El Perú: ese país donde el “neoliberalismo” sí existe. Dos ejemplos de “la minería que tú quieres”

Hace un tiempo un profesor me contaba que un filósofo español que visitaba nuestro país, liberal él, le había comentado que creía que el término “neoliberal” era una de esas etiquetas meramente nominales con las que la izquierda se había fabricado un enemigo ad hoc pero inexistente, o al menos que eso creyó hasta que conoció nuestro país y se dio cuenta que “si hay un país que pueda llamarse propiamente ‘neoliberal’, ése tiene por fuerza que ser el Perú”.

Uno ve esto a diario. Por ejemplo, en nuestro sistema de “transporte público”, en el cual no sólo la presencia del Estado es nula (en contraste con la mayoría de países), sino que además no tiene el menor sentido de ser un servicio público. A lo mucho es colectivo. Acá el transportista decide según su ánimo o la paga cómo debe tratarte (y si no te gusta, te dice que para eso están los taxis). Acá el transportista decide si hace su ruta completa o sólo una parte porque su mujer le ha dicho que regrese temprano a casa ese día. Acá las licencias se dan a personas que a su vez las subarrendan a otras que ni tienen en cuenta que se les ha dado una licencia bajo ciertos términos. Acá el respeto de las normas de tránsito (y esto incluye a los peatones) depende de si hay o no un policía cerca. Acá se malogra un semáforo y por una extraña razón que no logro comprender del todo los conductores son incapaces de alternar los pases de manera ordenada y conveniente para todos. O, más incomprensiblemente aun, los policías empiezan a dirigir el tránsito con otros tiempos que los de los “semáforos inteligentes” y lo ralentizan todo.

Acá el transportista decide si los escolares pueden subirse o no a sus vehículos y todos los precios se negocian (y si no estás de acuerdo, puedes bajarte del carro y tomar otro). Una profesora argentina me comentaba en Medellín que, cuando estuvo en Lima, le pareció extrañísimo tener que negociar con los taxistas el precio de la carrera, así como que algunos simplemente se negaran a ir a su destino. Todo eso pasa y a todo eso estamos mal habituados. La influencia de ese salvajismo en otros ámbitos de nuestra convivencia social no ha sido aún estudiada. Lo único que sabemos de cierto es que gran parte de este mal se lo debemos —¡qué sorpresa!— a Alberto Fujimori. Y, sin embargo, quizá no sea el transporte el mejor ejemplo del más salvaje neoliberalismo en nuestro país. Pongamos dos breves ejemplos que nos muestren la más avergonzante abdicación del Estado en manos de los intereses privados de unos pocos, que son —¡qué sorpresa!— los dueños de las grandes empresas extractoras: las mineras.

Primer ejemplo: Observe atentamente el siguiente cartel colocado en los alrededores de la minera Buenaventura en Uchucchacua, provincia de Oyón, departamento de Lima.

Fotografía de Óscar Pacussich publicada en el reportaje "Plomo en la mina de plata", en el semanario Hildebrandt en sus trece del viernes 29 de abril de 2011, p. 29. Por derechos de reproducción no puedo colocar las otras fotografías, pero son especialmente elocuentes las que muestran la desaparición de las lagunas Mesapata y Tinquicocha por los relaves mineros.

¿”Seguridad es hacer las cosas bien”? Ni al generalísimo Franco le hubiese salido un lema tan fascista. Aquí se observa además cómo los intereses de la mina priman sin ningún problema por sobre el derecho constitucional al libre tránsito, según el cual cada persona es libre para decidir por cuáles vías públicas quiere transitar y en dónde desea detenerse o dónde no. A la minera no le importa. Como no hay allí presencia del Estado, qué más da. Ellos deciden cuándo, dónde y cómo establecen pequeños estados de excepción, en los cuales restringen los derechos fundamentales a su soberana voluntad. Éste es el siglo XXI en el Perú, en nada distinto al siglo XVI (y bastante cerca de Lima).

