El camaleónico señor Rospigliosi

El analista Fernando Rospigliosi se ha convertido en un defensor acérrimo de la candidatura de Keiko Fujimori como opción menos mala en la actual coyuntura electoral, y lo ha hecho restándole importancia a los peligros que, en su opinión, esa candidatura representa. Ahora bien, el asunto es que en esos puntos desdice lo que afirmó hace sólo un par de meses, en marzo, antes de la primera vuelta electoral, sobre la misma candidata. Los cambios de opinión no son malos por sí mismos, en absoluto, pero requieren justificaciones creíbles para que no sean antojadizos. Lo contradictorio está en que las razones que el señor Rospigliosi da ahora para habilitar a la candidata Fujimori son exactamente las contrarias a las que aparecen resaltadas en el siguiente artículo, del que transcribo las partes contradictorias con su versión actual (puede leerse completo en el enlace).

Si Fujimori hubiera sido absuelto

Fernando Rospigliosi

La sentencia contra Fujimori no solo ha tenido efectos jurídicos sino también políticos. La primera consecuencia política que ha tenido es muy importante: ha desmoralizado a sus seguidores, mientras que les ha subido la moral a sus adversarios, incentivándolos a seguir en ese camino.

Y esto no es poca cosa. Imaginemos si Fujimori hubiera sido absuelto y hoy estuviera libre, paseándose por el país, exhibiendo su impunidad y diciendo a todos: “Miren, yo maté y robé, pero estoy libre, eso es el Perú”. Habría tenido un efecto ferozmente desmoralizante para todos aquellos que hemos luchado por la justicia y para que se sancionen los crímenes, y habría servido para reforzar esa mentalidad de “que robe o mate, con tal de que haga obra”. Esta tendencia sigue siendo muy fuerte ahora, pero lo sería mucho más con un Fujimori absuelto y libre.

¿Y qué habría pasado con la candidatura de Keiko si su padre hubiera sido absuelto? Ella no vale nada por sí misma ni tiene ninguna trayectoria que avale esa simpatía que suscita en ciertos sectores; evidentemente, se la debe al papá y a lo que determinada gente valora de su gobierno. Por eso, si Fujimori hubiera logrado ganar el juicio, ella hoy en lugar de tener un 18% ó 20% de popularidad tal vez tendría 35%.

Esta sentencia nos ha demostrado que en el Perú sí es posible hacer justicia en los casos que involucran a personajes poderosos, a través de juicios con altos estándares, con sentencias efectivas, con personas en prisión. Más allá de que se descubra que en la cárcel algunos disfrutan de determinadas gollerías, como las que se le han dado a Fujimori.

Y es la primera vez que ocurre en los 200 años que el Perú tiene de historia republicana. ¿Cuándo en este país han estado en prisión personas tan poderosas como Montesinos, o ex comandantes generales de las Fuerzas Armadas, empresarios, dueños de medios de comunicación y hasta un ex presidente de la
República? Nunca.

El único precedente es el de Leguía, que cuando se derrumbó su dictadura en el año 1930 fue apresado y murió poco después en la cárcel. Pero no es comparable porque él no tuvo un juicio justo, limpio y transparente, como sí ha ocurrido en el caso de Fujimori. Este tipo de juicios y de sentencias constituyen, entonces, un hecho inédito.

Con relación a Fujimori, se trata de alguien que no solo fue poderoso sino que lo es también ahora. Y una de las fuentes de ese poder es que hoy es el más firme aliado que tiene el gobierno. Ese poder se expresa en los 13 congresistas que tiene en el Congreso y en los índices de popularidad de la hija. El caso de él no es como el de Montesinos, quien ya no tiene poder político; sin embargo, aun manteniendo este fuerte poder político, la justicia peruana lo condenó. No debemos olvidar, entonces, que lo ocurrido con Fujimori [su sentencia] es un caso excepcional, producto de circunstancias excepcionales. […]

Con esto quiero remarcar la importancia que han tenido las circunstancias políticas para la condena de Fujimori y de toda su mafia vinculada a violaciones de derechos humanos o casos de corrupción. El Perú no es un país en el que las instituciones funcionen y tengan continuidad y permanencia, independientemente de los gobiernos. La institucionalidad tiene mucho que ver con quién está en el gobierno, con lo que se impulsa o no desde ahí. […]

Fuente: Méndez, Juan E., Salomón Lerner Febres (et al.), La trascendencia del juicio y la sentencia de Alberto Fujimori. Una mirada nacional e internacional, Lima: Instituto de Defensa Legal, 2011, pp. 83-86. Se puede leer el libro completo aquí.

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