Ahí está el detalle (de las encuestas). Los errores de Datum y la “grati” de Keiko

Hace unas semanas señalaba en este blog cómo la encuestadora Ipsos-Apoyo tergiversaba la interpretación de sus proyecciones al colocar en un mismo plano dos resultados incompatibles entre sí, por tratarse uno de la totalidad de votos emitidos mientras que el otro se establecía sólo con los votos válidos. Se trata, en casos como éste, de objeciones técnicas, pero también de sentido común, con las que no se pretende, como hacen ciertos políticos, descalificar a la estadística como ciencia, sino advertir de sus posibles defectos y márgenes de error. Es el caso también de una nota de Jorge Bernedo Alvarado publicada en Lamula.pe sobre la última encuesta de Datum. De él quiero resaltar sólo un par de detalles sobre los que debiéramos tener cuidado, en general, con toda encuesta, y especialmente con las que se nos vienen en la semana de prohibición legal de publicarlas dentro del país, lo que lleva a la difusión a través de medios internacionales pero sin la publicación de sus respectivas fichas técnicas.

En primer lugar, señala Bernedo, la encuesta de Datum difiere con los pesos que el JNE otorga a las regiones según el padrón electoral, pero no en lo que atañe al candidato Humala, sino únicamente en lo que corresponde a los porcentajes de la candidata Fujimori. Estos detalles son un tanto complejos, pero podríamos resumirlos señalando que si los porcentajes obtenidos por Datum se ajustan a los pesos que por regiones determina el JNE, el porcentaje total de votos válidos de la candidata Fujimori suma 48% y no 52%, que es lo que la encuesta indica. Y si en lugar de los criterios del JNE (que se siguen del padrón mismo de votantes) se utilizaran los que determina la misma Datum con su número de entrevistados por región, el resultado seguiría siendo el mismo: 48% para el candidato Humala y 48% para la candidata Fujimori. Fácilmente se advierte un margen de error de 4%, pues los votos válidos tienen que sumar 100% y no 96%, como sucede con la encuesta de Datum. ¿De dónde le aumentan a Keiko Fujimori esos 4 puntos? Sólo Dios (o el diablo) lo sabe. Si se asume ese margen de error, lo correcto sería repartirlos equitativamente entre ambos candidatos, con lo que se tendría un empate a 50%.

Segundo: la representatividad de las muestras es un tema importante pero muy poco atendido en la evaluación de las encuestas. En la de Datum, por ejemplo, la muestra tiene por representativo a 89 encuestados de la región Oriente y a 129 de la región Centro. ¿Será que hay más electores en la última? Desde luego, pero sólo tiene 69,194 electores más; lo que supone un 2,14% del universo de ambas regiones. En cambio, las 40 personas de más que acepta Datum en su muesta de la región Centro, suponen un 18%. Una ligera diferencia, ¿no? Este punto eleva el margen de error de Datum (que para ellos es de +/- 2,8%) a un 15,86% o, para ponerlo al modo de las encuestadoras, a un +/- 7,93%. Según los entendidos, un margen de error que supera el +/- 5% resta demasiada credibilidad a la encuesta.

Otro aspecto relevante son las coberturas por distritos, que deben ser lo más equitativas para tener mayor objetividad; sin embargo, como observa Bernedo, mientras que en los departamentos donde Ollanta Humala tiene amplia mayoría Datum sólo cubre entre un 70 y un 20% de la población, en Lima, donde Keiko Fujimori tiene amplia ventaja, la encuesta alcanza una cobertura de 90%.

Luego, hay que tener en cuenta la tasa de respuesta. Si ésta es baja, lo idóneo es aumentarla con un número mayor de encuestados, aunque esto demande más trabajo como también el mejoramiento de los desbalances antes comentados. En el caso de la encuesta de Datum, esta tasa es de sólo 75%. A ello debe agregarse la composición por género y por edades. Ese 75% de Datum privilegia a votantes femeninos y jóvenes sin un criterio técnico y del mismo modo deja afuera a los mayores de 70 años, que son aproximadamente 1’138,483 posibles electores a nivel nacional.

La estadística es una ciencia, ciertamente, y como tal brinda mediciones y pronósticos más objetivos que los que pueden brindar la sola percepción o los adivinos. No obstante, no hay que olvidar que las encuestas no constituyen ni deben guíar la deliberación pública, además de poseer ciertos criterios que no sólo los tecnicos sino que cualquier ciudadano puede evaluar. En esa línea hay que solicitar siempre a las encuestadoras la información sobre la metodología empleada, con el mayor detalle posible. Sólo así pueden ellas mismas corregir sus errores y evitar las suspicacias de estar manipulando su información.

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