Segundo ejemplo: Hace un tiempo el literato y humorista Jaime Bayly dijo que él no comprendía por qué habría que mantener unas Fuerzas Armadas, por lo que sugería eliminarlas. A los empresarios mineros se les ha ocurrido algo más inteligente: contratarlas como seguridad privada; es decir, según el peruanismo del caso, como sus “guachimanes”. Esto viene ocurriendo en la provincia de Condorcanqui en Amazonas, donde la Sexta Brigada de Selva del Ejército del Perú ha celebrado un contrato con la minera de Carlos Ballón Barraza y con la minera Afrodita S.A.C. para brindarles transporte, comunicación y seguridad a cambio de S/. 80 mil nuevos soles al año. Se puede ver el tenor del contrato aquí. Esto es a lo que ha llegado el “Glorioso Ejército de Bolognesi”. Bueno, nunca tan glorioso, pero tampoco, hasta ahora, rebajado a tan poca cosa. Ya que estamos en esto y el concepto de “fuerzas públicas” parece no tener más lugar en nuestra sociedad neoliberal, a lo mejor las discotecas de Lima podrían contratarlos también en lugar de sus vigilantes privados.

Creo que estos ejemplos hablan por sí solos y me eximen de mayor comentario. Así vistas las cosas, me parece que tiene razón también otro profesor amigo, liberal él, cuando me dice que “el liberalismo es un asunto de caballeros, pero el problema es que en el Perú los liberales son unos hijos de puta”. En efecto, lo son.

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11 Respuestas a “El Perú: ese país donde el “neoliberalismo” sí existe. Dos ejemplos de “la minería que tú quieres”

  1. Jose Antonio García Morollón

    El artículo tiene mucho de falso, sacado de contexto y mentira. Lo del transporte público en el Perú no es cosa de Fujimori, a principios de los 80 se funcionaba mejor, pero fueron medidas populistas las que acabaron con los sistemas de buses, líneas de autobuses, etc… siempre que un alcalde pretende reglamentar determinadas cosas, sale la masa popular de puño, piedras y palos, alegando el pan de sus hijos y elimina toda posibilidad de hacer las cosas con un orden determinado o una legalidad minima, que nunca va a ser buena para todos.
    Ese cartel ubicado en una mina perimetrada incluye la protección de material explosivo que se utiliza en las minas, mineral extraido y otras cosas, me parece mal que el ejercito firme contratos privados, pero su ubicación y el desarrollo en los lugares más alejados es necesario, ejemplo tenemos cuando entre Sendero Luminoso y los narcos liberaban zonas de militares para campar a sus anchas. Ahora bien si es necesario el ejercito y este se utiliza para proteger parcelas privadas está bien que paguen.

  2. Ciertamente algunas afirmaciones están “descontextualizadas”, pero eso es intencionado, ya que no es difícil que el lector atento (y enterado) les coloque el contexto y advierta que no son falsas ni hay mentiras.

    Evidentemente no TODO el problema del transporte fue generado por Fujimori, ni tampoco por los alcaldes, sino que todos somos en una u otra medida responsables, y a eso apunta también el texto: HEMOS perdido la noción de lo público. Pero eso no niega que el gobierno de Fujimori, con un interés populista, facilitó la importación de unidades chatarra, así como alentó una liberalización casi absoluta del transporte público. Recuerdo incluso a antiguos alcaldes quejándose al respecto. Por otro lado, no deja de ser interesante que esa gente “de puños, piedras y palos”, como Ud. prejuiciosamente los califica, no le den su apoyo a Keiko Fujimori como lo hicieron con su padre, sino que estén ahora más vinculados con la izquierda (lo que mostaría la inmediatez del populismo) y que actualmente estén sentados con la alcaldesa negociando y discutiendo cómo pasar a un sistema más ordenado e integrado, lo que en un nivel muy básico no les conviene y, sin embargo, la apoyaron en su candidatura y no están ahora rompiendo cosas en la calle con puños, piedras y palos. Ello parece un buen indicio de una cierta madurez del electorado, de los sindicatos de transportistas, y también que la solución no es la “mano dura contra el salvajismo”, sino la concertación (que es justamente de lo que adolece el fujimorismo). Y por cierto, el pan para el hijo es un argumento de peso.

