Polite… ¿qué? ¿Y por qué no sólo Politai?

Politeúesthai.

No es un nombre “marketero” para un blog, lo sé, pero no me interesa realmente el marketing y sus simplificaciones. Prefiero un nombre algo complicado si con éste se dice algo especial. En la entrada anterior explicaba por qué no se trata de un blog de filosofía política sino de uno de filosofía y política. Ahora bien, ¿por qué llamarlo así?

Politeúesthai es un verbo que, en griego clásico, hace referencia al involucrarse en los asuntos de la polis. El substantivo politai hubiese sido más sencillo, pero éste sólo se refiere a los asuntos políticos mismos o a las ciencias políticas y administrativas con las que ya he tomado distancia en la mencionada entrada. Lo que me interesaba con el nombre era señalar más bien esa tendencia a la política que parece demasiado evidente en un político o en un politólogo, mas no propiamente en un filósofo. A los miembros de mi generación, además, los sociólogos de turno gustaron de calificarnos como “apolíticos”. Desde luego que tal condición no existe, pero ellos (y aquí puede percibirse con meridiana claridad los límites de la ciencia en general) podían juzgar así una tendencia que consideraban negativa y que deseaban que fuese pasajera. En realidad, ese desapego era la expresión de un aspecto fundamental en la naturaleza humana — lo que aquí estoy denominando “antipolítico”. Y si de una visión más histórica se trata, es la expresión de que también en política (como en religión, arte, etc.) estamos en una época finisecular que nos demanda radicales replanteamientos sobre la naturaleza misma de lo político, sin perder de vista justamente lo que viene ocurriendo en nuestro entorno.

Se comprenderá, luego, que se quiere decir entrelíneas que el filósofo tiene marcada la tendencia o pulsión contraria a la del verbo en mención. En efecto, desde Sócrates y Platón (aunque algunos artistas y científicos se orientaban a ello antes) la filosofía optó por el idioteúein, el llevar una vida privada. La filosofía socrática ofreció un suelo “firme” para la individualidad que requería distanciarse de la polis. Aristóteles haría después causa común con la consabida autarquía de la vida contemplativa, aunque no se trataba aún de la autonomía moderna. De cualquier forma, ese impulso marcó el origen de la filosofía y debe seguirlo haciendo, pues, en caso contrario, el filósofo no haría más el papel de tábano, como quería Sócrates. Por lo demás, sólo puede hablarse de un impulso a participar en los asuntos de la polis cuando se tiene presente la fuerza que lleva a ausentarse de ella. Dicho esto, puedo quizá pretender que se vea cómo al filósofo le corresponde también asumir su “actividad política”, su respectiva politeúesthai. Quizá él mejor que nadie por su distancia, ventajosa para la crítica, y por su capacidad para tener siempre presente esa suerte de dialéctica en la que se juega el ser político del hombre. En esa línea es que he puesto como encabezado del blog un detalle de una pintura de Pieter Brueghel el Viejo: El combate entre Carnaval y Cuaresma (1559). No sólo nuestra sociedad, sino a su vez la academia dentro de ella, están divididas en cierto modo entre quienes celebran el carnaval y quienes cumplen la cuaresma. Este filósofo quisiera que —mucho más allá de este blog— la filosofía volviese a las plazas, y no tanto con ese ánimo de cuaresma que la ha acompañado usualmente, sino con el del carnaval. Un viejo tango decía que vivimos revolcados como en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches. El carnaval y el cambalache parecen abarcarlo todo, es cierto, pero esa condición está lejos de ser un “atropello a la razón”; al contrario, ella ha sido y debe seguir siendo su principal desafío y aliciente.

Quiero, finalmente, explicar el vocablo griego en la dirección del blog. Allí sí prefería algo más simple, así que opté por isótes. Como se sabe, la isokratía fue un régimen político previo a la demokratía pero alejado igualmente de la aristokratía. Quisiera que se me tenga a mí también como alguien que se halla a medio camino, orientado ciertamente hacia la democracia, pero no abandonado a ella como nuestros filósofos posmodernos incapaces de criticarla. En ese contexto, lo que define al isótes sin duda alguna es su manifiesta oposición a la tiranía. Y eso es precisamente lo que ha dado origen a este blog: la amenaza del retorno de una tiranía que, además de ser probadamente corrupta y asesina, está profundamente reñida con el más libre y auténtico pensar.

Lima, abril de 2011.

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