El déjà vu de los tractores. Promesas populistas y cuentos chinos

La candidata Keiko Fujimori ha prometido que, si gana las próximas elecciones, en su gobierno regalará semillas mejoradas (¿transgénicas?) y tractores a los pequeños y medianos agricultores. ¿Tractores…? Ha prometido también buzos y calzado para los escolares, así como ollas y cocinas nuevas a las organizaciones del Vaso de Leche. Pero, ¿tractores…? Qué extraña sensación… Me parece haber vivido esto antes. ¿Habrá sido en un sueño? Desgraciadamente, no.

Estas promesas son una constante en sus mítines en provincias. Una constante dosis de populismo que, de volverse real, instalaría un asistencialismo que fue práctica común en el gobierno de su padre y del que lenta, muy lentamente se están alejando nuestros actuales programas sociales. ¿A eso se refiere cuando en su Plan de Gobierno habla de “superar las políticas asistencialistas”? (p. 16) Tal parece que la política del padre sigue en el fondo siendo la suya. Precisamente, hace unas semanas salió a hacer su recorrido de campaña en un tractor manejado por su tío Santiago. Él reconoció haber tomado la estrategia de su hermano y ella recordó cuando acompañaba a su padre en los tractores que utilizaba para su campaña de reelección en 1995. Eso nos acerca un poco más a la historia de Fujimori (Alberto) con los tractores; en concreto, con los tractores chinos. Una historia de populismo y corrupción.

En septiembre de 1992, Alberto Fujimori aprobó mediante Decreto Ley 25711 la compra de 4100 tractores a la empresa China National Construction & Agricultural Machinery Import & Export Corporation. Esta compra —hecha sin licitación pública— representó para el Estado un costo de aproximadamente 56 millones de dólares. La finalidad era dotar de maquinaria moderna a diversas comunidades agrarias del país, pero el hecho de que poco antes Fujimori hubiese celebrado un convenio con el gobierno chino y que la compra se hiciera sin la transparencia que demanda una licitación pública, daba paso a serias dudas.

Lo que finalmente sucedió fue que en lugar de que el Ministerio de Agricultura distribuyera los tractores siguiendo una planificación técnica que precisara las diversas necesidades de cada región y las proyecciones de mejoras a mediano y largo plazo, el presidente Fujimori decidió obviar los procedimientos legales y, a través del Oficio Nº 032-DB/JCM/DGLOG/95, tomar posesión de los tractores para entregarlos él mismo según su propia red de clientelaje.

Por si fuese poco, el tema de los tractores no quedó ahí, sino que, de los 4100 tractores comprados, 454 estaban inoperativos y otros 231 desaparecieron. Así lo registra el informe Nº 0001-02-2001-AG-AL-IGO-AI de la Inspectoría General del Ministerio de Agricultura, que estimó en ello una pérdida para el Estado de 10 millones de dólares.

Quizá los tractores de Keiko Fujimori sean nuevos, pero la “mística” y el populismo de sus promesas no son nada nuevo. Tiene una vieja escuela atrás que ella sigue manteniendo.

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