    Lo del cartel es tan increíble que por un momento pensé que podía ser falso, pero alguien que ha estado por ahí y tiene una opinión similar a la suya me confirmó que existe, sólo que está dentro del cerco de la mina. ¿Es que eso importa? Aun si estuviese dentro es claro que el “está prohibido detenerse…” es para la gente de afuera. Si estuviese completamente adentro y fuese para los trabajadores, ¿la mina amenaza a sus trabajadores con dispararles? Eso sería incluso peor. ¿Y quién les ha dado esa “orden de disparar”? A eso también voy con la nota, a que estamos permitiendo ghetos donde impera la ley del viejo Oeste. Si algún sentido tiene el Estado dentro del liberalismo más inteligente (Smith incluido), ése precisamente es el dominio de la violencia. Usted dice que es un terreno peligroso por explosivos y etc. ¿No debería entonces el letrero decir ESO? Y ojo que lo que prohíbe no es acceder o pasar por ahí, sino DETENERSE. La verdad es que este letrero, así estuviese en la Luna, es indefendible. Hay una gran ceguera (o interés) en quienes lo consideran moral o jurídicamente aceptable.

    Con lo del contrato no critico que les paguen. Serían ya unos imbéciles si encima les dieran protección gratuita. Y quizá efectivamente la misma base militar pueda mejorar con ese dinero. Lo que critico es la pérdida de la noción de “fuerza pública” y, en ese sentido, que su función no es esa. Ahora bien, puede que en efecto el abandono en que el Estado tiene a los militares en muchas zonas particularmente difíciles y la incapacidad de asignarles misiones alternativas en el servicio de la población, haga que tengan que recurrir a estas prácticas. Pero eso no invalida el argumento de fondo.
    Saludos y gracias por su comentario.

  3. Jose Antonio García Morollón

    No soy fujimorista, tampoco predico viva el liberalismo económico, pienso en la izquierda y creo en ella como solución a una degradación de los valores colectivos de la sociedad, pero si me opongo al populismo y la política de medias verdades.
    Coincido con la falta de un transporte público de verdad, (ejemplo que se pone en el artículo) pero no apunto a un único culpable, lo somos todos y en especial los que paramos una combi en una mitad de una manzana, los que no reclamamos por que se toque la bocina para llamar a la gente, etc… y aprovechemos cada momento para utilizar la “inteligencia” yo la llamo “mala inteligencia” para servirnos de los demás en nuestro propio interes, pasando por encima de cualquier tipo de autoridad, criterio moral, norma, etc…, por ejemplo el letrero de la mina no sé si sea legal o no que esté, tiene un objetivo en beneficio del que lo ha puesto de manera deliberada (como puse en mi anterior comentario) , las leyes son claras en el sentido que no se puede amenazar, disparar o agredir a nadie incluso dentro de una propiedad privada, sin una causa suficiente. Es decir el cartel es disuasorio pero no tiene sentido, si alguién muere su asesino no puede escusarse en el cartel, aún así nosotros ponemos el cartel, y yo que veo que es el cartel de una mina digo “ah ya está este cartel representa un estado de excepción, dentro del Peru” . Yo me pregunto ¿ Con Velasco, Chávez y Fidel gobernando el Perú, se habría evitado el cartel? o la solución es aquí los carteles los pone el Estado, y al que ponga un cartel lo…
    No hemos visto acaso en Venezuela a Chavez armando a la población civil. Eso si es un estado de excepción.
    Cuando afirmo “sale la masa popular de puño, piedras y palos, alegando el pan de sus hijos y elimina toda posibilidad de hacer las cosas con un orden determinado o una legalidad minima” , lo que quiero dejar es que muchas veces la reivindicación que se hace de algo no está pensada en el bien colectivo, sino en el propio beneficio. Que pasó con el Perú cuando se legalizaron las primeras invasiones en Lima, se produjo un efecto llamada de todas las provincias y se convirtió en una practica habitual ya no solo en Lima, sino por ejemplo en Huancayo… esto ha hecho que nuestra sierra sea un lugar cada vez mas remoto, nuestros pequeños pueblos se hayan rendido a evolucionar economicamente, etc…
    Muchos de estos movimientos están movidos por seudo sindicatos, movimientos radicales y propios especuladores que lo que han hecho ha sido engañar a la gente, está claro que es lícito y sobre todo moral reivindicar el pan de tus hijos, siempre y cual esa sea la verdad de tu reivindicación y en su busca no dañes a la colectividad en la que vives.
    No justifico la politica de Fujimori, no apoyo al Neoliberalismo creo mucho más en la tecnocracia, pero profundamente odio la demagogía.
    Un saludo.

