Apología de Carlos Iván Degregori

Qué difícil es confrontarse con aquellos aspectos que no son agradables de uno mismo. Y tanto más difícil es sostener una mirada analítica sobre ellos, a pesar de que le conciernan de modo importante y que lo necesite. Así también las sociedades no suelen mirar los aspectos más difíciles de su pasado y presente. Es más tranquilizador eludir el asunto y distraerse con alguno otro que nunca falta, o inventarse en todo caso un paraíso a la medida. Sin embargo, uno sabe que en el fondo, enterrado por uno mismo, algo anda mal y resuena terriblemente como el corazón delator en el cuento homónimo de Poe. Por eso mismo el Sócrates de Platón afirmaba —aunque con sentido más trágico que platónico— que no hay peor mal que creer que se está sano cuando en realidad se está enfermo. Cuando eso pasa con una sociedad entera, la única esperanza es que en medio de ella surjan aquellos pequeños grandes hombres que, como Sócrates, se confronten y nos confronten con esa realidad.

Uno de esos pequeños grandes hombres ha sido entre nosotros Carlos Iván Degregori, que murió el pasado jueves 19, luego de una larga enfermedad que no lo amilanó ni en su lucidez ni en su humor. Y mucho me temo que, del mismo modo que los griegos con Sócrates, nosotros no hemos sabido aprovechar la sabiduría del maestro, como debemos y podemos aún hacerlo. Por eso quisiera recordar aquí algunas de sus muchas enseñanzas, empezando por su agudo análisis del avance de Sendero Luminoso, publicado en 1986:

Las acciones de SL se inician en ambas márgenes del Alto Pampas, que forma justamente el límite entre las provincias de Cangallo y Víctor Fajardo; (…) hemos mencionado las condiciones de pobreza extrema de esas provincias, (…) que a nuestro parecer, y a diferencia de lo que postula Cynthia McClintock (1984), no bastan para entender el éxito senderista en la zona.

La dicotomía puna-valle propuesta por Favre (1984), según la cual los campesinos de las zonas bajas apoyarían a SL mientras que los de las alturas estarían en su contra, nos parece también demasiado parcial, pues tanto las punas como los valles son a estas alturas bastante heterogéneos. Una cosa es Huancasancos, por ejemplo, comunidad de altura ganadera y rica; otra es Uchuraccay, también en las punas pero extremadamente pobre. En Huancasancos hay campesinos ricos, laneros, hay escuelas y colegio secundario, hay hijos del pueblo que han estudiado en la UNSCH… y en una época Huancasancos llega a ser zona semiliberada. Igualmente, en cierto período SL tiene éxito en el valle de Huanta, pero no en el de Huamanga.

Ensayaremos, por tanto, una explicación que nos parece más cabal. Tanto el Alto Pampas y el Caracha, como las alturas ubicadas entre Huanta y La Mar. son justamente las zonas de mayor densidad comunal en Ayacucho (Urrutia. 1981). (…) Pero más que por ser zonas de comunidades o además de ello, las acciones se inician allí porque al ser zonas comuneras son zonas de escuelas, ya que las comunidades son las que más han reclamado y conseguido la apertura de centros educacionales y son, por consiguiente, las zonas rurales con mayor proporción de estudiantes y maestros, estratos originarios del senderismo ayacuchano.

Pero a pesar de la existencia de escuelas, en muchos casos de implantación reciente, son comunidades con poca tradición de organización moderna, cuya población adulta no ha pasado en su gran mayoría por los grandes movimientos de tomas de tierras de los años 60 y 70, ni por los grandes movimientos de organización gremial en la CCP y la CNA durante los años 70 (…) que sacó a las comunidades de sus estrechos linderos, las llevó a desarrollar nuevos niveles de organización democrática: asambleas, elecciones con voto universal. etc. y les proporcionó una mayor apertura hacia la escena política nacional. (…) ninguna de la zona del Pampas y el Ccaracha. Estas son, pues, comunidades muy encerradas en sí mismas y, además, reticentes al Estado. Tanto la zona de Huanta-La Mar como la zona de Cangallo-Víctor Fajardo tienen una antigua tradición de lucha antiestatal expresada, por ejemplo, a través de los llamados “movimientos fiscales”, desde por lo menos fines del siglo pasado cuando los campesinos iquichanos se levantan contra la elevación del impuesto a la sal (ver Husson. 1983), hasta los movimientos de la Mar en la década de 1920 (ver. por ejemplo. Kapsoli. 1984). Incluso en 1979, campesinos de Mollepata, en el distrito de Cangallo, expulsan a la policía y se niegan a aceptar un puesto policial en su localidad. (…)

