“Por favor, no insistan” por Patricia del Río

De todos los argumentos que me han encajado cuando digo que no quiero votar por Keiko Fujimori, creo que el que más me perturba es el que me pide que tenga en cuenta a mi hijo: “Tienes un niño pequeño, qué clase de futuro le estás entregando”. “¿No te das cuenta de que tienes que sacrificarte por él, para que los comunistas no tomen el país?” “¿Tú quieres que se muera de hambre, que le nacionalicen su colegio?”. Este tipo de frases, debo decir bien intencionadas, suelen provenir de personas que se sienten obligadas a votar por Fujimori porque el pánico que le tienen a Humala es mayor. Están convencidas de que si Ollanta Humala aplica todo lo que promete su plan de gobierno, nuestro país retrocederá buena parte de lo avanzado y la economía se irá al traste.

Y tienen razón. El proyecto de Gana Perú no solo ofrece un viaje al pasado en lo que a medidas económicas se refiere, sino que está redactado con una carga ideológica confrontacional que lo hace muy agresivo y revanchista. Si bien es rescatable su preocupación por promover una mejor distribución de la riqueza; las soluciones que propone a los desesperantes efectos de la desigualdad son arcaicas, pleitistas, e inaplicables. ¿Da miedo? Por supuesto que sí, y por eso no me atrevería a darle jamás mi voto a un proyecto tan irresponsable y virulento. Sin embargo, todo el miedo del mundo no puede justificar mi voto por Keiko Fujimori.

¿Por qué? Pues justamente porque tengo un hijo y creo que eso me obliga, hoy más que nunca, a no dejar de lado mis principios por mis temores. Aunque para muchos suene demasiado caviar, o demasiado idealista, creo en la democracia, que el gobierno de Alberto Fujimori desvalorizó. Creo en el respeto a las reglas que nos permiten vivir en sociedad, y que durante el fujimontesinismo se retorcieron y acomodaron a los intereses y apetitos individuales. Creo en la defensa de la vida y de la libertad que se vulneraron impunemente. Creo que ningún país debería reelegir a quienes usaron el poder que les otorgó el voto popular para robar y matar. Y eso, nos guste o no, fue lo que vivimos en la década de los noventa. Y aunque hoy queramos olvidar para votar por Keiko sin remordimiento, no se puede, porque ahí están las pruebas. Ahí están grabadas horas de horas de corrupción y chantaje en los vladivideos. Ahí están los muertos de Barrios Altos y la Cantuta. Ahí están Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori presos, purgando condenas de más de veinte años por esos crímenes que hoy muchos quisieran desaparecer.

Algunos insistirán en que Keiko Fujimori no es su padre. Que la corrupción no se hereda. Que los fujimoristas no van a hacer lo mismo que antes, que ya aprendieron. Puede ser, pero ese no es el punto. La decisión de no votar por Keiko Fujimori no está motivada por lo que ella vaya a hacer o no en un eventual gobierno suyo, sino por lo que el fujimorismo, que ella representa y defiende, ya hizo. Está bien que Keiko se disculpe por los crímenes cometidos durante el gobierno de su padre. El país hace rato se merecía esas y más muestras de arrepentimiento. Pero una cosa es pedir disculpas y otra pedir votos que den segundas oportunidades a quienes, en el fondo, consideran que Alberto Fujimori fue el mejor presidente de la historia del Perú.

Miro a mi hijo jugando con sus trenes mientras termino de escribir esta columna y se me encoge el corazón. Me encantaría asegurar su futuro que hoy luce incierto. Me encantaría que mis decisiones lo protegieran para siempre. Pero sé que eso es imposible. Lo único que puedo hacer es ser consecuente. Si hoy le digo que nada de aquello en lo que creo importa, si le enseño que mis convicciones se moldean a la conveniencia del momento, con qué cara lo enfrentaré después. De qué argumentos me sostendré para educarlo. Miro a mi hijo, y ya sé lo que tengo que hacer. Así que por favor no insistan. Yo también tengo miedo pero no voy a votar por Keiko Fujimori.

Fuente: Diario Perú 21, sábado 30 de abril de 2011.

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Una respuesta a ““Por favor, no insistan” por Patricia del Río

  1. Copio este artículo de la siempre lúcida periodista Patricia del Río porque se trata de una posición adecuadamente justificada (algo que se deja extrañar en tiempos electorales). Lo es, en primer lugar, porque resalta el tema del miedo como motivador de una decisión muy importante para que éste la determine, y lo relativiza en términos de aquello que se deja de lado con una voluntaria ceguera moral que no puede ser cubierta con el miedo.

    En segundo lugar, porque denuncia la perturbadora acusación de no pensar en el futuro de su hijo, cuando más bien eso es lo que está haciendo, pero no en términos económicos sino fundamentalmente morales. La única herencia duradera, aquella asociada al “buen nombre”, no es la económica que tarde o temprano se agota, sino la de la memoria y la coherencia ejemplar.

    Y, por último, hay que decir también que da en el blanco en lo que es más criticable en la propuesta nacionalista: su carga confrontacional y su agresividad impositiva.

    En suma, un muy buen artículo para la coyuntura actual.

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