la verdadera solidez está en la fragilidad máxima.

Y ese mismo simplismo es el que tiene gran parte del sector empresarial, como señala Quintanilla, al tener en cuenta únicamente un desarrollo económico, cuando, en realidad, por la misma condición humana, el desarrollo tiene que ser, desde un principio, un desarrollo multifacético. Así como sería ilógico educar a un niño de tal manera que hasta los 10 años sólo se desarrollara físicamente, y que recién desde esa edad se desarrolle intelectualmente, así también es absurdo y malintencionado suponer que un país debe primero desarrollarse económicamente y luego recién hacerle caso a las “exquisiteces” esas de la moral y la inteligencia.

Lo de la existencia de un módulo moral en nuestro cerebro es algo que aún viene siendo objeto de estudio y discusión, de modo que sobre ello no me pronuncio. Pero sí sobre el hecho, acertadamente resaltado por Quintanilla, de que eso no le quitaría peso a las circunstancias ambientales de la persona, y especialmente aquellas en las que ésta forma su carácter. En ese sentido no es tan fácil decir, sin problematizarlo aunque sea un poco, que Keiko Fujimori y su padre no son lo mismo habiendo vivido exclusivamente con él durante su corrupto gobierno y habiendo cerrado filas con él ante las críticas y denuncias que se le hacían y que se le hacen incluso ahora. El caparazón impide la autocrítica. Ahora, lo que haría a la teoría del módulo más importante en este punto es el hecho de que si no fuese activado por su entorno temprano no podría ser activado nunca más, como con el lenguaje.

En lo que sí no estoy de acuerdo es en la imposibilidad de educar a los hijos moralmente frente a un eventual gobierno de Keiko Fujimori (claro, siempre y cuando no se haya votado por ella). Sería una situación problemática, pero el aprendizaje moral también se da a través de contraejemplos. En ese caso, estando también de acuerdo, por lo antes dicho, en que es muy poco probable que un gobierno del fujimorismo sea moralmente bueno, la tarea de los padres tendría que ser precisamente la que corrija las distorciones y ceguera de los gobernantes y de la sociedad manipulada por estos. La empatía moral que no encuentre en una sociedad corrupta, el hijo la tendría que obtener de casa. Aunque estas serían, evidentemente, condiciones indeseables, sobre todo por la agresividad inmoral de la prensa. El tema de la ética, por tanto, está relacionado con las elecciones y es necesario tenerlo en cuenta.

Caricatura de Heduardo publicada en El Otorongo.

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