  4. Sólo precisar que el texto en ingún momento sugiere, como tampoco mi comentario, que todo sea culpa de una persona. En efecto, es también responsabilidad de todos. Lo que sí quiero resaltar es que, sin embargo, la moral tiene que ver con la formación de hábitos (ethos), y los distintos gobiernos, estatales, regionales o locales, tienen también una responsabilidad en esa configuración de hábitos. No es un asunto meramente individual o de “reforma del alma” como pregonó alguna vez García. En Medellín, por ejemplo, la construcción del metro no fue un hecho destinado únicamente a la agilización del transporte, como lo es acá el Metropolitano, sino que se dispuso una serie de políticas articuladas bajo el nombre de “la cultura metro”, que han logrado exitosamente hacer que la gente de todos los niveles socioeconómicos hagan lo suyo en el orden, la limpieza, el respeto mutuo (tanto que ya estaba cansado del “qué pena por usted”, esto es, “disculpe”), el fomento de la lectura, incluso las formas adecuadas de dirigirse a los turistas, etc. No sé si eso sea posible acá, pero no se está haciendo nada. Incluso hay distritos (como Miraflores) donde el Serenazgo en lugar de hacer algo mejor, se dedican a botar a la gente de los parques, que en toda otra ciudad latinoamericana son espacios enteramente públicos. A eso va el texto: a que eso depende también de las políticas que influyen en nosotros y nuestro modo de relacionarnos.

    También precisar que no se trata de hablar abstractamente del bienestar colectivo. Todos, admitámoslo o no, respondemos, consciente o inconscientemente, a interes personales. De lo que se trata es de articular ambos. Y si una comunidad decide que no quiere que le pongan una mina porque tal cerro es un Apu o porque sencillamente no la quieren, están en todo su derecho, sin que pueda juzgárseles como retrógrados u opuestos a la evolución económica. Ello implicaría una inclusión engañosa y que no comprende ni respeta las diversas idiosincrasias.

    No entiendo a qué vienen Fidel, Chávez y Velasco. Yo no los he mencionado como ejemplo y estoy muy muy lejos de hacerlo. Además porque esos comentarios parten generalmente de comparaciones demasiado fáciles sobre realidades y procesos que son bien distintos, y se orientan a generalizaciones tendenciosas y demagógicas. Lo que rechazo del cartel es el pensamiento que está detrás. Y, para completar la nota, habría que decir que el informe periodístico de donde saqué la foto estuvo motivado por el asesinato de un adolescente de 13 años por parte de la policía que reprimía con balas reales (no perdigones ni bombas lacrimógenas) a los trabajadores de la mina que estaban en huelga y protestando por los bajos sueldos, la escasa seguridad que se les ofrece y por no contar con ninguna facilidad del campamento minero que está reservado a los empleados de mayor nivel. Ellos han tenido que invadir campos de la comunidad. Incluso los pobladores, entre los que están el vicepresidente y el fiscal de la comunidad de Oyón, manifiestan que la comisaría con sus 15 policías no atiende sus necesidades de seguridad, sino sólo las del campamento minero. Proponer allí una presencia del Estado que garantice que los servicios públicos se ofrezcan a todos y que se controlen los abusos (como la extracción de agua de una laguna sin permiso de la comunidad), no es pasar a un modelo cubano, venezolano o velasquista.
    Saludos.