Era factible, por consiguiente, que Sendero Luminoso asaltara los puestos policiales diseminados por la región durante 1981 y 1982, con cierto beneplácito o al menos neutralidad campesina. Pero el rechazo a la cara represiva del Estado no se hacía extensivo a otros aspectos estatales como la escuela o los registros públicos. Finalmente, no existía tampoco un rechazo al mercado. Todo esto saldrá a luz hacia fines de 1982, cuando comiencen a hacerse visibles los límites del avance senderista.

Degregori, C.I., Sendero Luminoso, Documento de trabajo Nº 4 y 6, Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 6ta. ed., 1986, pp. 41-42. Disponible aquí.

Cuánta desmitificación y claridad hay en estas líneas… Sobre la importancia del factor educativo, hasta ahora poco atendido; sobre la verdadera dimensión del factor ideológico, que ha sido quizá el más sobredimensionado mas no analizado detenidamente; sobre los defectuosos pero relevantes procesos democráticos de las organizaciones gremiales, denostadas en Lima como “primitivas”; sobre la insuficiencia de la pobreza como explicación causal de la violencia, etc.

Igualmente aleccionador es su análisis de las razones que llevaron a Vargas Llosa a no saber ganar las elecciones de 1990:

Fue Vargas Llosa quien introdujo el tema de la modernidad en las elecciones y lo puso en el centro del debate político nacional con obsesiva insistencia. (…) Pero su comprensión del impacto de la modernidad en estas sociedades periféricas, tan lejos de Suiza y tan al filo de Africa (cielo e infierno de la Humana Comedia vargasllosiana), no siempre fue la misma. En La Casa Verde, por ejemplo, los “agentes civilizadores” -monjas, policías, autoridades locales, comerciantes- podían resultar profundamente irracionales, a veces ridículos, con frecuencia arcaicos, casi sin excepción injustos y autoritarios cuando no despiadados. Años después, en La guerra del fin del mundo, MVLl narraba el choque de dos mundos ininteligibles el uno para el otro. Uno portaba la luz, la ciencia, la razón: Ordem e Progresso, como reza la inscripción en la bandera brasileña; el otro lo arcaico, la irracionalidad, el fanatismo. Pero aún allí, el personaje que despertaba más empatía era el rebelde primitivo Antonio Consejero.

Sin embargo, cuando en 1989 Vargas Llosa inicia su arrolladora campaña hacia la presidencia de la República, su concepción ya es tersa y sin fisuras. Refirámonos sólo a dos momentos donde su visión de la modernidad aflora con más fuerza. Uno es la larga entrevista periodística con la cual MVLl inició su campaña, donde uno de los motivos recurrentes es la lucha contra un estado de ”vida bárbara, de sociedad africanizada” (Expreso, 24.8.89:5); donde el objetivo del FREDEMO es esbozado como el de “salvar a nuestro país de la barbarización”; donde Inglaterra es casi un horizonte utópico y Margaret Thatcher una heroína cultural1. El otro es el debate final con Fujimori, cuando vuelve a mencionar a “los países europeos, que son los países modernos, que son los países libres, como en el que quiero convertir al Perú” (Página Libre 4.6.90:5). Y luego, acicateado por su contrincante, afirma: “no estaría mal que el Perú fuera una Suiza, un país que tiene uno de los niveles más altos del mundo, es un país de una democracia ejemplar que para resolver cualquier problema todos los suizos votan en unos plebiscitos” (ibíd.:8).

