Libertad de prensa: ese derecho que en el Perú… ¿ya se respeta?

Este 3 de mayo se celebró el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Con ese motivo la Sociedad Peruana de Radio y Televisión emitió un comunicado en el que critican la propuesta de un candidato presidencial para descentralizar el otorgamiento de licencias. Al parecer no hay para ellos asunto más urgente en materia de libertad de prensa que ése. ¿Será que el nuestro es un país donde normalmente se respeta la libertad de prensa? ¿O será más bien que ellos (paradójicamente) están desinformados?

Sobre el comunicado mismo hay que observar dos cosas:

1. Dicen que el Ministerio de Transportes y Comunicaciones es una entidad técnica. Eso no es cierto. En tanto ministerio, forma parte del Poder Ejecutivo a través del Consejo de Ministros y está directamente vinculado a la Presidencia de la República. Puede ser, eso sí, que los encargados de las licencias sean técnicos, así como también sus criterios, pero eso debe verificarse en cada caso, especialmente por no tratarse de un organismo independiente al régimen de turno. Francia, Chile y Colombia, por poner algunos ejemplos, sí son países en los que cuentan con organismos autónomos (incluso en Colombia con rango constitucional), justamente para asegurar su neutralidad política. Eso no ocurre en el caso peruano.

2. Lamentablemente, la propuesta del candidato Humala es algo confusa. He escuchado de sus voceros tanto que se formaría un organismo autónomo como que se le daría esta facultad a los gobiernos regionales. Lo segundo no salvaría la posibilidad de injerencia política, más aún teniendo en cuenta el alto índice de denuncias por corrupción en distintas regiones. Lo primero parecería lo más conveniente porque además resulta sensato mantener la centralización en la medida en que es necesario evitar la proliferación de señales que generen interferencias. Y quizá incluso pueda alternarse esta centralización del control del espectro con una descentralización de las postulaciones a través, eso sí, de los gobiernos regionales. De cualquier modo, el comunicado cierra filas con la situación actual y pierde perspectiva y objetividad. Señala sin más que es técnicamente inviable y hace indirectamente una inferencia insostenible y con una clara mala fe: la propuesta ocultaría una pretensión de controlar los medios y por ello solicitan respetar la libertad de prensa. Parecen no advertir que el que se plantee una cierta descentralización o que el control de las licencias deje de estar “al alcance de la mano” del Presidente es ya una señal en contrario, y que, por lo mismo, plantear que la situación debe mantenerse como hasta ahora, es seguirle sirviendo la mesa al Presidente. Claro, se comprende entonces que el problema para ellos no es tanto la institucionalidad que garantice la libertad de prensa, sino si el Presidente que suceda a García será igualmente amigo suyo o no.

Muy aparte de lo que preocupa a la dirigencia de dicha sociedad (una sombra chavista, al parecer), lo cierto es que en el gobierno del presidente García se han cerrado más medios que en el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela. Las justificaciones aquí y allá son las mismas: incumplimientos técnicos. Y lo “sospechoso”, aquí y allá, es lo mismo: se cierran medios que se caracterizan por tener una línea editorial o a periodistas críticos con la gestión presidencial. Teniendo en cuenta que estamos en el Perú (aquí y no allá), convendría hacernos algunas preguntas: ¿Por qué han pasado desapercibidos esos cierres para nosotros y, con mayor razón, para esta prensa (que felizmente no es toda)? ¿Cómo así se le otorga a “lo técnico” una presunta neutralidad política y qué tan fácilmente nos engañamos al respecto? ¿Quién instituyó entre nosotros la moda de los tecnócratas? ¿Son estos máquinas diseñadas para no tener preconceptos ni intereses políticos o económicos detrás? ¿Por qué la Sociedad Peruana de Radio y Televisión está tan preocupada por lo que ocurre en Venezuela (como cuando emitieron su comunicado sobre ese país en agosto de 2009) y no sobre lo que viene ocurriendo en el Perú? Preguntas retóricas, pero no inútiles.

Caricatura de Heduardo publicada en El Otorongo.

El cierre más escandaloso en el quinquenio de García ha sido la emblemática radio La Voz de Bagua, a la que acusó además de incitar a la violencia en el recordado “Baguazo” brindando información “falsa”. El mejor modo de verificar que un gobierno que se denomina democrático es en verdad autocrático es cuando la información que presumen falsa no la refutan en los tribunales, sino a través de un ministerio. Igualmente, cuando mediante denuncias penales se afirma que la crítica amenaza la gobernabilidad democrática, se comprueba que el término “democracia” está siendo usado engañosamente y que los sustentos jurídicos de dichas denuncias son deleznables.

A pesar de las protestas de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el Consejo de la Prensa Peruana (CPP) y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), y a pesar de que La Voz de Bagua recibió el Premio Guardián de la Libertad de Expresión, otorgado por la institución Index on Censorship del Reino Unido, el Gobierno no ha dado marcha atrás. A propósito, la Sociedad Peruana de Radio y Televisión tuvo un silencio contundente. El silencio también es una forma de decir algo; en este caso, algo muy complaciente con el régimen de García y su tesis de que los que le critican no son más que “perros del hortelano” y “ciudadanos de segunda categoría”.

El presidente de la Comisión de Transportes y Comunicaciones del Congreso, Juvenal Silva, manifestó hace un año que citaría con carácter de urgencia al ministro de Transportes y Comunicaciones, Enrique Cornejo, para que aclare documentadamente las razones por las cuales se han cerrado más de cien radios en localidades como Abancay, Andahuaylas (Apurímac), Arequipa, Ayacucho, Bagua (Amazonas), Barranca, Cañete (Lima), Cajamarca, Huancayo (Junín), Chiclayo (Lambayeque), Puno, Urubamba (Cusco) y Tacna, pero nada ha sido hecho al respecto. Es razonable preocuparse por el respeto que tendrían los candidatos a la Presidencia (ambos) con la libertad de prensa; lo que no es razonable es no atender los casos actuales de censura y persecución de la prensa, así como dejar que el criterio máximo para el otorgamiento de licencias sea la “desinteresada” voluntad del mercado, sin preocuparse por atender criterios de contenido educativo y de inclusión social.

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