  5. José Antonio García Morollón

    Un ejemplo a lo que digo ha sucedido esta semana con el paro del transporte en Lima y la propuesta de la alcaldesa Susana Villaran y el Bus Patrón.
    Palabras de Susana Villaran ” “Quienes intentaron hacer que Lima se paralice para oponerse a la reforma del transporte han fracasado para el bien de la ciudad. No me alegro porque a ellos les ha ido mal, sino me alegro que a Lima le vaya bien”, sostuvo.
    Un saludo.

  6. Claro, pero “quienes intentaron” fueron determinados empresarios defendiendo claramente (y legítimamente) intereses privados (ellos no han hablado de ningún interés público), mientras que los gremios apoyaron precisamente a la alcaldesa a raíz del diálogo promovido.
    http://peru21.pe/impresa/noticia/paro-previsto-hoy-no-tiene-respaldo-gremios/2011-07-13/308501

    Algo que no se ha discutido entretanto y la alcaldesa ha callado es lo que la actual gestión está haciendo respecto a los acuerdos previos que tenía el municipio para modernizar las flotas pero no con el bus padrón. Ejemplo de eso se encuentra en unidades que la empresa Orión adquirió el año pasado y ya están circulando. Esta empresa está entre los que paralizaron.

    Por último, hay informes académicos amplios y sesudos sobre la actual situación del transporte urbano y en todos ellos el gobierno de Fujimori aparece como uno de los responsables por la flexibilización en la importación de autos usados a inicios de los 90.

    Saludos.

  7. José Antonio García Morollón

    Creo que lo que propone la alcaldesa es bueno, y evidentemente gente con intereses se va a ver perjudicada, alguno de esas personas quizá pierda su puesto de trabajo o tenga que hacer lo que una sociedad que avanza le pide, (respetar las normas). Creo que las fotos que han aparecido en la carretera central o en la Molina sobre los conflictos provocados con el paro no difieren de las de los años 80, o de las de los 90. Yo no soy fujimorista ni lo defiendo, pero somos todos responsables de los actos civilizados y de comprender que nuestros intereses particulares no siempre son coincidentes con los de la colectividad en la que vivimos. La flexibilización de la importación de vehículos usados, no es mala si lo que se mejora es la competitividad de las empresas, es decir permitir que se importe para que no exista un monopolio, pero no admitir desechos y restringir el uso de vehículos para el transporte público, por otro lado la liberalización permite renovar flotas, por que un autobus o una combi no duran toda la vida, pero como en Lima se arreglan los vehículos para que anden sin importar Los humos, la degradación de neumáticos, el aceite, etc.. De todas manera el problema está en el orden del transporte público, número de paradas por km cuadrado, respeto a las normas de circulación, carriles exclusivos para transporte público autorizado, mejora en las señalización y la indispensable educación a la ciudadanía. Estos problemas vienen de lejos, y sin comulgar con la corrupción de Fujimori para nada, no me parece que sea el principal causante de esta situación, si me parece que tiene responsabilidad, pero compartida desde Benlaunde, García, Fujimori, Toledo, Barrantes, Orrego, Belmont, Andrade, Castañeda, etc…

  8. Pero esa liberalización no tenía como fin propiamente la renovación ni tenía los filtros señalados. Falta de perspectiva, cuanto menos. Cálculo político, probablemente. Y algunos alcaldes se opusieron (inútilmente) a esa medida. Hay niveles de responsabilidades precisas; decir acríticamente que todos somos responsables es equivalente a decir que sólo uno lo fue. Una foto no es de por sí elemento objetivamente interpretable; requiere un contexto. Además hay que tener en cuenta que el mapa político ha cambiado en estos años.