¿Cómo el mismo que en La Casa Verde dibujó un mundo de riquísima textura, pletórico de matices, pudo llegar a esta visión naive, ingenua y paradójicamente premoderna (casi mágica) de la modernidad y los países europeos? Más decisivo aún: ¿cómo y por qué una tal visión se convirtió en eje del mensaje fredemista durante la campaña electoral? El presente trabajo sostiene que en esa opción se revelan los límites y contradicciones del proyecto en apariencia más renovador de la derecha peruana y de su sector políticamente más volitivo, agrupado en ese entonces en Libertad. Allí encontramos a la primera generación criolla de derecha sin ataduras con los terratenientes tradicionales, extinguidos luego de los movimientos campesinos de los años 60 y la Reforma Agraria velasquista. Además, por primera vez en más de medio siglo, alrededor de Libertad se agrupan prominentes intelectuales de derecha, como no sucedía desde los tiempos de Riva-Agüero y Víctor Andrés Belaunde.Por primera vez en décadas Libertad articula una propuesta coherente para la inserción del Perú dentro de los nuevos circuitos capitalistas internacionales, y a partir de ella intenta una alianza con sectores populares2. Ese intentose sintetiza en el lema “tú también puedes ser empresario”, que apela a su vez a una nueva realidad en el mundo popular: el crecimiento de los microempresarios y el llamado “sector informal” de la economía. Pero si bien algunos en Libertad comprendieron ciertos rasgos y aspiraciones económicas de los informales, no los comprendieron étnica y culturalmente; ni comprendieron su propia ubicación a esos niveles dentro del país.

Degregori, C.I., “El aprendiz de brujo y el curandero chino”, en: Elecciones 1990. Demonios y redentores en el nuevo Perú. Una tragedia en dos vueltas, Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 1991, pp. 73-75. Disponible aquí.

No es, por lo tanto, enteramente cierto que Vargas Llosa haya perdido por honesto, como se dice ahora, sino porque no supo salir de los estrechos márgenes de sus nociones de política moderna o de barbarie. Por otro lado, nuestra última elección, este año, nos ha mostrado (por simpatizantes del candidato Kuczinsky) cuánto persiste de esa vieja discriminación en la derecha peruana. Ese es justamente el mestizaje que quería V.A. Belaúnde: la india abajo y el español arriba.

Un penúltimo texto que quiero citar es uno en que analizaba las estrategias que los militares peruanos desarrollaron frente al terrorismo y la ineptitud política:

Ante el recorte de sus prerrogativas y el avance senderista, las FFAA pasaron de la confianza inicial en el triunfo, al desconcierto y a un cierto desgano en la acción contrasubversiva, que en algunas coyunturas y lugares parecía casi una huelga de brazos caídos. Por otro lado, se atrincheraron en la defensa y distorsión de una prerrogativa: la exclusividad del fuero militar para tratar casos de violación de derechos humanos tal como si se tratasen de actos de servicio, aún cuando dichas violaciones hubieran sido cometidas fuera del mismo. El caso Accomarca, aldea ayacuchana donde se produjo una brutal masacre en 1986, resulta paradigmático. (…)

Desde 1983 las FFAA habían querido organizar de manera vertical dichos comités, semejantes en esos primeros años a las “patrullas civiles” de Guatemala (véase: Americas Watch 1986). Sin embargo, en el contexto de represión indiscriminada encontraron la terca resistencia de la mayoría del campesinado. Un lustro más tarde, sectores importantes cambiaron de actitud. Analizar las causas de este cambio escapa a los límites del presente trabajo. Mencionaré sólo que cuando a fines de la década de 1980 SL decidió alcanzar el “equilibrio estratégico” en su guerra contra el Estado, sus demandas sobre el campesinado aumentaron: reclutamiento de más jóvenes, entrega de más víveres, participación de la población como “masa” en acciones militares, endurecimiento de la disciplina senderista, propensa a la aplicación extensiva de la pena de muerte. Todo esto produjo rechazo. SL respondió incrementando la violencia contra el campesinado. Sin embargo, lo que lograron fue que los comités de defensa civil fueran aceptados e incluso comenzaran a organizarse en muchos casos de manera voluntaria. Por primera vez en nueve años las FFAA conquistaban la confianza campesina en las zonas más candentes.

