El argumento de PPK que insulta a la juventud

Uno de los argumentos de Pedro Pablo Kuczynski para apoyar a Keiko Fujimori, uno central porque en él basa la habilitación moral de la misma, es abiertamente insultante respecto de la capacidad intelectual y moral de los jóvenes. Teniendo en cuenta que el ex-candidato se jactaba de su relación con estos (a pesar de que ocupó el tercer lugar en voto juvenil), el insulto alcanza a sus propios votantes. Este es su argumento:

Ella [Keiko Fujimori] tenía 15 años cuando su papá fue elegido, 17 años cuando ocurrió el golpe del 5 de abril. Es muy difícil e injusto achacarle las corrupciones y los otros crímenes que se cometieron. Ella nada tuvo que ver con eso y deslindó con Montesinos antes de que acabe el régimen de Fujimori.

Programa “A Primera Hora”, 26 de mayo de 2011.

En primer lugar hay que señalar que lo que está en juego no es la responsabilidad penal de la candidata Fujimori por los crímenes de su padre (excepto por haber recibido dinero del Estado para sus gastos personales, por lo que está siendo procesada aunque sin acudir a las citaciones), sino la capacidad de la candidata para rechazar la corrupción y la ilegalidad; es decir, su capacidad de respuesta moral. Dicho esto, veamos las implicancias lógicas del argumento.

A los 15 años (1990 para Keiko), según PPK, se es muy joven para pensar, hacer distinciones morales y decidir libremente. Ni siquiera la tradición católica avalaría eso, porque esa edad es considerada la edad del “uso de razón” que justamente posibilita el sacramento de la confirmación. Tampoco lo avalarían las ciencias ni la psicología, para las cuales el proceso de maduración comienza antes. Se trata, pues, de un viejo prejuicio que busca anular interesadamente la capacidad crítica de la juventud.

Lo mismo vale, dice PPK, cuando se tiene 17 años (uno menos de la mayoría de edad), que son los que Keiko Fujimori tenía cuando su madre denunció los actos de corrupción de Alberto y sus hermanos, cuando éste empezó a torturarla por esas denuncias, y cuando dio el inconstitucional y antidemocrático golpe de 1992. De lo primero y segundo ella calla incluso ahora, y de lo último siempre lo ha justificado por “condiciones excepcionales” (que no es excusa jurídicamente admisible para suspender derechos fundamentales).

Lo que no dice PPK es que Keiko Fujimori en ningún momento se distanció del gobierno de su padre ni renunció a su cargo de Primera Dama. Al contrario, a sus 25 años, lo apoyó abiertamente en su ilegal campaña re-reeleccionista. ¿No firmó para el referendum que buscaba impedir la postulación de su padre? Sí, claro, porque intentando minimizarlo declaró que ella también podía firmar, por lo que las congresistas Lourdes Flores y Anel Townsend la abordaron en el Congreso con un planillón, y ella, rodeada de periodistas, no pudo negarse tras decirles: “qué fregadas, ¿ahorita tiene que ser?”. Al final, todo concluyó con el rechazo de la iniciativa por los manipulados entes electorales y con Keiko Fujimori metida de lleno en la re-reelección.

Keiko (25 años) y Alberto Fujimori, luego del fraude electoral del año 2000, saludando a sus simpatizantes, simbólicamente, con las manos sucias.

Si somos consecuentes con la lógica que propone PPK, tendríamos que admitir que en ese momento Keiko Fujimori, con sus 25 añitos, todavía era muy joven. ¿No es acaso perfectamente comprensible que a esa edad no se tenga capacidad crítica? ¿No? ¿A los 25 años? ¿Y en qué momento entonces la desarrolló?

No sé tú, amigo PPKausa, pero a mí esto me parece insultante y no acepto que se me incluya. Recuerdo muy bien cuando en 1993, cuando tenía 10 años, discutía con mis amigos de escuela sobre el golpe del año anterior y sobre la Constitución que Fujimori había hecho a su medida. Recuerdo que casi todos ellos aprobaban lo que Fujimori hacía en contra de los “políticos tradicionales” y que, en esas discusiones argumentadas, yo sostenía que él era igual de “tradicional” que los otros pero con el agravante del autoritarismo. Teníamos 10 años. Y recuerdo que me prestaba del archivo de mi padre las normas legales y notificaciones que se amparaban en ellas, con las que los bancos privatizados conminaban a sus antiguos empleados a irse con un único pago ominoso o irse sin nada si decidían resistirse bajo el amparo cada vez más débil del derecho laboral. A eso se reducía la libertad de elección y así se hacían las privatizaciones en el primer gobierno de Fujimori. Mi padre luchaba contra eso y logró al menos pensiones de cese para muchos trabajadores, no sólo con las leyes que el Gobierno no respetaba, sino además con la fuerza de la resistencia sindical. Mis compañeros reconocían que esa política de Fujimori era al menos moralmente censurable. Teníamos 10 años.

Y me resisto también a que se me incluya en esa insultante excusa porque, en 1998, cuando tenía 15 años, harto de la inmoralidad y los crímenes de Fujimori que salían a la luz en unos pocos medios y siempre sustentadamente, me uní a la marcha de jóvenes y otras manifestaciones en contra de la dictadura represiva. Lo hice por voluntad propia, con oposición de mi familia y sabiendo muy bien que ponía en riesgo mi vida (los policías disparaban las bombas lacrimógenas al cuerpo). Y no era el único de mi edad. En ese contexto no había nada más falso y agraviante para nosotros que se dijese que, como jóvenes, éramos fácilmente manipulables por la oposición. El argumento de PPK para exculpar moralmente a Keiko Fujimori lleva implícito el mismo agravio (aunque él no repare en eso). Por eso mismo, porque asume que los jóvenes no piensan, él, que nunca defendió la democracia ni la libertad durante la dictadura, se atreve a decirles (o sugerirles) cómo deben pensar y qué deben o no deben hacer. ¿Tú se lo permites? Yo, no.

Encima el ex-candidato quiere que nos creamos el cuento chino de que Keiko Fujimori marcó distancia con Montesinos antes que terminara de caer el ilegal tercer gobierno de su padre. ¡Pero si el propio Alberto Fujimori marcó también esa distancia en público!, haciendo la finta de estarlo buscando mientras que en privado le pagaba 15 millones de dólares (lo ha aceptado el mismo Fujimori) y le facilitaba la salida del país por el Callao y el asilo en Venezuela. Todo eso es bien conocido para cualquier joven que haga un poco de esfuerzo histórico y para los no tan jóvenes que todavía no sufrimos de Alzheimer. Que esa distancia era falsa en el caso de Keiko Fujimori lo demuestra el hecho de que, después de la difusión del primer “vladivideo”, ella buscase un modo de salir de la crisis protegiendo a Montesinos, como lo atestiguó el ex-ministro Carlos Boloña ante el Poder Judicial.

Declaración de Carlos Boloña, ex-ministro fujimorista, en la que desvela la agenda oculta de Keiko Fujimori para proteger a Montesinos mientras en público marcaba distancias entre éste y su padre.

Keiko Fujimori ha demostrado con creces que, estando vinculada al poder, fue incapaz para reconocer y criticar la corrupción y los crímenes del gobierno de su padre contra los derechos humanos. Pero eso nada tiene que ver con su juventud, sino con su educación, sus hábitos y el modo de pensar (la falta de crítica) que mantiene hasta hoy. Que no venga, pues, el ex-candidato PPK a insultar la inteligencia y la capacidad crítica de los jóvenes con un argumento tan deleznable.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s