    Por otro lado, categorías como “civilizado” y “salvaje” son culturalmente creadas para defender una determinada moralidad que no tiene fundamento alguno en el Bien, la Verdad, la Razón, etc., sino únicamente en otros intereses, individuales o grupales. En ese sentido, que alguien luche por sus intereses haciendo un paro es ilegítimo sólo desde esa moralidad instalada (a la que tendrán que someterse si no pueden vencerla), pero no desde el conflicto de intereses mismo, plano en el cual (e históricamente ha sido así) lo que se impone es lo que manda. Como su paro no fue efectivo, tendrán que sentarse a negociar y acatar las ordenanzas.

  9. José Antonio García Morollón

    “Una foto no es de por sí un elemento objetivamente interpetable”. Claro está que según el día, la hora y quién la interprete. Pero una foto que muestra violencia “muestra eso violencia” y sin entrar si está justificada o no (normalmente no lo está), muestra el uso de la violencia para conseguir un fin.
    Existe quién defiende que es lícito quemar el primer coche que pasa por la ctra central que ha decido bloquear por que el autobus que lleva que le ha costado mucho dínero contamina; y alguién ha decidido que no circulen los autobuses que contaminan, entonces el Sr. dice y ahora que hago yo si yo con este ganaba dinero y ahora si quiero seguir ganando dínero me lo voy a tener que gastar en otro. Puede ser licito lo que pide, pero no es lícito quemar el primer coche que pasa por la carretera. Esto es una cosa que parte del Derecho Natural, la distinción del bien y el mal. No entra el conflicto de interesés frente a otro en ese acto, sino que se ampara en emitir un gesto de rabia aduciendo su vulnerabilidad frente al poder, pero no se está enfrentando al poder está enfrentándose a un tercero que es la sociedad, está bien hacer un paro, difundir tus razones encontra, y pedir apoyo. No está bien tirar piedras quemar carreteras o usar la violencia, por que genera que el que apoya al poder en ese momento le demande violencia y el que tiene el poder tiene legitimidad para usarla (hasta cierto punto) así se convierte un problema de intereses en el uso fascista del poder, utilizando el populismo. Las buenas costumbres existen y uno no se la inventa, las pueden cambiar pero están. Mi abuelo me decía hijo se educado contigo y con los demás, serás más feliz y la vida te será más agradable. Otra cosa que dice mi suegro siempre es que “la solidaridad bien entendida, empieza por uno mismo”. Ambos tienen razón.

  10. Obviamente aquí se entra al tema de cuán justificable es la violencia o no, y ese es un tema muy complejo para abordarlo aquí. Pero sí creo erróneo colocar como punto de partida un Derecho Natural que establezca a priori lo que está bien y lo que está mal, por la sencilla razón de que todo derecho es una creación humana, limitada, imperfecta, histórica, interesada, etc., y por tanto no está exento a evaluación, sobre todo para un filósofo. Por otro lado, no hay ninguna sociedad que no justifique algún tipo de violencia (o varios), sólo que normalmente ésta se concentra en el monopolio del Estado (curioso cómo se cree que el Estado es incapaz para hacer negocios pero capaz para ejercer violencia). Y hay que ver también quién es el Estado, porque el Estado así, en abstracto, es un concepto utilizado por el grupo gobernante. Todo ello hace que expresiones como “la violencia siempre es mala” sean de una falsedad digna sólo de políticos. Hay evidentemente que especificar de qué violencia se está hablando y establecer qué niveles y mecanismos son tolerables, pero evaluando también qué criterios se usa y desde dónde se marca esa tolerancia, y atendiendo a las formas de violencia que se dan de manera soterrada.
    Hay una ligera contradicción entre afirmar por un lado que no hay conflicto de intereses sino mero gesto de rabia, y por el otro que el acto violento se orienta hacia un fin.
    Gracias por su comentario.

  11. Jose Antonio García Morollón

    Ha pasado un buen tiempo del primer comentario que realicé en este blog, ahora vuelvo a apoyar a Susana Villarán, pero también me reafirmo en lo que dije respecto de los movimientos interesados en las revueltas que se han dado desde los años 80, lo que hemos visto en La Parada, me da la razón y la revocatoria también me la da, pués nos falta una perspectiva ética y objetiva, del camino a largo plazo, y de lo que se utiliza para engañar a nuestra inculta y más degradada población.

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