Es que el nuevo accionar de SL coincidió, además, con un cierto cambio en el accionar de las FFAA. La desconfianza incial en la población tendió a ser reemplazada por una aproximación paternalista / populista, que retomaba algo del estilo del Gral. Huamán en 1984 y que en otro contexto había sido uno de los rasgos del docenio militar 1968-80. (…)

Se puede decir que hacia 1990 las FFAA habían delineado finalmente una estrategia para el combate a SL. Dejadas a su suerte por la clase política, esa estrategia exhibe un notorio carácter autoritario. No es sin embargo una estrategia genocida, a pesar de las provocaciones de SL que necesitaba una reacción de las FFAA todavía más brutal que la de Ayacucho en 1983 para seguir avanzando.

Degregori, C.I. y Carlos Rivera Paz, Perú 1980-1993: fuerzas armadas, subversión y democracia, Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 1993, pp. 12-14. Disponible aquí.

Aunque lentamente y yendo contra toda una tradición autoritaria, las Fuerzas Armadas fueron asumiendo por la propia experiencia una estrategia de alianza con las rondas campesinas que resultaría a la larga eficaz. Es importante notar que esto se dio con los políticos de espaldas y antes del gobierno de Fujimori, que aprovechó el descontento militar por el recorte de sus prerrogativas y les vendió la ilusión —con el golpe de 1992— de un gobierno conjunto. Lo que quería Fujimori era debilitar la institucionalidad; incluso, paradójicamente, la de las Fuerzas Armadas, tal como se vio, patéticamente y a nivel internacional, con la difusión del vídeo en el que la cúpula militar firmaba el acta de sujeción preparada por Montesinos, y también con el desfalco de la caja militar.

Y, por último, quiero citar un fragmento de un artículo que Degregori escribió en el 2006 pero que, por su lamentable vigencia en nuestra actual coyuntura electoral, volvió a publicar en su blog luego de la primera vuelta:

Si algo ha dejado en claro esta doble campaña electoral es que el actual modelo económico no puede seguir tal cual. La bronca expresada por un sector importante del país no es cosa de locos ni tarados. Revela, más bien, que una democracia no puede funcionar bien con casi un 50% de pobres y con una élite que se dedica básicamente a engreír a los inversionistas. (…)

La percepción de no ser reconocidos como personas y ciudadanos iguales ante la ley, pero también en la vida cotidiana, aunque sean rurales, serranos y “motosos”, es una tara, esa sí tara, que arrastramos las élites peruanas desde tiempos inmemoriales. Por algo somos el país de habla hispana que inventó el verbo “cholear”. (…)

Hoy es necesario ir mucho más allá. El historiador Flores Galindo decía que habría una revolución en el Perú el día que los campesinos dejaran de cederles la vereda a los señores y de llamarlos ´taytay’. Eso, en gran medida, ya fue. Pero hoy podemos invertir la figura y decir que habrá un cambio sustantivo en el Perú cuando, por ejemplo, los pueblos indígenas tengan acceso a la justicia en su propia lengua, cuando todos podamos sentarnos a comer en la misma mesa, no sólo durante las campañas; mirarnos sin despreciarnos mutuamente, compartir espacios públicos sin temores, convertir el uniforme de las empleadas domésticas, cuando este sea indispensable, en lo que debería ser: un requisito técnico como los overoles de los obreros o los casos de los ingenieros, y no un estigma que las separa y las marca como “cholas” casi como antes se marcaba a los esclavos.

Degregori fue entre nosotros un excelente analista social que sabía mirar las complejidades de nuestra sociedad en las decisiones más cotidianas. Esa era también la naturaleza de su compromiso académico. No nos equivoquemos, pues, pensando que la actual coyuntura política nada tiene que ver con los problemas más graves de nuestra vida en sociedad y que por lo tanto puede ser trivializada en contraste con ellos. No es cierto. Ambas cosas están fuertemente conectadas. Allí es donde todo pensamiento se transforma en acción política y no hay mejor manera de rendirle homenaje a las enseñanzas de un hombre sabio que practicar lo que se ha aprendido de él. Un voto entre millones puede parecer poca cosa (más aún si luego de éste uno se desentiende del resultado), pero si ese solo voto ha sido hecho pensando en esos graves problemas y en el mejor modo de solucionarlos, se habrá homenajeado al maestro con el mismo compromiso con el país.

Carlos Iván Degregori está ahora en nosotros.

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